Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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ACERCA DEL BIG BANG  

            Para el Dr. Manuel Tevijano Echeverría [1], fue luego de la afirmación de Albert Einstein de que el Universo se mantenía fijo y limitado, dentro de unas fronteras constantes, que Edwin Powell Hubble, astrónomo norteméricano, rechazó su presupuesto y postuló un mundo en expansión. Hasta ese momento los datos decían que el universo estaba en expansión, que cada día aumentaba su volumen. De aquí se hizo una mirada retrospectiva, y se preguntaron por el origen: se imaginó un punto mínimo, superdenso y superconcentrado, y físicamente a altísimas temperaturas. Este “punto original” parecía una verdadera “bomba de tiempo”, y a la bomba, si no hay quien la desactive, le sigue la explosión. Estamos, entonces, ante una posible gran explosión, el ‘Big bang’ de los anglosajones. El primer autor que formuló esta hipótesis fue un físico y sacerdote belga, profesor de la Universidad de Lovaina: Georges-Edouard Lemaître, y lo hizo en un comunicado a su antiguo maestro de Cambridge, el Prof. Eddington. 

            Veamos sencillamente qué postula esta teoría: Si el actual universo se expande como las esquirlas de una bomba que ha explotado, es de suponer que hubo un momento en el cual era como la bomba en el momento de su explosión. Era como un “huevo cósmico”, una “singularidad física”, es pocas y concretas palabras, algo inimaginable para nosotros, pero que es objeto de los más diversos acercamientos, físicos, matemáticos, filosóficos...           

            La hipótesis estaba ya en la mesa de los científicos, pero faltaban pruebas que atestigüen la “explosión primordial”. Por eso, se comenzaron a buscar rastros, residuos, de aquel acontecimiento. Porque una expansión no exige necesariamente una explosión inicial.           

            Pareciera que sí, que hay pruebas de una gran explosión. De existir una gran explosión, además del movimiento de las partículas, se habría producido un calentamiento que impregnó todo, y que a lo largo de los siglos se ha ido enfriando, quedando todavía un último residuo, una “radiación fósil” de la gran explosión, que no está en ninguna parte concreta del mundo sino que se encuentra en todas partes en el Cosmos. Georges Gamow, físico de origen ruso que trabajaba en Estados Unidos, trabajando con fórmulas, llegó a la conclusión de que si la hipotética explosión inicial se hubiese producido hace aproximadamente trece mil millones de años debería ser perceptible todavía hoy una radiación gamma, captable, aunque muy débilmente, por ondas radiales. Pero nadie lo escuchó a él. 

            A principios de 1930, la compañía telefónica Bell no podía eliminar el problema de la interferencia estática en sus comunicaciones telefónicas por radio. Comenzó la investigación sobre el origen de la interferencia. En Nueva Jersey montaron una antena para explorar el firmamento y detectar el origen de los ruidos, y bastantes ruidos detectaron. Pero había uno, entre todos ellos, un tanto particular. Más que interferencia se trataba de un ruido continuo que no podían localizar porque parecía venir de todas partes. Fueron estos técnicos de radio, que ‘no habían leído’ a Gamow, los primeros en detectar la radiación, supuesta prueba y huellas del Big Bang. Y casi al mismo tiempo en la misma NJ, unos astrónomos, Penzias y Wilson, estudiando el eco de los satélites se encontraron con la misma radiación de fondo, y aunque no encontraron ninguna causa coherente, si encontraron en 1978 el Nobel de Física. Tampoco el equipo de Robert Dicke, en Princeton, pudo localizar con un radiotelescopio especial la predicción de G. Gamow.           

            Si bien hay otras hipótesis la de ‘la gran explosión’ se convirtió en la aceptada oficialmente por la comunidad científica astrofísica. Ahora bien, una vez aceptada esta teoría, comenzaron a surgir otros problemas, por ejemplo, se exigía la explicación del modo en que se realizó la explosión. Y se ensayó una respuesta: Mirando hacia atrás, debemos encontrarnos, antes de la explosión, con algo, aquello que explota, o a partir de lo cual se da dicha explosión. 

            En el principio, debemos pensar con toda la materia y energía del universo en un estado de superconcentración y ocupando un pequeño “espacio”. La densidad y la temperatura tendrían que ser enormes (no es tan fácil imaginarse una temperatura de 1000 millones de grados centígrados). Se habla como de una ‘sopa cósmica’, un estado de la materia que no tiene nada que ver con lo sólido, líquido o gaseoso. Los ‘fisicos clínicos’ y los astrónomos dejan sitio a los especialistas: los físicos nucleares. Se hace, pues, un estudio de la realidad más aproximada a la que está en cuestión. Se estudia el comportamiento de las partículas infraatómicas en los grandes reactores nucleares –esto es lo más cercano a la realidad que se quiere llegar–, pero se está muy lejos. Es imposible reproducir con los recursos científicos aquellas condiciones en que parecía encontrarse la materia primigenia ‘instantes’ antes después del Big Bang. De todas maneras, para los físicos honrados la realidad física en el momento exacto de la explosión es totalmente inimaginable e indeductible.               

            Hay dos dificultades que existen en el presente. La primera es que las teorías científicas actuales sostiene que el Universo tiene una antigüedad de aproximadamente diez y quince mil millones de años. Existen, por supuesto, algunos científicos, que niegan el inicio temporal del tiempo, y por tanto, la ‘gran explosión’, The Big Bang Never Happened, Eric J. Lerner (1992). La segunda es que todavía nadie pudo, ni podrá, explicar con rigor y satisfacción qué existía “antes” de la explosión, ni siquiera “instantes” después de ella –mucho menos su mismísima causa. 

 

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 [1] Cfr. Trevijano Etcheverría, FE Y CIENCIA, Antropología. Sígueme, Salamanca, 1997. Pp. 109-131.

 

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             Tampoco hay acuerdo entre los científicos en lo que respecta a las determinaciones específicas del modelo de universo en expansión. Presentamos a continuación cuatros modelos y variables fundamentales que propone el Prof. J. Ruiz de la Peña.

 

Síntesis de MODELOS DEL UNIVERSO [2]

 

            El modelo del Universo en expansión limitada admite la explosión del núcleo originario superdenso (explosión del ‘huevo cósmico’, en donde residió, condensada la masa/energía) que inicia el proceso de expansión, y, a partir de cierto punto, la inversión del movimiento, a manera de contracción; retorno a las condiciones originales del proceso (entropía?). De modo que el Universo tiene principio y fin. 

            El modelo del Universo en expansión ilimitada afirma que The Big Bang inicia un proceso expansivo indefinido. La cantidad de materia, cuya densidad disminuye progresivamente, es insuficiente para iniciar la inversión del proceso, por lo cuál se advierte un movimiento de tendencia al infinito. 

            El modelo del Universo pulsante (o universo-fénix) es una variante del primer modelo. Pero a diferencia de éste, sostiene que, una vez el universo hubo alcanzado el estado originario, vuelve a repetir el ciclo entero de expansión-contracción, y así indefinidamente. Se advierte en este modelo, una sucesión de pulsaciones en un universo eterno. 

            El modelo del Universo estacionario intenta hacer una mirada ‘fenomenológica’ del universo en su estado actual. Se advierte así, la estabilidad del universo, a causa de su ‘densidad media’, y una permanente ‘inyección’ de materia adicional.

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 [2] Cfr. Ruiz de la Peña, J., TEOLOGÍA DE LA CREACIÓN. Sal Terrae, Santander, 1988. Pág. 220-221.

 

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