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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
“ANTROPOLOGÍA CLÍNICA”. Ensayo para una Medicina Nueva Por el Prof. Pablo H. Bonafina
NOTA PREELIMINAR: Quisiera comenzar agradeciendo a tantos extraordinarios y profesionalísimos médicos de vocación que han hecho surgir en mí una pasión y admiración notable por sus conocimientos y tarea, y una gran valoración por su trabajo y cotidiano servicio y entrega a la Medicina y los pacientes. Ellos, como tantos otros muchos, lamentablemente, no son los que uno encuentra en todas partes y, en realidad, es por eso la importancia, y hasta necesidad que sentí (ante tamaño contraste!) de reivindicar algunos elementos críticos en el siguiente ensayito. Luego decidí añadir esta nota a manera de un preliminar reconocimiento y gratitud -aunque creo que me ganó la mano la crítica. Saben que existe de mi parte hacia algunos médicos una cierta veneración y un respeto infinito, y que no les cabe ninguna crítica, y menos de mi parte. Confió en que Ellos sabrán darse cuenta bien cuando los escucho y miro que la mayoría de las palabras de aquí NO son para Ellos (no soy obsecuente con los médicos que me tratan; a ellos me entrego, a los otros, antes de ser falso, los abandono; porque creo que nunca les importé y no perderán nada!). Fue por aprecio a Ellos que me he cuidado, en la relectura, de filtrar cualquier tipo de generalización -y ahora me consagro a darles las gracias por todo lo que han hecho y siguen, y espero sigan, haciendo por mí persona. Si se me coló alguna generalización, disculpen mi error y háganmelo saber, por favor, así lo modifico de inmediato -si les importa, claro. VIVIMOS GRACIAS A LOS MÉDICOS DE VOCACIÓN, ¿creen que soy tan necio e ingrato con los que nos salvan tantas veces la vida? Definitivamente no -a Ellos no me referiré aquí.*
Bienvenidos a éste espacio en el que iremos proponiendo a la “Comunidad InterDisciplinar” toda algunos temas de actualidad, y otros intempestivos, algunos teóricos y otros procedentes de la praxis, al tiempo que la necesidad del surgimiento de un nuevo espacio para reflexionar algunos temas: UNA NUEVA DISCIPLINA Médica a la que he decidido llamar “ANTROPOLOGÍA CLÍNICA”. Un intento de contribuir con la Medicina y con la Antropología general, para que ambas no descuiden el objeto de su “dedicación, oficio, estudio y trabajo” y “dialoguen” entre sí -pues tanto creemos que tienen para decirse! * Sabemos que los “médicos” (en su carácter de “profesionales de la salud”) luego de entregarse (porque nadie le quitaría mérito a su “entrega académica” -sea voluntaria o involuntaria) durante unos años a una Carrera universitaria de grado, como tantas, comienzan a “rotar” por algunos “Centros de Salud” (probando, y probándose, su idoneidad y comenzando a unir el “abismo” insalvable, según la mayoría de los médicos con quienes he tenido trato y diálogo confidencial, entre la teoría y, no ya la práctica sino, la existencia misma de lo que se estudió). Luego de este período “residen” un tiempo en un Centro de Salud; se especializan; y finalmente “se reciben”, y de allí al trabajo, casi sin pausa: son ahora “Doctores”, así los llaman –aunque la gran mayoría terminó una carrera de grado y se ha especializado en un área y no sabe lo que es una tesis de licenciatura ni el tiempo, dedicación y rigor que su composición amerita. Y de este modo, “aquella persona” graduada de MÉDICO, empieza ahora a “tratar (en la mayoría de los casos) a personas”. Y gracias a su intervención habrá un sinfín de personas que gozarán de salud o seguirán enfermas; se sentirán bien o peor; serán acompañadas o las harán sentir el desamparo; serán bien tratadas o maltradas por “malos humores” irresueltos antes del consultorio o “entre paciente y paciente”. *
