Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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ORIGEN Y ENTORNO DEL “EXISTENCIALISMO”

Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©

 

 

             No está de más preguntarse, a poco menos de sopesar la influencia de algunos autores específicos en la cosmovisión y antropología de nuestro tiempo, cuál ha sido la razón por la cuál “el existencialismo” no se ha constituido en la “filosofía del porvenir”. En efecto, tal vez la respuesta a esta pregunta haya que buscarla en los mismos “representantes” o hacedores de esta “filosofía”. En efecto, de * Sören Kierkegaard (tal como muchos de éstos autores sugieren) a * Martin Heidegger el “materialismo dialéctico” ha tratado de derribar al hegelianismo por varios flancos y disolver al individuo (y su drama existencial) en “lo Absoluto”. Y sabido es que * Jean Paul Sartre, por su parte, icono de un intelectualismo “de elite” del siglo XX, ha intentado acometer una crítica a la “fenomenología-existencialista” heideggeriana –al mismo tiempo que ha conferido al hombre una tarea demasiado gigante y pesada: la de constituirse en su propio hacedor, condenado a ser libre y teniendo, a cada instante que elegir su propio infierno (en un habitación a puerta cerrada).

 

Karl Jaspers, Gabriel Marcel y Victor E. Frankl, por su parte, han tenido una mirada más optimista y equilibrada de la naturaleza humana, pero han sufrido, al comienzo o a la postre, el desprecio o la desatención de demasiados pensadores, quizás por dejar abierta la posibilidad del hombre (al “Ser” y) a la “Trascendencia” –el punto y sentido final de la existencia humana. Luego de ellos nos encontramos con intentos y ensayos (existencialistas) sin demasiada “consistencia”. En el siglo XIX  * el pensamiento evolucionista, * la “izquierda hegeliana” completa y * el genealogismo nietzscheano derribaron al * Idealismo alemán absoluto y, en el siglo XX, cayó * el “Comunismo” en sus intentos de implantación, y fue criticado desde sus mismos fundamentos; además * se instauró el freudianismo y el psicoanálisis y la Psicología general y particular, y * se delimitó el pensamiento sociológico, al tiempo en que * se repropuso la lingüística (y la gramática) y * la Lógica se renovó, desde sus cimientos, y empezó a querer imponerse como método, acarreando una nueva “epistemología”… Así, en medio de un revuelo radical, y no tanto, del pensamiento sin un rumbo conocido y preestablecido, no ensanchó horizontes considerables y esperables “el existencialismo”, aquella “corriente surgente” de * la escuela fenomenológica –de hecho Edmund Husserl y Max Scheler, Louis Lavelle, Edith Stein, Maurice Merleau-Ponty, Hanah Arendt trataron de ensayar sus propios caminos; * mientras Claude Levi-Strauss, Jacques Lacan y Paul Michael Foucault tomaron y siguieron otros caminos, y cuestiones, y leyeron a algunos genios del siglo pasado y contemporáneo en un sentido estructuralista. La conclusión parece ser un siglo XXI “disgregado” en su pensamiento: sin método, sin objetos, sin pretensiones y, lo que es peor, sin “asombro”…

 

            El “giro antropológico moderno” había asqueado. El hombre y su “razón” no eran objetos demasiados magníficos (e infalibles) como se habían pretendido (desde Copérnico hasta F. Bacon esta “hipótesis” se ha reforzado de diversos modos). Y la * ciencia comenzó, entonces, en el siglo XIX, a fortalecerse y a querer explicar y dar cuentas concretas de algunos fenómenos singulares del universo, sirviéndose de diversos métodos. Así nació la “epistemología”, una suerte de crítica a la ciencia misma, por parte de los mismos científicos o filósofos a ella dedicados. Y una nueva disciplina, con pretensiones científicas, tal como la había concebido * Augusto Comte empezó a examinar al hombre en su entorno y así la * sociología comenzó a ver más allá de su red de relaciones sociales, y considerar lo referente a su actividad (trabajo) y su vida (devenida “cosa” en el capitalismo en sus últimas versiones). Parece que, como reacción a esta “visión nueva” del hombre y su opresión surgió, imperiosa, una nueva versión de la crítica a la crítica hegeliana, es decir, un nuevo marxismo representado tanto por el pensamiento de * Georg Lukács como de * los pensadores del “Institute for Social Research”, fundado en 1924 por el argentino Felix Lucio Weil junto a Friedrich Pollock, y “anexado” (¿?) a la Universidad de Frankfurt (entre los que se encuentran Max Horkheimer, Theodor Adorno, Walter Benjamín, Erich Fromm, Herbert Marcuse influido además por Max Weber y Sigmund Freud, y Jürgen Habermas, el último representante de esta “Escuela”).

