Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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«ENSAYOS SOBRE LA VIDA SEXUAL» y OTRAS CUESTIONES

Fragmento de un artículo registrado el 12 de julio de 2.010 para FILOSOFÍA NUEVA,

Ciudad de Buenos Aires © Pablo H. Bonafina.

           

            Siempre que se me invita a hacer una recensión o escribir un artículo de opinión es sobre temas contemporáneos, puesto que suelo vivir, y juzgar, muchas veces, desde otros tiempos. Esta vez quisiera comentar, a propósito de tanto palabrerío una obrita que en el año 1967 se publicó, bajo la forma de libro. Se trata de un conjunto de textos y ensayos del médico y terapeuta Sigmund Freud (que van desde el año 1906 hasta la década del '20), como un “librito” separado (que publicó Alianza editorial, pero que, al parecer, el psiquiatra austríaco dispuso se publicaran en bloque en sus Obras Completas) titulado ENSAYOS SOBRE LA VIDA SEXUAL Y LA TEORÍA DE LA NEUROSIS (que encontré, usado y maltrecho, en una mesa, de oferta, en el Parque Rivadavia). La cuestión es que desde el primero de estos ensayos han pasado ciento cuatro años (104)! Y, dado el estado de la cuestión, tan inmadura en la actualidad, considero que aquellos hallazgos, sugerencias, perspectivas, sin duda extremadamente vanguardistas, ameritan una nueva y más explícita recensión en estos tiempos, pues allí me he encontrado, a manera de síntesis, con varias nociones recapituladoras de los hallazgos del Psicoanálisis expuestas en las “obras mayores” del “revolucionario” de la teoría de los “instintos sexuales” humanos y su “libido”, así como de los “procesos psíquicos” y “sexuales” y sus consecuencias a inmediato y largo plazo –por ejemplo en la psicogénesis de la neurosis.

 

            También se encuentran analizados o, al menos planteados seriamente, en esta extraordinaria compilación editorial, “la actividad sexual de los enfermos… emanadas de los instintos parciales, normales o perversos de la sexualidad(pág. 16) y la idea de que “la enfermedad es el resultado de una acumulación” (pág. 17). También habló en este “libro” de la “moral sexual cultural” [Die «Kulturelle» Sexualmoral und die moderne Nervosität] (pág. 19ss), donde no deja de lanzar su insinuación sobre la “tensión” producida por la monogamia del matrimonio y la “restricción conyugal” (pág. 34). Tampoco faltan las nociones de fantasía y el tratamiento de la bisexualidad [bisexualität] (pág. 45ss.), o mejor, de “los síntomas histéricos de la bisexualidad”, no inherentes a ella, sino en ella hallados y dados “de hecho”; también nos pone al descubierto el “placer genital-anal” producido por la defecación en el niño y el “erotismo anal” en general (pág.55ss.). También trata sobre la “degradación general de la vida erótica” y los “rebajamientos” de los objetos sexuales, ya sean femeninos o masculinos (pág. 78ss.) y de los “celos” en general y de los “homosexuales” en particular (pág. 203ss); para terminar tratando del “masoquismo” y del “sadismo” (pág. 217), así como de otras perversiones (año 1924).

 

Pero entre tantas consideraciones no se evita el tratamiento de un concreto caso de la “tan frecuente homosexualidad femenina” (pág. 171 -y quisiera remarcar aquí los términos tan frecuente para Freud, ¡pues tiene 90 años este ensayo!) [der weiblicher homosexualität -de la femenina homosexualidad] en una joven “muchacha no enferma” (pág. 176 -y remarco aquí no enferma según Freud), en donde, contra casi toda la crítica actual, dice que “no habremos de afirmar que toda muchacha cuyos deseos amorosos, emanados de la disposición correspondiente al complejo de Edipo en los años de la pubertad, queden defraudados, se refugie en la homosexualidad. Por el contrario, creemos mucho más frecuente otras distintas reacciones a este trauma” (pág. 197).

 

            En cuanto a Freud, tiene bien en claro los límites que se le presentan ante el tratamiento inédito de este tema, en esta “perspectiva psicoanalítica”, suya y nueva. No obstante afirma que “el psicoanálisis se alza sobre el mismo terreno que la biología al aceptar como premisa una bisexualidad original del individuo humano (o animal). Pero no puede explicar la esencia de aquello que en lo convencional o biológico llamamos masculino y femenino; acoge am/bos conceptos y los sitúa en la base de sus trabajos. Al intentar una mayor reducción, la masculinidad se le convierte en actividad y la femineidad en pasividad, y esto es muy poco” para Freud (pág. 201-202). Pero no deja de mencionar el anhelo de poder profundizar en la explicación de la “inversión” sexual [a lo que hoy podríamos llamar “gaydad”] o de la “elección del objeto sexual” (igual al del elector), para decirlo de un modo exacto.

