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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
LA OBRA DE ARTE Martin Heidegger, ARTE Y POESÍA, Bs. As., F.C.E, 1992. [Los números entre paréntesis pertenecen al paginado de esta edición]
Estamos rodeados de cosas que percibimos, de cosas sensibles, que pueden experienciarse sensiblemente. Pero, ¿qué es una cosa? “La cosa es una materia formada” (50). He aquí sus dos elementos constitutivos: la materia y la forma. Todo lo que es cosa está compuesto de materia y forma; o bien, es una materia in-formada. Ahora bien, cuando nos preguntamos por la naturaleza íntima de una cosa nos preguntamos por aquello que hace que esa cosa sea, precisamente, cosa. A esto lo llamaremos lo cósico. ¿Qué es esto? La materia de la que algo está hecho. En una obra de arte, por ejemplo, será aquello de lo que está hecho esa obra: “lo cósico de la obra es notoriamente la materia de que está hecha” (50). Uno hace una cosa, pero no lo cósico de la cosa. Por ejemplo, uno hace un poema, pero no inventa el lenguaje y la escritura, menos el papel y la tinta. Mas, no obstante, uno realiza una obra.
Esta materia que subyace tras toda cosa, puede desaparecer (consumirse) o sobresalir. Pero antes de esto hay que hablar de dos modos fundamentales de ser cosa. Por un lado, está lo útil, y por otro la obra de arte. Se distinguen claramente, pero la diferencia esencial está dada por su relación con la materia. En el útil la materia desaparece y da lugar a la servicialidad del útil. En la obra, la materia, sobresale, manifiesta, muestra, brinda.
La obra de arte se nos presenta como un escenario en donde se dan las más diversas manifestaciones. ¿Cómo se lleva a cabo esta manifestación? La pregunta formulada es por el ser de la obra, o, mejor, por aquello que hace que una obra sea obra (estamos ante el ser-obra de la obra). La manifestación se lleva a cabo por medio del establecimiento de un mundo (que no este sensible y perceptible) y por la hechura de la tierra, pues estas dos cosas son las que se realizan cuando se realiza una obra.
La clave esta en la comprensión de una realidad que se oculta y que se des-vela, en el sentido de que pierde sus velos, aquello que la cubre, que la hace cerrarse en sí misma. Es fundamental comenzar por el concepto de verdad que el filósofo toma de los griegos. Verdad es de-velar una realidad, y, en este sentido, la obra de arte muestra. La verdad es algo vivo, dinámico. Las cosas tienen una capacidad intrínseca de mostrarse y, el arte, hace de lo mostrable, algo que se muestra. Así, la verdad es algo que sucede en la obra de arte, en cuanto que esta desoculta: “se alumbra el ser que se auto-oculta” (90).
Volvamos a los efectos de la obra. Las cosas se muestran y no. Se dan y se retrotraen, se esconden. La tierra, por su parte, esconde y hace sobresalir al mismo tiempo. Pero esta ‘tierra’ de la que hablamos con ocasión de la obra no es esta tierra del hombre, la que pisa. “El hombre histórico funda sobre la tierra su morada en el mundo” (77). Así, tierra y mundo, preceden al hombre. Pero, en la obra no sucede lo mismo. Es como si otro mundo y otra tierra surgiesen con la intervención del Da-sein (ser-en-en-mundo y en-la-tierra, por decirlo heideggerianamente). La obra “al hacer un mundo hace a la tierra ser una tierra”. El hombre, con su voluntad (decisiones) le da sentido a la realidad, y, en cierto sentido, la recrea al desocultarla en la obra de arte.
“El mundo es la apertura [hecho por las decisiones de los hombres]... la tierra lo sobresaliente y lo auto-ocultante... son distintos y nunca están separados. El mundo se funda en la tierra y la tierra irrumpe en el mundo. El mundo al intentar descansar en la tierra busca sublimarla; pues como es lo que se abre no admite nada cerrado” (80).
Estamos ante una lucha entre la apertura y el retrotraerse de las cosas. La obra hace surgir un mundo, y en este sentido, obra la apertura, pues hace al mundo. Y, por otro lado, el mundo, hace sublimar a la tierra que se oculta (al tiempo que se muestra). El mundo abre, y la tierra se abre. ¿Dónde? En la obra. ¿Qué es la tierra? Aquello que se presenta como efecto de la obra: “la obra hace a la tierra ser una tierra” (77). “El establecimiento de un mundo y la hechura de la tierra son dos rasgos esenciales en el ser-obra de la obra”, pues mundo y tierra llegan a ser a partir de la obra. “Ambos pertenecen juntos a la unidad del ser de la obra” (79) y, no obstante, están en lucha. En esta lucha se nos manifiesta la verdad. La lucha comienza cuando comienza la obra; aquel camino hacia el desocultamiento. Por eso, a causa de la resistencia, es que surge la lucha. Esta lucha “llega a su punto más alto en la sencillez de la intimidad” (82). Por eso, el encuentro íntimo con mundo-y-tierra no puede ser sino ‘presenciar un combate’ entre aquello que es efecto de la obra, en la cuál se nos manifiesta la verdad, que brilla en lo bello: “un modo [que tiene] de ser la verdad” (90).-
Prof. Pablo H. Bonafina
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