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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
«¿“DIOS” O “EL MAL”?» Fragmento de un texto inconcluso del Dr. Joachim Böffmann
«...¿Qué relación puede existir entre aquello que llamamos “Dios” y aquello que, “malo”, está sucediendo a nuestro lado? ¿Qué “argumento” consecuente se esconde detrás de la convicción del que considera incompatible que un “Dios” exista, a pesar del “mal”? ¿La presencia de un “Dios” es invalidada de modo suficiente y satisfactorio por “algo malo”? ¿Es decir, en caso de que se considere que “el mal existe”, invalida su “existencia” la otra existencia, de “características” incompatibles con aquella? Es decir, ¿el “mal” es prueba “a favor” de la in-existencia de un “Dios”? O sea: ¿el negro invalida el blanco? Algunos sostienen que el “negro” no existe sino que es ausencia de “color”; otros sostienen lo mismo del “blanco”… ¿Entonces? Sigamos con la analogía. Si decreta el hombre que “Dios”, a quien se considera un “ser bueno” o el “Bien en sí mismo”, ¿habría que decretar la inexistencia del “mal” también por esto mismo, y quedarnos sin “Dios” y sin “mal”? Los físicos especializados en óptica sostienen que no pueden no existir ambos “colores”; que uno debe ser el “punto de apoyo” del otro. Bien. Si decimos esto mismo de la dualidad “Dios-Mal”, entonces, debemos elegir: o Dios o el Mal, no podemos ambos! Tomás de Aquino le concedió victoria metafísica a Dios y sacrificó el mal: Dios existe y el Bien existe, y el mal no es sino ausencia de “bien”, así como la ceguera es ausencia de visión y no “algo en sí” (Cfr. Summa Theologicae, I, Q 48 y 49). Nadie, nunca pudo contradecir a Tomás de Aquino mirando de frente al núcleo esencial de su argumento. Por eso, muchos, admitieron la existencia de ambos, al estilo Mazdeísta y de tantas religiones de Oriente: El “Bien” y el “Mal” coexisten desde toda la eternidad y el mundo no es sino el escenario de la manifestación de estos dos principios “cósmicos”, que hacen estragos en las “naturalezas”. Otro corrigieron el argumento y agregaron el desastre de la libertad humana: el mal también hace estragos en las libertades humanas. Para Tomás de Aquino, en cambio “el bien y el mal” sólo “existen” en las cuestiones morales… o sea: el hombre le concede “entidad” con sus acciones a la ausencia del bien cuando obra algo no conforme a la razón y la naturaleza, sino “contrario” al bien. Pero se trata de una “coexistencia ética”, y hasta, se diría, lógica. Georg Hegel mismo se la rebusca para enfrentar, en su Lógica y Enciclopedia, al Ser y a la Nada y resolver esta dialéctica en el devenir, y Martín Heidegger se le sumará (en ¿Qué es la Metafísica? o Introducción a la Metafísica), tomando de Friedrich Nietzsche (y sus Escritos póstumos y Voluntad de poder) la visión de la realidad como de una “interpretación del acontecer”, es decir, del Devenir. Pero esto es “lenguaje”, palabras, lógica. “Volvamos a las cosas mismas”, como propuso Husserl.
