Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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BREVE EXPOSICIÓN DEL PENSAMIENTO CRISTIANO

Por el Dr. Joachim Böffmann

 

            Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, y ha elegido a un Pueblo, el judío, para manifestarle su Voluntad. A él le ha dado comprender cuáles deben ser las acciones que debe realizar si quiere alcanzar la felicidad, que es la salvación, la comunión con Dios y la Vida eterna. Para esto debe despreciar todos los bienes de la tierra, todo lo que de material distrae al hombre y lo aleja de su Patria definitiva. Para alcanzarla, en concreto, las acciones que debe realizar tienen un doble aspecto: uno prohibitivo y uno positivo. Debe evitar todas aquellas acciones que lo alejen de Dios (y seguir los mandamientos) y rechazar las sugerencias de las pasiones, que se manifiestan a través del cuerpo, y elevarse por encima de su vileza material, atendiendo a las sugerencias y bienes superiores, que son los del espíritu; hasta aniquilar sus deseos egoístas, contrarios a Dios. Para esto, debe practicar la ascesis y el sacrificio, esto implica, negarse a sí mismo de continuo, y poner en el centro de su existencia a Dios y a su Voluntad, rechazando todo aquello que no sea querido por Dios. El fin terrenal de la vida del hombre, hasta de donde de su voluntad depende, es alcanzar hábitos buenos, que son llamados virtudes (fe, esperanza, caridad, primero, y luego, prudencia, justicia, fortaleza y templanza). La virtud es la fuente privilegiada de felicidad del creyente, que desprecia las sugerencias pecaminosas del cuerpo y sigue los dictámenes puros del alma, en donde se encuentra su verdadero yo. Mas si se equivoca, es decir, si comete un pecado, el hombre puede y debe arrepentirse y pedir perdón al Dios compasivo, que lo perdonará, haciendo la penitencia correspondiente, que fijará, en nombre de Dios, el ministro divino, que es el sacerdote. Por su parte, las normas y leyes religiosas (elementos esenciales y fundantes de su moral) –junto con los sermones de la casta sacerdotal interpretadora y– la culpa son los indicadores y denunciadores del pecado. Esas normas objetivas y verdaderas son las luces que iluminan y deben guiar el caminar de todo creyente, y se constituyen en los valores por los que debe regirse su vida. En efecto, el hombre de fe, ha sacrificado ya su razón y voluntad a Dios, y piensa y obra de acuerdo a las prescripciones religioso-morales.

 

            La filosofía, que es el conocimiento sustantivo, viene después, tanto cronológica como expositivamente, pues ella es una interpretación del mundo acorde a aquella que Dios reveló, y sigue revelando por medio de sus profetas, ministros o sacerdotes, en el ámbito religioso, y a ella se debe acomodar ésta. La lógica y la metafísica, mientras tanto, son las más elevadas disciplinas filosóficas, las cuales han sido asumidas y transformadas por el cristianismo, convirtiéndose en solidarias y rigurosas expresiones de la Teología y moral religiosas. En efecto, hay que mirar el mundo, y todas las cosas, desde Dios, desde la perspectiva del Creador que ha hecho todas las cosas de modo ordenado y armónico, según su santa providencia y omnisciencia. Y aceptar la realidad tal cuál es, pues todo lo que sucede es, en cierto modo, Voluntad de Dios. En cuanto a la verdad, ella es la perspectiva objetiva por antonomasia, determinada en primer lugar, como no puede ser de otra forma, por la religión. Pues Dios mismo, a través de sus escritores sagrados, ha ido mostrando a los hombres esos destellos de la verdad, que es una, y que no admite ningún tipo de objeción, y que se ha aprehendido en algún momento de la historia como una e inmutable. El resto de perspectivas son errores del entendimiento que, muchas veces, se deja ingenuamente engañar por los sentidos, por las opiniones, por las pasiones o hasta por el mismísimo demonio. La verdad, en cambio, es algo firme y perenne, pues también, como los valores, procede de Dios, y ha sido revelada a los hombres.-

 

 

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