Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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REVISIÓN DE LA PRÁCTICA

Y HORIZONTE DE LA CIENCIA MÉDICA

 

Nuestro organismo funciona de un modo, a simple vista, enigmático --pero no es así para aquellos que se dedican a investigarlo y explicarlo, desde ya. Ante una alteración o disfunción de cualquier tipo en alguna de sus regiones, ante la ineficacia de nuestros tratamientos e intentos de mejoría, y/o persistencia de la molestia o miedo o lo que sea, vamos a consultar a un médico y éste (a menos que justo se dedique a lo que es motivo de nuestra consulta o peque de negligencia, puede presentar aquella soberbia específica de algunos profesionales mediocres que creen poseer el patrimonio integral de la ciencia médica y asemejarse a la divinidad tan a la ligera) tal vez nos derive a un especialista. Entonces, allí, muchas veces, en muchas situaciones, comienzan conflictos de otro tipo, en el que el motivo de nuestra consulta parece perderse...

 

La Medicina (y hasta ya sus mismas disciplinas auxiliares!) se ha ido escindiendo en múltiples especialidades, y parece que cada vez se encamina hacia una mayor división o especialización. De éste modo, va engendrando posibles médicos que sepan muy poco de todo el organismo y, si tiene suerte, a algunos que sepan o se destaquen, pero sólo en su especialidad (ya sea el ano, la mano, la vagina, la piel o las mamas), quedando susceptibles de media ciega ante el resto de las partes del cuerpo (por opción, por cuestión curricular, en el transcurso de la Universidad, y por ámbito de competencia,  en la práctica profesional), para decirlo de algún modo. Por eso, según podemos a veces, desgraciadamente escuchar o sospechar, para muchos, ya no somos un organismo sino un órgano: aquel en el que me haya especializado; una columna, un corazón, una psiquis, un sistema nervioso --hasta nos llaman por nuestras enfermedades algunos mercenarios de la medicina en cuyas manos están y/o ponemos nuestras vidas! Y este hecho pequeño, aparentemente aislado, tiene una trascendencia inconmensurable si sumamos experiencias y ejemplos (que he tenido la desgracia de escuchar), tanto desde una consideración del fenómeno epistemológico como científico y práctico, es decir, para aquel que se ve afectado en su organismo por algún padecimiento específico o aquel que se dedique a analizar los ritmos vitales que se manifiesta la medicina.

 

De todas maneras, a mí se me hace que ha sido por razones prácticas, y ante la avalancha de descubrimientos médicos, que la Medicina tuvo que, en su devenir y enriquecimiento continuo, ir creando las distintas y múltiples especialidades, que no dejan de sorprendernos, a fin de no permitir que lo cuantitativo afectara la extraordinaria riqueza cualitativa de sus aportes. Pero, en la praxis clínica, esto la ha llevado a descuidar, en algunos casos, un “gran detalle”: la unidad de todo organismo humano. Muy pocos de nuestros médicos trabajan seriamente, es decir, interdisciplinariamente, y se siguen formando. Se reciben y allí termina su instrucción, y luego los pacientes, sumada alguna que otra publicación. (¿Dónde quedan todos los libros que aun no leyeron y que contienen casos de pacientes que ayudan a curar a otros pacientes? ¿Cuántos médicos logran ir más allá de su especialidad y hacerse una idea cabal del cuerpo humano y su funcionamiento?)

 