 

Por otra parte, en el siglo XX, se comenzó a estudiar el Universo con una mayor decisión, y el evolucionismo y * las teorías de un “universo en estado de explotado” y de expansión continua (luego de Friedman-Lemaître-Robertson-Walker) comenzaron a atraer a las mentes de los hombres (y desviarlo de sus “abstracciones”). Por otra parte, aquellas “filosofías” no pudieron superar las críticas –y la última de ellas, la marxista, comenzó a  sufrir el fracaso de la imposibilidad de su aplicación… Mientras los * fenomenólogos intentaban “volver a las cosas mismas”, * los estructuralistas querían llegar a la naturaleza íntima de los signos (las palabras) y las “cosas”, * algunos declararon formalmente la inutilidad de crear nuevas “fábulas”, nuevos “edificios de conocimientos” que respondiesen a la sola imposición de alguna perspectiva y expresión de un “universo de palabras” inventado y logizado, por la “voluntad de verdad”, movida por la “voluntad de poder” –entre éstos * lectores de Nietzsche (quien sostuvo que la verdad no existe más que como invención, como creación, puesto que no hay nada “en sí” –al igual que el bien y el mal, y dios, y el espíritu y los sistemas políticos y científicos eran inconsistentes y dignos de crítica…) encontramos a dos muy singulares, demarcadores de dos vertientes o salidas contrapuestas: * la crítica al lenguaje (la advertencia de “sus juegos” y abusos) y a las grandes teorías y sistemas lógico-filosóficos que alcanzaron un punto culmen con la obra crítica logico-filosófica de * Ludwig Wittgenstein, y * una extraña “lectura existencialista del pensamiento antimetafísico” genealogista propuesta por un alumno “poco ortodoxo” del Prof. Husserl, que intentó, desde la Fenomenología aprendida y no destruida aun –en cuanto método–, releer a Nietzsche y a los antiguos filósofos efesios (Heráclito) y eléatas (Parménides), hasta llegar a los mismos poetas trágicos: Martin Heidegger.

 

Aquí, en este punto de convergencias y divergencias, y en medio de todas estas corrientes de pensamientos sin una desembocadura común, se empezaron a escindir los Saberes, y se multiplicaron las “disciplinas filosóficas” y “científicas” mientras * las ideologías se aggiornaron y siguieron haciendo estragos plantándose, ahora frente a los relativismos políticos-sociales. Y fue en medio de tamaña dispersión intelectual y el gran caos histórico que produjeron las guerras mundiales; que, ante tanto vacío, apareció * una “filosofía” (o un filósofo) que prometió (tácita y paradójicamente) volver sobre la “posibilidad y positividad” de la “existencia” y del Ser, pero que no levantó al hombre del fango de la decadencia en la que se hallaba, antes bien, según algunos, lo hundió más pesimista y dramáticamente.

 

Así, y en este contexto, apareció el Prof. Heidegger con su “analítica fenomenológica del individuo humano” (nominado por él: “Dasein”) y un intento de poner al descubierto su SER Y TIEMPO (1927) o, mejor dicho, de verlo en su “cotidianeidad” ha fundado lo que he dicido llamar el “neoidealismo metafísico y psicológico”. En esta obra, el pensamiento de Martín Heidegger intenta (re)fundar un lenguaje filosófico con su genio impregnado de todo el bagaje que le dejó la historia y la necesidad de encontrar una salida, al menos en la toma de conciencia, de la “realidad” del hombre que se “presentaba ante su conciencia”: inserto involuntariamente en un mundo complejo, libre y esclavo, en la decadencia del pensamiento occidental; una (re)presentación de ese “ser pensante”, acechado por la angustia, y con necesidad de algún tipo de trascendencia y hambre y sed de comprensión y cuidado y cura (sorge)...

 

 

Fragmento del artículo sobre el existencialismo y la filosofía de Martin HEIDEGGER,

de Pablo H. Bonafina, ESCRITOS PARA UNA FILOSOFÍA NUEVA, Bs. As. © 2010

 

 

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