Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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EL ORIGEN DE LA FIESTA DE LA “NAVIDAD” Y DE SU FECHA

Prof. Joachim Böffmann

 

 

            [...] Resulta impensable y resultará hasta inverosímil desvincular la fiesta de la navidad del nacimiento de Jesús de Nazareth. Sin embargo, el 25 de diciembre es una fecha en la que se celebra “el nacimiento de Dios” desde muchos años antes de que el Cristo naciera. La historia será muy breve, pero, para muchos, novedosa.

 

Uno de los dioses más populares que los romanos adoptaron, heredado de la religión persa (más precisamente veda-mazdeísta) fue “Mitra” (que en sánscrito significa “amigo”). Según la leyenda, Mitra nació en una cueva y a su nacimiento concurrieron pastores desde distintos puntos geográficos de la región a fin de adorarlo, pues se creía que era “hijo de Dios”, el sol nacido o naciente, enviado por el mismísimo “dios sol” de lo alto para iluminar la vida de los hombres. Pero su misión, dicen, no duró mucho, pues un “dios enemigo”, el de las tinieblas, le dio muerte cruenta.

 

Pero el poder de las tinieblas no pudo con el de la luz, y “Mitra” volvió de las regiones de la muerte a la vida, convirtiéndose en inmortal, y signo de la vida que renace y vence los poderes del mal. La fecha fijada por la tradición para la fiesta del nacimiento del “dios Mitra” era el 25 de diciembre. Y por la semejanza de la tradiciones del nacimiento de Jesús relatadas por los cristianos, los seguidores del dios Mitra se adoptó a Jesús como el nuevo “hijo de Dios” (incluso, según datos arqueológicos, hay testimonios en catacumbas antiguas de la convivencia de los dos cultos en los mismos templos, como si los seguidores de Mitra hubiesen adoptado a Jesús, como una nueva venida de Mitra, y le hubieran cedido el espacio de culto a la secta cristiana perseguida). Hasta que las tradiciones se mezclaron y el “mitraísmo” desapareció, entregándole la fecha de la fiesta de la “natividad” de Mitra, celebrada los 25 de Diciembre, a los seguidores de Jesús de Nazareth, el nuevo sol que nace de lo alto, la luz que ilumina a todos los pueblos, según el Evangelio de Lucas (2,29-32).-

 

 

 

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