 

También insinúa en este “libro” la “insignificancia” de la “operaciones genitales” en lo que al psicoanálisis concierne y alberga la esperanza de una “terapia dedicada a la inversión” (o los “invertidos” sexualmente hablando). En efecto, recuerda en este mismo ensayo del año 1920 que “los casos de homosexualidad masculina tratados con éxito por Steinach cumplían la condición, no siempre dada, de presentar un marcado hermafroditismo somático. Si hubiera de consistir en la ablación de los ovarios probablemente hermafroditas y el injerto de otros de supuesta unisexualidad, no podrían esperarse de ella ciertamente grandes aplicaciones prácticas. Un individuo femenino que se ha sentido masculino y ha amado en forma masculina no se dejará imponer el papel femenino si ha de pagar esta transformación, no siempre ventajosa, con la renuncia a la maternidad” [Fin del ensayo] (Pág.202).

 

            Ahora bien, de todos éstos escritos se deriva, si se pregunta, eventualmente, acerca del concepto de “sexualidad normal”, que “la sexualidad normal reposa en una limitación de la elección del objeto” sexual (pág. 176). Y con esto aun no hemos llegado al fondo de la significación de esta expresión ni de todas sus apreciaciones, así como de todos los hallazgos y tratados del Dr. Freud en materia teórica y su vasta práctica de su técnica psicoanalítica, ni de las implicancias descartadas sin demasiados fundamentos empíricos, sobre la certeza que Freud tenía de que “no debemos… perder de vista la bisexualidad general del hombre” (pág. 184) ni tampoco que “nuestra libido oscila normalmente toda la vida entre el objeto masculino y el femenino” (pág. 185), por más que nos estemos muy cómodos con todas las falsas seguridades (“en las que” existimos y nos desenvolvemos cotidianamente) que la aceptación de estas proposiciones nos puedan proporcionar.

 

            La pregunta primera que se impone es: ¿después de un siglo, aun no hemos avanzado nada en estos temas y se sigue discutiendo (desde los “dogmas biologicistas” o “creacionistas teológicos”) la visión de si el individuo humano es bisexual por naturaleza o no? ¿Realmente adhieren todos a la “concepción teológica” de que al hombre y a la mujer “un Dios” los creó “diversos”, y que la realidad genital se impone a la psicológica o quieren seguir discutiendo desde la idiotez? El “estado de la cuestión” es siempre el mismo: Algunos creen que Dios dispuso de una creación armónica en materia antropológica –es decir, de una “naturaleza humana fijada”, preestablecida, otro no, que la “libertad” es la capacidad humana por antonomasia para “autodeterminarse”. Punto.

           

            Luego podríamos dar lugar a la discusión sobre el término “homosexual” que no lo prefiero, atendiendo a una petición de una intelectual feminista y lesbiana, que me sugirió cierta vez que “homo” sexual es un término “machista”, puesto que éste, para ella, enfatiza y contempla la “no heterosexualidad” en el “hombre” degradando la de la mujer, puesto que “homo”, en latín, significa “hombre, varón”. Por lo que me quedo con el término de la antigua Calabria “gay”, e invito a hablar sobre la “gaydad” (geidad) y no sobre la “homosexualidad”. Me sumo a la semántica del Dr. Freud quien hablaba de “invertidos”, en su sentido etimológico: “aquellos que están en ‘el otro sentido’ de lo que se considera ‘normal’ en materia sexual”. E invito a poner reparos sobre lo que se considera, como siempre, “normal” y “natural”.

 

            Por último sentido, habría que decir una palabra acerca del “casamiento gay” y de la pésima “ley de igualdad sexual”, pues en ningún sitio “normal” la ley declara “igual” a un “gay”, a menos que no se crea que lo sea. ¿Alguien puede poner en discusión la “igualdad de derechos” del individuo humano, o del animal –habida cuenta de las Declaraciones formales de sus derechos, tantos los del Hombre como los del Animal?

 