Que somos una unidad orgánica no cabe ya ninguna duda: el clima y el medio ambiente próximo, y en general, el organismo (donde juega un papel primordial nuestra composición neurológica y hormonal), las vivencias cotidianas y nuestro modo de elaborarlas (psiquis), y nuestra alimentación, medicinas y hábitos cotidianos nos afectan, a veces más de lo que sabemos o podemos llegar a creer, aunque no nos demos cuenta siempre o no lo podamos o queramos reconocer. Entonces, nos sucede que cuando nos molesta, duele o vemos afectada alguna región de nuestro ser (desde una dermatitis hasta un estado de ansiedad generalizada o pánico) recurrimos al especialista. Y donde debería encontrarse una solución o una dirección, muchas veces comienza un nuevo problema --muchas veces peor que el primero--, porque cada especialista mira desde sí (desde su órgano) al organismo todo. Y esto, que sucede a diario, constituye el primer craso error de la medicina actual. Claro, si nos manejáramos, como en algunos países desarrollados, con un sistema habitual de “ateneos” o “interconsultas” (hechos poco frecuentemente, por resultar algo tedioso, y no remunerado, para la mayoría de los especialistas) podríamos tener una idea más cabal de nosotros, y de nuestra enfermedad o desequilibrio orgánico. Un tumor es un tumor, y para eso no hay experto en genética que valga, habrá que visitar a un oncólogo y entregarse de lleno a los tediosos y nocivos tratamientos. Pero, hoy en día, cada vez más, se está hablando del origen psicosomático de gran porcentaje de cánceres (es decir, del origen nervioso o psicológico de las enfermedades, incluso las más crudas y palpables). Ignoro si se podrá trabajar en un ámbito no oncológico para disminuir un tumor, pero estoy casi seguro en la intuición de algunos investigadores en que se podría trabajar sobre su génesis y, por tanto, de algún modo, en su profilaxis. Pero, generalmente, tendemos a ir, casi naturalmente, en este ajetreado siglo, a un especialista de la psiquis y no de prevención oncológica u otra similar, lo que no sólo nos revela la fobia a la muerte de los hombres del mundo actual, sino que nos han convencido: todo el siglo XX fue devorado por la Psicología, pero ahora, otro paradigma evolucionista exige ser visto ya de modo formal.

 

Habitualmente muchos psicólogos o terapeutas, suele tratar a sus pacientes sin saber qué otros elementos genéticos, hormonales, neurológicos o de otra índole, pueden estar provocando tales desequilibrios o trastornos físicos o conductuales. Todo es psicológico, dicen algunos de ellos, y se huelgan en sus Manuales o en las visiones de la Escuela a la que pertenezcan. Pero aun así, no estamos exentos de encontrarnos con más de un psicólogo o médico imbécil que desconozca la gran diferencia que existe entre que un síntoma sea (a simultáneo de un conflicto) psicológico causado y que un síntoma o patología, sea cual sea, haya tenido una etiología psíquica o tensional, pero que se haya instalado ya en el organismo como patología clínica. Se podrá descubrir que la originó, pero con eso no se reestablecerá la salud del paciente.   

 

Parece que también podría decirse: todo es genético, todo es orgánico, porque somos un todo, y ese todo es humano (o animal evolucionado), y cada uno lo ve desde su especialidad, de modo que pueda cerrar, pero solo en su propio sistema). Y así, muchos psicólogos, incluso grandes teóricos, se han convertido en inventores de terribles enfermedades por desconocer de genética (muchas de las cuales siguen siendo fantasmas imposible de eliminar; salvo con terapia y, otros, con medicación, dicen ellos con una certeza abominable y del todo reprobable).

 

Pero la balanza hoy está tendiendo al equilibrio. Esto fue lo que hizo posible que algunos médicos especializados en neurología, genética y/o farmacología ya estén hablando de que la nivelación de la alteración de los niveles de endorfinas explicarían la esquizofrenia! Y, ¿qué sucedió? Muchos médicos psiquiatras y psicólogos clínicos alzaron sus voces de veto ante la supuesta amenaza de perder poder en su ámbito de trabajo y en sus teorías y tratamientos. (del poder del conocimiento, hablaría Michel Foucault). El humor o estado de ánimo, el sueño y sus dificultades, el miedo y las fobias, hasta la misma ansiedad y toda clase de síntomas vegetativos (temblor en las manos, sudoración extrema, taquicardia) hasta el mismísimo estado de nerviosismo y tensión, todo tipo de desequilibrio orgánico, con todos sus concomitantes síntomas, que en el siglo XX encontraron sus explicaciones en la Psicología, y soluciones y/o paliativos en sus tratamientos eficaces, hoy encuentran explicaciones genético-científicas (no desprovistas de cierta dogmática, acompañada de una rigurosa coherencia), y son también prometedoramente eficaces, al igual que los tratamientos que comienzan a ensayarse!

 

Ojalá se dejen (psicólogos, genetistas y médicos) de dogmatismos estériles y podamos en este siglo XXI disfrutar de una Ciencia Médica solidaria, que trabaje conjuntamente, convidándose de continuo sus descubrimientos, a fin de convertirse en una ciencia dedicada, verdaderamente, al completo bienestar del hombre integral.-

 

 

Por el Prof. Pablo H. Bonafina

 

 

 

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