Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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DE LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA A UNA DISCIPLINA NUEVA

Por el Prof. Pablo H. Bonafina

 

 

            Históricamente la Filosofía ha sido el ámbito propio de la pregunta por el ser humano y sus interrogantes fundamentales: ¿Qué, Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es el sentido de mi existencia, a Dónde voy?  Pero a causa de la grandeza y complejidad del objeto “humano” la Filosofía se encontró ante la necesidad de crear un ámbito de tratamiento exclusivo de este ser tan singular, tal como considera al hombre, y dio origen a una disciplina consagrada a reflexionar en torno al hombre a la que llamó “antropología” (del griego: ántropos, hombre). Allí se tratarían todos los asuntos acerca del ser humano y se intentarían esbozar respuestas a los interrogantes esenciales. Su naturaleza, origen y configuración de su existencia, así como el sentido de la misma, fueron los interrogantes primeros y esenciales. Algunos explicaban el origen del hombre y respondían indirectamente a su naturaleza. Otros, desde su sentido inferían su origen, y otros desde las manifestaciones de su naturaleza inferían su origen y sentido. Cada uno hacía su aproximación al hombre.  

 

            Diferentes acontecimientos han hecho que algunas respuestas hayan prevalecido sobre otras a lo largo de la historia de la Filosofía, y las cosmovisiones filosóficas y religiosas han ejercido sus influencias fundamentales a la hora de ensayar respuestas. Hasta que en la Modernidad, con el avance de la Ciencia experiemental, y el auge de la visión antropológica evolucionista, se ha comenzado a mirar al hombre desde una perspectiva nueva. Entonces, la Filosofía fue dejada de lado, y los “antropólogos clínicos” se apartaron de las tradicionales explicaciones del “fenómeno humano”, volcándose hacia explicaciones más concretas que podía brindarle la ciencia evolucionista tan en boga por aquellos tiempos. También el simultáneo avance de la ciencia médica ha sido capital para el nuevo modo de mirar al ser humano. La medicina, cuyo objeto también era el ser humano, comenzó a examinarlo en sus órganos, funciones y comportamientos característicos y a reflexionar acerca de sus acciones y constitución (naturaleza) integral.    

                     

            Al acecho estuvieron algunos médicos, especialmente los “psicopatólogos”,  “neuropatólogos”, o nombres por estilo, para apoderarse celosa y exclusivamente del estudio del hombre y elaborar una visión acabada de su existencia sin apelar a la tradición filosófica, tirada como un trapo viejo, sino guiándose con la creída autosuficiencia de aquellos datos que procedían de sus propios laboratorios, experimentos (con animales, fundamentalmente) e hipótesis –y muchos con gran arte y rigor han alcanzado respuestas asombrosas. Y así surgió la “Psicología experimental”. Pero estos “especialistas” incipientes ya no quisieron apelar a las viejas concepciones y explicaciones del hombre sino que buscaron en la única fuente de su experiencia y observaciones de los seres humanos (sobre todo en sus estados patológicos) las respuestas a los interrogantes acerca de su naturaleza. Y proyectaron, desde su funcionamiento, un bosquejo en su estado de posible equilibrio.

 

             De esta manera, muchos médicos, arrastrados por una pasión filosófica, fueron apoderándose poco a poco del “objeto humano”. Pero la mayoría fue dejando de lado los interrogantes filosóficos tradicionales y guiándose con los datos estrictamente empíricos (aunque la mayoría hayan guiado sus investigaciones con la fe evolucionista). Fue desde la Medicina que se trató de brindar explicaciones acerca del comportamiento del ser humano y de las motivaciones más profundas de sus reacciones, conductas o comportamientos. Y, es innegable, se fueron encontrando respuestas constatables, experimentables, científicas y, algunas de ellas, de una contundencia irrefutable. Pero notemos que en todo esto, mucho ha contribuido el crecimiento vertiginoso que estaba dando la Biología, la Zoología, la Medicina en general y la Farmacología, tan esencial para los ensayos en laboratorios. 

 

            La Filosofía en general, salvo algunos obstinados, reculó. Y se dio un fenómeno extraño: Muchos médicos se centraron en el estudio del cerebro y del cuerpo humano, con todos sus sistemas y dependencias, mientras que muchos filósofos se volcaron a tratar de explicar aquellos datos que la nueva ciencia del hombre les acercaba, y tratar de sistematizarlos, al tiempo que criticarlos. A los nuevos especialistas en la psiquis (mente o alma) humana, tal como se llamó desde siempre a aquel principio de todas las acciones, capaces de tratar a los desequilibrados y enfermos se los llama hoy “psiquiatras”, médicos ellos, especialistas en enfermedades mentales y encargados de brindarles un tratamiento restaurador de su equilibrio (homeostasis) o controlar medicinalmente sus comportamientos. 

 

            Aquellos “especialistas” no médicos en cuestiones psíquicas se han convertido con el paso del tiempo en aquellos que hoy conocemos con el nombre de “psicólogos” (encargados de realizar las terapias cotidianas de reestablecimiento psicológico). La antigua Filosofía, que antiguamente se dedicaba al estudio de la naturaleza del hombre, no tuvo otra opción que comenzar a inclinarse hacia el estudio de los factores condicionantes y determinantes de la naturaleza humana, tanto morales, como religiosos e ideológicos subyacentes a los comportamientos. Es por eso que hoy cuando se habla de “antropología” se piensa más en el estudio de las culturas que en el estudio de la “naturaleza humana”. Los condicionamientos del “medio humano”, por su parte, quedaron en manos de una nueva ciencia: la Sociología. Y la Filosofía pasó a ser una valija vieja de la que cada una de “las nuevas ciencias” se sirve a su antojo ante la necesidad de alguna explicación rigurosa.

 

            De esta forma, el hombre tratado por “científicos” fue perdiendo, poco a poco, su encanto singular –adquiriendo cierto realismo necesario del que carecía, es cierto, pero a un muy alto precio, pues, en algunos casos, el ser humano quedó reducido a un ser animal muy poco inferior a los demás animales superiores. Muchos “especialistas del hombre”, de su cuerpo y psiquis, fueron restringiendo el horizonte de su existencia, y ahogando, acallando, los interrogantes fundamentales de su existencia, algunos muy voluntariamente y otros “solo” accidentalmente, en consecuencia.

 

            Pero la Filosofía no se resiste a quedar al margen del tratamiento del ser humano, y tampoco a dar su visión, su aporte, acerca de aquello que han hecho con el hombre, uno de sus objetos más preciados desde su nacimiento. Por eso, se anima a advertir sobre la necesidad de una nueva visión acerca del hombre (que ya está surgiendo desde hace un tiempo, imperceptible, sutilmente), y proponer una Filosofía (o Psicología) Nueva acerca del hombre, que incluya una crítica, a lo menos, implícita de aquellas ciencias y disciplinas que surgieron de su seno y, de un modo más o menos justificado, trataron y tratan asuntos concernientes al hombre, a su naturaleza, a sus comportamientos y a sus interrogantes perennes pero sin tener en cuenta el rigor, la honestidad, la apertura y el respeto que tamaña búsqueda exige.-

 

Prof. Pablo H. Bonafina

 

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