            Ahora bien, en cuanto al “derecho a adoptar” el tema se resuelve de modo muy sencillo. Cualquier introducción a la “psicología evolutiva” o un Manual de Biología de 1 año, indica ya que los “padres” o “tutores” o “modelos”, más cercanos o más lejanos, según el niño los perciba, junto con el medio, está demostrado hartamente ya, condicionan la psicología infantil, pero, ¿de qué modo? ¿hacia qué rumbos? Imposible ensayar aun una respuesta que responda a la realidad –al menos en una sociedad donde el “gay” debe ocultar que lo es aun porque está convencido que será “mirado diferente” ya. Los hipotéticos conflictos que pueden, eventualmente, causar a un niño el tener a sus padres “gays” y a los de su “amiguito” heterosexual aun no lo podemos evaluar con un ciento de probabilidad (como docente, tuve dos alumnos de hijos de un padre y una madre gay y, ciertamente, no ha pasado “desapercibido” este tema; desde vergüenza extrema hacia repulsa o familiar o social –aun es muy pronto para hablar con mayores elementos de este asunto); aunque sí podemos vincular la etiología de la gaydad con un patrón común y es “autoritarismo paternal”, “ausencia o excesiva presencia de algunos de los padres”, “tendencia hormonal natural”, “abuso de los adultos heterosexuales” y tantas otras causas más, entre las que se encuentra el  “hermafroditismo orgánico integral”: todas las “causas de la gaydad” aun no incluyen el “tener padres gays”, y en niños adoptados se podría hablar muchísimo del daño moral y físico que causan algunos “padres con tanto amor para dar”, al principio, que luego se trastornan y arruinan la vida de quienes pretendieron salvar. Por todo esto, y tanto que omito, aun no podemos decir más.

 

Sí, espero, que se imponga, de una buena vez, y como un “requisito” esencial para “adoptar un niño”, tanto para “heterosexuales” como, ahora, para “gays”, el estar en todas las condiciones “óptimas para hacerlo, inclusive las psicológicas, y no sólo aptos social o monetariamente, sino integralmente preparados para una tan ardua tarea enfrentar. El resto, lo demás, aun no puede ni comenzarse a hablar, pues el diálogo (cuando existe, de verdad) es demasiado inmaduro aun y se maneja con “posturas” (devenidos patrones culturales) e “intolerancias” desde las más precarias, con argumentos estúpidos, ilógicos o falaces, hasta las más aparentemente refinadas y nadie ha (ex)puesto, en su verdadera dimensión, con la rigurosidad que amerita, y, lo que es esencial, sin tendenciosidad, qué es la “gaydad” aun, como fenómeno real y tan frecuente/mente desplazado a causa de las implicancias de su tratamiento; por miedo, asco, ignorancia o por falta de amor al “desigual”, o por exceso de “normalidad”…

 

Una “Filosofía Nueva” no juzga a la realidad, menos al hombre o algunas de sus dimensiones”, sino que intentará atenderlas a todas, pues la naturaleza humana es, sin ninguna duda, la más extraordinaria y mudable realidad, a causa de su “principio de autodeterminación” (al que llaman libre arbitrio), y debe volver a lo esencial, mirando el “panorama completo”, y volver a las fuentes de las ideas, y ponerlas todas en revisión (de modo metódico, cuasi cartesiano), como una responsabilidad. La finalidad de este texto es solamente plantear la necesidad de volver sobre el tema primero del hombre y sus tendencias a la elección del objeto de amor, tratando, en cada caso, de llegar al fondo de la cuestión, a las intenciones de las intenciones (como dirá Nietzsche -a propósito de la propuesta de una época extra-moral) para ayudar al desenvolvimiento del individuo humano en general, y hacer su existencia más levadera, desde la comprensión de sus tendencias y orientaciones (impresionantes ejemplos proporciona Freud en la Nota 4 al capítulo 13, en la pág. 234 de este librito, como origenes de la homosexualidad).

 

En este caso, en estos días, se me ocurre sugerir la vuelta a la lectura de las obras del neurofisiólogo y psicólogo, estudioso, investigador, terapista infatigable de personas “normales” con un sin fin de enfermedades mentales y síntomas flagrantes. Aun hoy, si se lo decide a leer en serio, habiendo pasado más de un siglo, podemos beber, en esta fuente de trasgresión de todos los patrones culturales, morales y sociales de la historia de Humanidad –tal como ha aparecido, el psicoanálisis, que no ha considerado a la “gaydad” como una enfermedad, ni siquiera como una trauma producido por una elaboración trunca del complejo de Edipo, como admitía claramente el médico vienés más arriba, sino como un “fenómeno psíquico” que, como tantos, no concordaba con lo que la cultura llamaba “normal” (no puede dejar de recomendarse aquella otra pequeña y riquísima obra: El malestar de la cultura, de Sigmund Freud); aun hoy nos helará hasta el colmo y el enojo! Por eso, sólo este es el propósito de estas líneas: motivar al pensamiento, a la reflexión seria, y por qué no, a la lectura de esta fuente rigurosa del pensar psicológico y de un reflexionar filosófico singular, muy en desuso en nuestros días, para toda clase de intelectuales de todo público y género, para los psicólogos de perogrullo en primer lugar, y para cuantísimos egresados de una carrera universitaria con matrícula y todo tipo de carencia de talento, conocimientos, técnica y habilidad para el ejercicio y la reflexión psicoanalítica, aunque posean un título profesional [...]»

 

Ciudad de Buenos Aires © julio de 2010

Por el Prof. Pablo H. Bonafina.-

 

  

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