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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
NOTA “ANTROPOLÓGICA” A PROPÓSITO DE UNA CLASE Por el Prof. Pablo H. Bonafina
Hace unos días expuse en un Curso de ANTROPOLOGÍA la clásica conferencia del filósofo alemán Max Scheler pronunciada por él hace ya 80 años y publicada bajo el título El puesto del hombre en el Cósmos (Die Stellung des menschen im Kosmos, en Abril de 1928). Y trataba de desplegar, a manera de introducción, los “tres círculos de ideas” por él mencionados (las visiones “científica, filosófica y teológica” con las que introduce al “problema antropológico” y el “estado de la cuestión”) –mientras yacía y latía sobre el pizarrón con tiza blanca El Interrogante: “¿Qué es el hombre?”, el título original de la obra de Scheler, y la palabra stellung (posición, lugar), subrayada, cuya riqueza filológica trataba de compartir sin mucho éxito –en medio de un diálogo ameno, pero sin casi ninguna sorpresa de parte de los jóvenes alumnos o muy poco o ningún interés. Y me descubrí, nuevamente, mientras trataba de “enseñar”, considerando, una vez más, y de una manera nueva, las “humanadas de los animales” y las “animaladas de los humanos”, y me volvió a sorprender nuestro mecanismo y “habilidad” para proyectarnos y proyectar sobre ellos, a fin de poder “explicar-nos” y comprender-nos, un poco más, y en relación con ellos.
… El interrogante me acompañó durante mi viaje de regreso a casa en el 47 de modo inevitable -es la pregunta de siempre pero que mi oficio exige no “cerrar”: ¿Existe “algo” que nos diferencie cualitativa, esencialmente de las demás especies de “animales superiores” además de la evolución y variación genética, encefálica, lingüística y lógica (tanto abstractiva como discursiva) -es decir, hay un “algo específicamente humano”, “eso” que se ha designado de diversas formas a lo largo de la historia, y lo que le han conferido existencia real o necesaria o supuesta?- Y el problema también fue el mismo de otras veces. En efecto, parece haber tantas respuestas como interrogadores mismos! Y las respuestas, que cada vez son más –aunque menos consistentes, a juzgar por sus mediocres presentadores o presentaciones–, lejos de producir un aquietamiento o aniquilamiento del interrogante le confieren mayor incertidumbre y vivacidad! Por lo que, si permanecemos “en estado-de-abiertos” quienes nos consagramos a la Filosofía y sus disciplinas, y a su enseñanza, parece que no podemos permitirnos salir indiferentes e “ilesos” del laberinto científico, metafísico, teológico, lingüístico-semántico y, muchas veces, hasta literario… Por eso, no encontré otra salida, y provisoria, que la vuelta a la evidencia: el individuo humano es “un ser raro”, “extraño”, a juzgar por sus pensamientos y comportamiento.
Una vez llegado a casa, tomé del anaquel más bajo El origen de las especies de Charles Darwin, y comencé a releer algunos capítulos, hasta que mis ojos se detuvieron en una frase que no me había llamado la atención hasta ese momento. En su capítulo XI, De la extinción, habla acerca de la “rareza” que presentan algunas especies… Y sentí (lo confieso con un poco de vergüenza) esa fantasía de que alguien me había plagiado una idea! Recordé al instante las palabras que acababa de dar a mis alumnos, y mi intento de elevar la expresión “especie rara” (referida al hombre) a un “rango filosófico” y “riguroso” que hace un tiempo viene rondando en “mi propio círculo de ideas antropológicas” más genuinas, y me sentí sumamente recompensado por el hallazgo!
Solamente quisiera dejar a disposición de los que tratamos de proveernos de una filosofía nueva la cita del científico y biólogo inglés, y dedicársela a aquellos alumnos que seguramente nunca se enterarán que releí a Scheler para ellos y a Darwin gracias a ellos…
“La rareza es el atributo de un gran número de especies de toda clase… Si nos preguntamos por qué esta o aquella especie es rara, nos contestamos que hay algo desfavorable en sus condiciones de vida, pero lo que sea ese algo casi nunca podemos decirlo…” (De la extinción, Cap. XI de EL ORIGEN DE LA ESPECIES de Ch. Darwin. Bibliotecas de los Grandes Pensadores, Barcelona, 2002, p. 338).
(... Tal vez si esta cita -que sólo quise transcribir a manera de mera y posible insinuación- se pudiese aplicar de modo legítimo también a la especie humana, nos ahorraría de muchas explicaciones complejas y palabras sin correlatos existenciales..., y tal vez nos aportaría un poco más de luz y de fidelidad al asunto, incluyendo a algunos ingenuos o dogmáticos darwinistas, que consagraron sus vidas a luchar contra fantasmas...)
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