Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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A propósito de L'homme révolté y l’Philosophie de l’Absurde de Albert Camus

ENTORNO AL “ABSURDO DE LA EXISTENCIA HUMANA”

Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©

 

  

         Que la existencia humana o, mejor dicho, que la situación del hombre sobre esta Tierra, sea “un hecho absurdo”, desde Arthur Schopenhauer, lo han declarado las plumas, voces e imágenes más elocuentes, en todos los géneros posibles en que al hombre le fue posible manifestarse. Que el “arte” puede convertirse en nuestro consuelo para expresar nuestra afección, derrota o resistencia a este “fenómeno” evidente tampoco es un hecho novedoso. El interrogante que nos punza (“a pesar de”) es si este “absurdo” (l'absurdité du monde) que se manifiesta en las más extravagantes y crudas “contradicciones” de esta vida, al decir de Albert Camus, tiene algún “sentido” o es, precisamente, “negación” de todo significado y o sentido. En efecto, parece que algunos pensadores tienen claro que no se puede, al respecto, tratar de “ontologizar” un “sentimiento”, aunque éste sea “trágico” –como también trató con agudeza Miguel de Unamuno. Entonces, pues, lo único que cabría sería, a lo sumo, concederle cierta “consistencia” a la expresión humana “ante” lo percibido en el devenir como “sin sentido”.

 

Los acontecimientos se suceden con una fluidez incosificable, y no permiten que nos demos y entreguemos a la “entificación” de la “contradicción hecha sentimiento” tal como se nos presenta “la absurdidad”, más bien, podríamos aventurarnos en una “metafísica del arte” nomás, al decir de Friedrich Nietzsche –que no de algunas “entidades” creadas por la “voluntad de sentido y causas” del “filósofo lógico”. Pues el “arte”, a diferencia de su “motivación sentimental” sí llega a ser algo: expresión, manifestación, significante de la interioridad. La “palabra lógica” no cabe en el “arte”, sino sólo el género “no realista”, como puede encontrarse en la poesía o alguna otra forma de expresión literaria estética; pues la lógica del lenguaje se fractura ante la “contradición” (y dialéctica insuperable –aun se espera una rigurosa crítica de la razón dialéctica). Y con este “fracturarse” no quiero insinuar que sea “algo” el “absurdo” sino sólo una “percepción del vacío”, de la ausencia de sentido, de la carencia, del No.

 

         No existe posibilidad de “superar” aquello que no es. No podemos pretender explicar el absurdo, ni siquiera de ensayar más que balbuceos. Cierto que tampoco podríamos decir que “se expresa en y con el silencio”, pues el “silencio” o es “callar” o nada es. Pero si se afirma que ante lo absurdo sólo cabe el silencio se quiere decir que “hay que callar”. Pero si nada es “nada hay que hacer”! Quiero decir que tomar una “postura” (tal como lo es el “no decir”) ante el absurdo nos hace conferirle existencia y vaya qué imponente! puesto que nos deja mudos frente a ÉL. Por eso, vanos serán los intentos de “superar” lo que no es sino una “contradicción imaginaria” que no ontológica. No es desorden, no es pretensión de unidad resquebrajado y jadeante. No es nada! El “absurdo” no exige nada de quien lo “vive” pues es una noción “más allá de lo cuál nada puede pensarse sin contradicción” –como definió Anselmo de Canterbury a su “Dios”.

        

Los franceses, siguiendo el De Oratore de Cicéron (III, 41), sostienen que le mot absurde vient du latin ‘absurdus’ qui signifie “dissonant”, pero también lo “absurdus” aun puede ser “lo desagradable”, sin más. Y esto apela a nuestra experiencia de lo que llamamos “absurdo”; nuestra mente cuando no “comprende”, no le encuentra sentido a algo, se siente “incómoda”, molesta, porque no puede con ello. Lo “absurdo” no puede ser nunca objeto de una “filosofía”, porque atenta contra la noción de “conocimiento”, se conoce lo que existe, no lo que no manifiesta un sentido o inteligibilidad. El “arte” y sólo el arte nos queda ante lo absurdo, como ante el miedo. No es sino una pasión, emoción o sentimiento el miedo, nadie puede decir que “el miedo es algo”, sólo “poéticamente” podemos decir que el temor “es” tal o cual cosa. Llamamos “miedo” a aquel sentimiento que nos hace padecer ciertas reacciones psico-somáticas, el “absurdo” es sólo un “displacer mental” (intelectual, psíquico), elevado al rango de “cosa” a fin de no poder aceptar que en la existencia hay situaciones o cosas que no podemos logizar, apresar o aceptar. La “conciencia” no aprehende “absurdos” sino que nomina una sensación ante una intuición o percepción incompleta o in-coherente, siguiendo tal o cual perspectiva, tales o cuales convicciones o creencias; es otro “hábitus” –como diría David Hume a propósito de la “causalidad”, y la “necesidad”.

 

         La existencia es absurda en tanto y en cuanto es el escenario en donde las paradojas pueden derrotar a las “experiencias de sentido” (aunque sea lógico). Solamente podremos aceptar, sin “rebeldía” que la existencia humana, que el mundo humano, es “absurdo” si estamos decididos a ser artistas. Los filósofos no pueden sino callarse y decir que nada se puede decir de la nada porque nada es, e igual sucede con el absurdo. Sobrevalorar lo que llamamos “absurdo” es nada más y nada menos que comenzar a “cosificar naderías” (como ridículamente he hecho con el término “naderías” –al decir borgeano y heideggeriano) y nos llevará a un “re”-sentimiento y un callejón sin salida y lleno de “fantasmas” que nos hará “blasfemar”, maldecir la existencia o, más aun, una naturaleza pretensiosa y ávida de querer “poner sentido” donde nuestra “razón” choca con su propio límite y, en algunos casos, no lo quiere ni puede aceptar.-

 

 

NOTA. ¿Han encontrado alguna contradicción en este “breve discurso”? Si así fuese, muestra cabal sería si se ha podido filtrar involuntariamente a mis manos, más allá de mis intenciones y de mi propia conciencia escritora, que este tema del absurdo no puede expresarse sin contradicción y sin sonar extraño. No fallan las “imágenes e ideas” sino las “palabras y los argumentos” y sus insuficiencias ante este “no ser” que pretendemos concederle forma y “grafías”.-

 

 

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