No podemos omitir el fenómeno extraño,
llamativo y repulsivo (en una presentación general como lo es esta), en “el
detalle”, en la creencia de muchas personas-médicos de que pertenecer a una
“raza o casta de seres superiores” que se elevó a dicha altura con la
conquista del “poder curar” adquirido en la Facultad (este es un poco
el sueño de muchos “dioses pequeños” –digo “pequeños” porque para mí los
“grandes dioses” son los que crean, no los curan con la ciencia de otro, y a
prueba de ensayo y error) a diversas personas. Y, a partir de este momento,
muchas “personas” habrá que dependerán no sólo de su “ciencia” (lo que
engendrará, a los más responsables “presión”) sino hasta de su humor (que
engendrará, ¿mayor presión? ¿o indiferencia?). Y los “enfermos impacientes”
tendrán que actuar frente a ellos muchísimas veces: no les podrán decir lo
que piensan, ni hablar con “amistosidad”, ni tan siquiera maltratar e
insultar por el sólo hecho de “tener necesidad de ellos”, esa “necesidad”
que, precisamente, a ellos, a los médicos, en su conciencia o
subconciencia, les confiere, cada día, esa “energía”, ese “poder”
para ponerse el guardapolvo blanco o ambo, y escribir con letra compleja,
histriónica (vaya si esto es un “síntoma psico-grafo-lógico”!), como sin
importarles que habrá alguien que deberá interpretar aquellas grafías (otro
profesional o trabajador no académico) -lo importante para muchos es el
sello; ese desdén violento y casi inmediato con el que golpean el sello en
el escritorio y esa firma que cualquier niño, loco o borracho falsificaría,
o esa mala impresión que impedirá que un farmacéutico u Obra Social
reconozca como válida por tener poca tinta y poca visibilidad. La mayoría de los médicos adquieren durante sus años de estudio una “formación” con algunos elementos sólidos, o no tantos -según sea el caso, y luego, con la “especialidad”, algunos conocimientos “específicos”, o no tantos..., sobre el “cuerpo humano y sus sistemas o partes o regiones u órganos”, y sus posibilidades de disfunción y restablecimiento. La Facultad de Medicina no cuenta con la materia “Antropología” de modo que no se trata en la mayoría de las Carreras de Medicina el objeto que se estudia (y “trata”, o sea: que se va a curar) de ningún modo serio; desde la perspectiva de su “naturaleza esencial”; es decir, más allá de su anatomía ordenada a la fisiología (“entidades”, como le gusta llamar a un docente actual de la UBA) y sus diversas patologías y posibles “Tratamientos”. De allí el modo, casi inevitable, de formación, de ver el “fragmento descompuesto” y olvidarse del todo, del in-dividuo. Es claro que detrás de un “dolor somático” o “neuropático” o un “Pain back” (como llaman ahora a la “lumbalgia” -ahora no sé qué sucede pero a la mayoría de los médicos les gusta hablar o nombrar en inglés, estando la Medicina Argentina y de habla hispana en los podios más altos, desde siempre; y reconocida otrora mundialmente). Detrás de tal “patología”, decíamos, hay “un individuo” o sea: un “sujeto no-dividuo”. De modo que si alguien quiere verlo sólo en parte (esa “parte o fenómeno” por la o por el que el “enfermo” viene, “impaciente” ya, por su afección a consultarlo), mejor que no lo vea, pues terminará diseccionándolo! (y corriendo el riesgo real y tremenda y continuamente constatable de solucionarle un problema y crearle otro, para el que será derivado a otro especialista, pues ya se ha escapado del ámbito de su competencia). * Desde ya que no se pretende insinuar la necesidad (¿o tal vez sí de la existencia de más, dadas algunas circunstancias complejas en las que vivimos?) de un “médico enciclopedista” o un “super clínico” (pues tampoco ignoramos incluso la tendencia de hoy en día lleva al Clínico a la Medicina Interna, y a olvidar el resto -pero eso da para mucho y aquí no hay lugar). Sino volver sobre lo esencial, que es la necesidad de que un médico sepa y tenga herramientas genuinas, y más vastas, no sólo para curar sino para “cuidar” al paciente, en toda su integridad (si se sabe que los Antiinflamatorios -AINE- ingeridos por tiempo prolongados producen efectos gastrolesivos, ¿hay alguna razón consistente por la cuál casi todos los médicos que tratan enfermedades o episodios osteoarticulares omiten un simple protector estomacal? O, si se sabe que un anticonceptivo oral puede causar efectos nocivos sobre el sistema vascular y producir episodios irreversibles en los miembros inferiores, esas famosas “arañitas” que tantas mujeres tratan de ocultar o quitar, ¿es muy complejo ponerse a estudiar otras alternativas o los Prospectos de los medicamentos, o un poco más de medicina, o dejar de lado la ideología o pseudosaber y, a lo menos, advertir al paciente? Los ejemplos que podría citar serían tantos que no cabrían en el Blog!). * Claro que es difícil la práctica profesional actual, como toda tarea que se quiera seriamente realizar (pero, ¿alguien cree que no es difícil pararse frente a un aula con 43 alumnos enfrente, de 1º a 5º año, y tratar de dar un tema que no les importa ni atrae ni necesitan hoy -piensen en jóvenes que conozcan de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, en este 2009, e imaginen darle “Antropología”?). Desde ya que los médicos han de poner diariamente mucha voluntad para trabajar y realizar su vocación, y también más que eso. Y sabemos que los Sistemas de Salud, sobre todo privados, y los intereses de muchos, contrarían esta realidad, y cuántos médicos hay, y conozco, que compran sus propios insumos para practicar su medicina, y ayudar a curar, sin ninguna recompensa, poniendo de su bolsillo lo que se les debería dar... Pero también, notemos que los hay que han hecho de la medicina un oficio vulgar, mercantil y criminal. * Por eso este “espacio”... ANTROPOLOGÍA CLÍNICA, como si de una dimensión filosófica de la Medicina se tratase, y el intento de volver sobre algunos supuestos fundamentales, y poder tratar temas que, en realidad, deberían estar incluidos en los planes de estudio de cualquier seria Universidad, esencial y especialmente, por ejemplo, LA VISIÓN DE el hombre como si de UN ORGANISMO ÚNICO se tratase (“único” en el sentido de que puede que no responda a la “regla o ley” que estudiamos en los libros; y en cuanto a su “identidad” –no hablaré en esta Presentación de “dignidad” sino de Número de Documento Único e irrepetible). Aunque no vendría mal volver sobre el “Juramento Hipocrático”, de Ética Profesional (que en tantas Facultades no se da!) y, por qué no, sobre algunas lecciones de Anatomía General.