¿Existen “cosas malas”? Es una cuestión mucho más compleja de lo que se cree hasta desembrollar de modo adecuado el escollo mismo! En la experiencia nos encontramos con “cosas” (objetos) y “hechos” (situaciones, acontecimientos) y “personas”. ¿Pueden ser malas? Debemos decir, antes que nada, siendo fieles a un principio metafísico y empírico fundamental: No. Las cosas, hechos y personas, son, existen, antes que nada. Su ser, comportamiento o influencia, sí puede ser “nocivo o beneficioso” para tal o cuál cosa, hecho o persona. Pero siempre el punto de partida es ya una perspectiva! De modo que el “análisis hermenéutico” se nos complica. Volvamos sobre el “fenomenológico”. En la realidad nos encontramos un “algo” que llamemos “dios” o un “algo” que llamemos “mal”, sino cosas “malas” para alguien… Con “Dios”, sucede una cosa radicalmente diferente, aparentemente. “Aquello que llaman Dios”, como decía el Filósofo y Teólogo medioeval (STh I, Q.2, Art. 3), si bien para algunos existe con determinadas características, y con otras para otros, es para todos “un algo” –incluso para quienes sostienen que es “algo subjetivo o de la subjetividad surgente”: ya sea una “proyección”, tal como ha sido declarado desde Lucrecio (en De rerum naturae) hasta Ludwig Feuerbach (en la Esencia del Cristianismo), como para aquellos que sostiene que es el Ser Perfecto cuya Idea repugna con la noción de inexistencia (desde Anselmo en el Proslogion hasta Descartes en la Meditaciones Metafísicas). En efecto, tal vez el problema nunca sea, en el fondo “la existencia de un Dios” sino la manera de concebir y representar este “Algo” (“que está por encima de”)… La existencia del “mal” podemos dejarla librada a las afecciones o interpretaciones, pues parece que siempre son realidades “circulares”, auto referenciales, sujetivas. ¿Y un “Dios”? Parece, en principio y por lo pronto, que va por otro camino… No existe en las coordenadas espacio temporales para nuestros sentidos externos evidente, ¿por eso hemos de descartarlo? ¿es nuestra experiencia física, en sentido estrictamente material y “visible y palpable” la única existente? ¿experiencia sólo es “de la materia” o se puede llegar por un estímulo material a “otra parte o cosa”? –En efecto, quienes defienden la existencia de Dios, lo hacen a partir de las cosas creadas, desde el Libro de la Sabiduría que está en los escritos griegos del “Antiguo Testamento” (Capítulo 13, verso 1 al 5) hasta el Catecismo Católico (del año 1992).
¿Entonces? Bueno, la cuestión está quedando planteada, y más también. El mal (por ejemplo el malestar o sufrimiento) se dice siempre con referencia al bien (al bienestar o placer), pero parece que Dios se dice sin referencia a nada… “Dios” se dice en sí mismo. ¿Puede existir el mal y Dios no? Bueno, hasta aquí llegamos: No. La existencia de un Dios no invalida la posibilidad de que en la Naturaleza sucedan, por causas y leyes explicables desde la razón humana, “males”; o sea, acontecimientos que se interpreten como nocivos (y el mismo, beneficioso para otro u otra cosa!). Pero, con respecto a Dios, el argumento cae. Dios podría existir a pesar de todo –el sol existe aunque desaparezca, para la mayor parte de los hombres, de nuestra vista durante una horas al día; y el sol no excluye a la luna; claro, esta “coexistencia” es física, pero la otra, la del mal y Dios, es vista como física, de modo que, en principio no se excluirían, aunque para mí el mal sea una cuestión de interpretación, y Dios, una cuestión de “fe”, no se si religiosa, pues tantas cosas creemos sin “experimentarlas” de un modo “estrictamente positivista”! De modo que, en principio, y según parece, para quienes creen en el mal, no cabe excluir por ello la admisión de la existencia de un Dios; y parece también que, para quienes creen en Dios, les es lícito sospechar que el mal sea sólo ausencia de Dios. En resumen: La relación entre Dios y el mal –negar, culpar o pensar a Dios desde “la realidad del mal”– no sólo es un absurdo, sino el resultado de una imaginación osada e ignorante, una “proyección” inadecuada sobre un “Algo” que no tiene rostro y se le confiere en el acto mismo del endilgamiento de la responsabilidad de tal o cuál acción –¿será por eso que, quien niega la existencia de Dios a partir de la existencia del mal, se vuelve un creyente en el mal y en el bien, y se queda culpando a un “ser imaginario” para no querer tener una experiencia real de las cosas, incluso una explicación sencilla a algo que pretende complejo por el modo o grado en que lo afecta?
Parece que, de este modo, no tiene sentido darle sentido a “lo malo” desde Dios, en sentido filosófico. Y tampoco tiene sentido mirar hacia arriba cuando “algo malo” sucede. No sólo porque si hay un Dios no está en ningún arriba sino en medio de los hombres, sino porque la existencia de Dios, en caso de que sea, no puede ser tan siquiera rozada por ningún argumento humano. Contamos con algunos que experimentan, racional o “espiritualmente”, su existencia o presencia y aquellos que “niegan desde tal argumento” su existencia, partiendo de; siempre “de algo”… El resto parece ser “fe”. ¿Fe? –Hay muchos que han llamado “fe” al acto de asentimiento a realidades “sentibles” con la inteligencia o los sentimientos, con la intuición o el razonamiento… Y hay quienes han llamado “racionales” a cosas inventadas por la imaginación y o la fantasía. A este respecto nada es “conclusivo”...
Italia, Roma, invierno del año 2001.»
Prof. Joachim Böffmann © Ciudad de Buenos Aires, 2001. Éste texto está registrado como ENSAYOS INCONCLUSOS.
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