Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

________________________________________________________________________ 

 

JESÚS DE NAZARETH

DEL SÍMBOLO AL SIGNO

Por el Prof. Dr. Joachim Böffmann

 

 

            «Hace algún tiempo me han pedido que, como lector asiduo de los manuscritos griegos de los ‘evangelios’ bosqueje una ‘semblanza’ de Jesús de Nazareth; un personaje por de menos conocido o de más desconocido, aunque sus ‘estampitas y leyendas’ ya hayan atiborrado a todos, y cuya historicidad parece haberse perdido en la nebulosa de los tiempos, así como en las más crudas tinieblas: las de las tergiversaciones y malinterpretaciones…

 

‘Jesús, el Nazareno’… Una persona singular, y un personaje para la gente… un signo extraordinario y soberbiamente luminoso que parece hundirse cada vez más en la historia, a causa de las mismísimas religiones que se confesaron servidoras de su ‘mensaje’ y cuyas enseñanzas fueron y son asfixiadas por aquellos que no heredaron más que fábulas, y que inventaron otras tantas, para sí y para quienes, con sincero corazón, querían ver…

 

            ¿Cómo explicar que hacer un bosquejo resulte una tarea compleja? Y, luego, ¿por qué? La razón primera es que no se está dispuesto a escuchar… –del mismo modo en que aquellos hombres religiosos con los que él se topó en la historia real no estuvieron dispuestos a escuchar, y muchos de sus seguidores a dejar prevalecer un mensaje tan duro, por radical, como el suyo, tan comprometedor de la existencia toda del que solo quería escuchar.

 

            Jesús de Nazareth no es un maestro para escuchar sino para dejarse arrastrar, pone en un callejón sin salida a lo más profundo de nuestra tendencia natural a la propia satisfacción y propone una autoaniquilación… Hay aun latentes vestigios de su palabra o genuino mensaje en los ‘evangelios oficiales’, pero, el resto, se revela de modo místico en la lectura continua –incluso, se podrán advertir en éstas versiones, retocadas una y otra vez, cómo se va atenuando el mismo Mensaje de un auditorio o evangelio a otro. Pero como si de un conjuro divino se tratase, como si fuese una destellada de misterio, Él se da, a través de su palabra perenne, a descifrar en cada circunstancia, a aquellos que demuestran, sin doblez, y con una obstinada voluntad, querer conocer, querer de veras saber, y entrar…

 

            Ya lo saben, pero no lo asumen gran cantidad de pseudo e hipócritas y pretendidos creyentes y discípulos, que la cruz es el signo de la crucifixión, y ésta de una forma de tortura romana sin más, y que los evangelios son ‘los símbolos’ de ‘el Cristo’… –del ‘tipo de redentor’, como se biendijo una vez. Lo importante es considerar la posibilidad de aprender el arte, por muchos olvidado, de aprender a separar… y manejar el bisturí… Pues el ‘símbolo’ dice a arbitrio, mientras ‘signo’ refiere a realidad lejana a la que tal vez se pueda llegar, o acercar… Pues bien, eso y no otra cosa son los Evangelios, ‘símbolos’, que esconden otro ‘símbolo’ que en este caso es un ‘tipo’ o ‘modelo’, detrás del cuál habrá que todavía el ‘signo’ buscar; el de la divinidad, en el acontecimiento o sitio mismo que el de la humanidad de Jesús, el maestro nazareno…»

 

 

VOLVER