Quisiera ser más gráfico y específico de lo que he sido hasta acá. Y quisiera comentar “un curioso símbolo” (diagnóstico -para entrar un poco más en la Medicina y sus “debates actuales”) que estaba estudiando más detenidamente días atrás, bastante desconocido por los médicos, según muchos de ellos mismos, y que se asomó, según dicen, en la década pasada a la Medicina. Se trata de “un conjunto de signos dolorosos” que afecta a un porcentaje no grande de humanos y que algunos llaman “enfermedad” (porque aseguran conocer los límites determinados de su “semiología”), pero otros “síndrome” (a causa de su indeterminación y pluralidad de síntomas, como su interconexión con otras enfermedades) y otros, un invento de LA CIENCIA MÉDICA ACTUAL, sin más, sin ninguna razón de ser ni mencionar, ni tratar. Es un tema que, curiosamente, no se “matan” los médicos por investigar ni tratar y que aun no tiene, por ejemplo, ni siquiera un ámbito para su “especialidad”; no tiene un ámbito propio, no tiene “especialidad”, porque para muchos carece de “especificidad”! (como por otro lado sucede con muchas otras “patologías”, porque depende desde donde se comience o enfatice el escuchar y ver del médico...). A la mayoría de los “Trauma-o-Reumato-o-Neuro-logos” clásicos les molesta, y no se si porque la “Diosa, Jueza y Señora FDA” (Food and Drug Administration, U.S.A.) ha aprobado ya un medicamento carísimo para tratar “esos casos extraños de dolor crónico general”, o porque no está en los libros con los que ellos estudiaron… o porque es un poco difuso y se les va, o porque finalmente, ellos han decidido, con un par de médicos de trayectoria que escriben libros o publican artículos, que no existe dicho “fenómenos patológico” (desde ya que no faltan los médicos que, así como los antiguos y medioevales atribuían todo a los dioses o a un dios, los modernos a la Naturaleza, algunos le endilgan todo “fenómeno desconocido” o resistente a sus precarios y poco esmerados Tratamientos: “de origen psíquico”, o “patología emocional” -como afirmó un prestigioso traumatólogo argentino al ver una Imagen de Resonancia IRM, por no encontrar nada en ella que pudiese producir molestias y dolor. Dijo el idiota: “Debería ser psicólogo yo para decirle lo que Usted tiene”, porque seguro se quedó en el diagnóstico de ponderación de T2 y nunca oyó hablar de STIR, o porque es un necio nomás)… Bueno, voy al punto: estoy hablando de la “Fibromialgia”, sólo para poner un caso gracioso (o, mejor dicho, tragicómico); porque es gracioso, y patético, al mismo tiempo, leer tanta ignorancia o escuchar no haber leído nada acerca de ello, y menos aun aquellos médicos que se enteran cuando uno les acerca la pregunta, porque los hay! Hoy hay hasta Congresos en suntuosísimas sedes para presentar “ensayos” (clínicos y discursivos); para demostrar no ya la existencia o inexistencia de la misma, sino de algún ensayo medicamentoso pago -y saben que muy bien pago- con el medicamento aprobado por la FDA para su Tratamiento (la carísima Pregabalina, ya hecha malísimamente en Argentina, cuyo “mecanismo de acción”, a guiarse por todos los prospectos disponibles en todos los idiomas que he leído, es “desconocido”, como sabemos que sucede con tantos medicamentos que, no obstante, producen efectos favorables y muy significativos en cuanto al “control de síntomas” se refiere). Con este “ejemplo clínico” varios temas surgen para tratar. En lo que a esta Presentación respecta, quisiera quedarme con una sola pregunta, que aquí, como en tantas otros casos sale a nuestro encuentro, me quisiera quedar: ¿no podrá ser que hay un problema gravísimo de fondo, más allá de lo comercial, y sea que los médicos actuales hayan escindido tanto al Organismo Humano en especialidades que les sea imposible reconstruir el “todo humano” para poder ver más de una “patología” al mismo tiempo y, entonces, mejor no hablar, mejor no tratar, mejor ignorar; mejor medicar sin mucho indagar?
Es asombroso, y en algunos casos hasta alarmante, leer cómo discuten y defienden las tesis (de enfermedades o tratamientos) algunos “MÉDICOS ESPECIALISTAS INVESTIGADORES O TESISTAS”. ¿Ustedes creen, Eminentes y respetables Doctores, que no se asemejan –en algunos aspectos– a las ponencias, discusiones o tratados de los filósofos “racionalistas” y “empiristas” y luego, los del ala extrema, a los “idealistas” al discutir la existencia de una “cosa”, sus “características o cualidades”, primarias, secundarias, vaya a saber cuántas más; su poder, capacidad o susceptibilidad de “definición” o aquel “conjunto de apariencias” que se presentan, a partir de las manifestaciones particulares y subjetivas? A ver, de nuevo: No está mal que los médicos “filosofen” un poco, sino que “hagan esto descuidando aquello” es decir: el “olvido práctico” del supuesto esencial de que tras una “neuralgia”, o cualquier “patología o desequilibrio físico” sea, hay, además, un individuo. * Tal vez podamos afirmar que la falencia y carencia no sea de los médicos sino de los Institutos de formación; es decir, que en las Universidades, en las Facultades de Medicina, no haya UN ESPACIO NATURAL Y PRIVILEGIADO (actitudinal, primero, y luego en sentido estricto, “disciplinar”) para aceptar que puede “verse o aparecer la existencia de un ‘algo’ (patología, síndrome o enfermedad) más clara en el siglo XXI” o que “puede, y deba!, declararse la inexistencia de aquello que se curó durante décadas” por más dinero o prestigio o poder que ayude a los médicos a conquistar en su defensa, promoción o exposición. La mayoría de los “Estudios de campo” que realizan los médicos, se limitan a “presentar” uno o un par, un mínimo más de uno, de “casos” clínicos a partir del cuál desarrollan y exponen sus teorías –y está bien en la medida en que pretenden presentar “casos raros” que atentan contra las “leyes” o “tendencias” que se estudian en la formación básica de la Carrera o Especialización, pero deberían estudiar, previamente, tal vez un poco, METODOLOGÍA CIENTÍFICA, métodos válidos (¡basta ya de inventarse su “lenguaje específico” para lamerse! ¡expongan, y entréguense a la Comunidad y dejen de subestimarla!). Estudien rigurosos métodos de demostración y presentaciones válidos y admisibles en todas las Ciencias y luego vayan a “su campo” (¡qué lástima que tanto quieran quedarse sólo con sus “nombres y títulos” –muchos de éstos últimos por demás pretensiosos- y los “afiches” e “imágenes”). Porque la mayoría de las grandes (y aburridas) disertaciones en los Congresos Médicos no son sino presentación de “una idea o sospecha” de tal o cuál objeto, con el fin de (¿dinero? –no creo, no quisiera ser prejuicioso, aunque los “sponsors” siempre están...) mantener al mundo con la conciencia de que EL SABER SIGUE SIENDO PODER, como dijo ya hace décadas el Prof. en Filosofía y Licenciado en Psicología, el sociólogo Paul Michael Foucault.
Por todas estas y otras tantísimas razones que esperamos ir desplegando en el devenir, proponemos la necesidad de ensayar una ANTROPOLOGÍA CLÍNICA que se atreva a mirar con profesionalismo, con rigor, seriedad y responsabilidad, al hombre, al individuo humano, como a un ORGANISMO ÚNICO, sujeto de salud o enfermedad. Porque creemos, además, que, a años de su definición, no hemos tan siquiera reflexionado un poco en el espíritu de la definición de SALUD de la Organización Mundial, la cuál, en el Preámbulo de su Constitución, afirmó en el año 2006, que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. * De la presencia de afecciones o enfermedades se encargó hasta ahora la Medicina, y que “así sea”, y gracias a ella muchos estamos vivos -y algunos escribiendo. Nosotros sólo deseamos (en mi caso, como un signo de gratitud y “crítica constructiva” quizá) invitarla a renovarse, asomarse, sin “despersonalizarse”, a la DIMENSIÓN FÍSICA INTEGRAL que ha más de una vez descuidado o dejado de lado de modo formal, sino, como se dice en el lenguaje viejo ya, “física, psicológica y social”, esto es: desde una perspectiva “monista y laica”, es decir, que considera al INDIVIDUO HUMANO COMO UN TODO -y sin ninguna ideología detrás, sí con una Filosofía Nueva motivadora que hemos inaugurado bajo el nombre de ANTROPOLOGÍA CLÍNICA, ensayos para una Medicina Nueva.-
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