Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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«L’BENE È MORTO»

Traducido del italiano por el Prof. Pablo Bonafina

 

 

            «Probablemente Friedrich Nietzsche haya conocido la doctrina de la “in-existencia” del “mal” desde los neoplatónicos (quienes los consideraban “no ser” –ouk einai) hasta Tomás de Aquino (quien, siguiendo a Aristóteles, lo consideraba como una privación –privatio), pero muy lejos está de posicionarse en una línea “metafísica” tal como son las mencionadas. Sabido es, por otro lado, cómo se ha burlado de la noción de lo “en sí” de Kant y los metafísicos alemanes y del “objeto” o “fenómeno” de tantos otros que no dudaron en incluir, entre las premisas de sus tesis, proposiciones con “sustancias”, “esencias”, “naturalezas” o “entidades metafísicas” de cualquier índole –las ha leído y conocido, y criticado, hasta aquellas más diversas; hasta de las “relacionales sociales” propuestas por el materialismo dialéctico del socialista y sociólogo Karl Marx, su contemporáneo. Lo “en sí” es una noción metafísica, y considerar que existan o no “cosas en sí” es ya un “discurso metafísico”, y nada de “metafísico” quiere el genealogista. Para el filósofo alemán, la metafísica es la “religión” elevada al rango máximo de “filosofía”; una gangrena de la que hay que desprenderse cuanto antes; come la “morale”, por su parte (y la “política”) con el “bien” (y lo “justo”) y lo “malo” (e “injusto”) acrecientan el elenco de inexistencias y se suman a las disciplinas que versan sobre imaginerías y naderías –como diría el Prof. Martin Heidegger.

 

            Sucede que sostener que nadie es “bueno” o “malo” resultaría una cosa insoportable y exigiría arrojar millones de páginas, y de autores, y de los grandes intelectuales!, y Manuales escolares, y de universidad (de todos los niveles), y rever todo el fundamento de leyes y tantas cosas!... Y después… bajar “el contenido”, la interpretazione al vulgo…, sin que se burlen, o se maten, mutuamente, en el intento. Por otro lado, no se intenta dejar librado el universo a la lupa e imperio de la “psicología escolare” (la de la universidad, digo) sino que exigiría un aprender que el mundo entero considere todo de un modo nuevo; deshaciéndose de antiguos y actuales y vigentes esquemas de pensamientos y paradigmas!

 

            Pero hilemos [filemo] más fino… No es que “no existe” –como “Dios”, que ha muerto [Dio è morto]. Tal vez haya quedado pendiente la tarea sublime de declarar solemnemente, luego de “la muerte de Dios”, “la muerte del bien” [L’Bene è morto]. Claro que ésta muerte se supone y depende de aquella, pues es simele e stesso. “El bien ha muerto” desde que Nietzsche demostró que ha sido una manera de designar algunas cosas, luego algunas actitudes, luego algunas personas, luego algunos estados, y así con todo. Porque el “Bien” no existe poiche “siamo noi tutti suoi assassini”–dicen los metafísicos que, arrepentidos, como locos, buscan el “Bien” y los “Valores” y no los encuentran ya [Cfr. Gaia Scientiza, § 125]. En efecto, lo único que existe es lo que existe, que ni es bueno ni es malo. Éstas categorías son las “anteojeras” que la sociedad nos impuso desde que hemos nacido; lo que “sí” y lo que “no” es lo que nos dicen desde niños. Mas el “premio” (el juego, la caricia, el regalo) y el “castigo” (la quita, el golpe o chirlo, la apagada de luz, etc.) son cosas a las que nos habitúan de “niños”. ¿Cómo romper dialéctica tan antigua? -Declarando su inexistenza.

 

Lo ‘bueno’ ha muerto, y desde ahora son sólo las acciones y el porqué de las acciones que se podrían eventualmente explicar en sus intenciones más íntimas, pero nada más –pues ya nada justifica una acción, aunque se la explique en todos sus detalles; así como nada puede  minimiza una acción, sea cual sea… Pero tal vez un ‘astuto psicólogo’ pueda llegar a su motivación última, es decire, la prima. El “Sí-mismo” tiene su ley dinámica y ciega: “querer, poder, sí, adelante, más”… para uno, para sí. Todo gira in torno al “Sí” [mismo]. Ni el altruismo de Herbert Spencer es ya contemplado, sino considerado como una “autosatisfacción” que se encuentra en el “dar” –es como la “autoaniquilación” del buen religioso que no le alcanzan las virtudes, la vida ascética y debe entregarse por completo, “a-niquilar-se” (niquil procede de nihil, “nada”), “volver-se nada”, “dejar-de-ser”, “hacer-se-nada”. Y este es, precisamente, el colmo de la moral y de ‘la virtud moral’: el “heroísmo” de este tipo (que repugnó a Nietzsche del Cristo-Redentor creado en La vida de Jesús de E. Renan -cfr. ANTICRISTO, § 29) es el plausible para muchos, aun hoy, entre hombres que se reprochan (y auto flagelan por) sus pocas agallas o su falta de ‘amor’ (el amor -otra creación posmoderna) para con el ‘prójimo’ (-la vieja creación judía).

 

            “El bien ha muerto”, y no hay quien se atreva a vivir “más allá”, del otro lado, de quienes creen en él (aunque no tengan fe en ningun “Dios” ni “Más allá”). En efecto, no menos que religiosa es la creencia en “el bien”.

 

¿Qué es “bueno” y “malo”? Si respondemos en un grupo no muy numeroso de “eruditos” sobre algunos asuntos a ésta pregunta, nos daremos cuenta de que esto no es cuestión de idiotas, sino de “creencia”. El viejo científico y filósofo David Hume hablaba de la relación “causa-efecto” como de un belief y lo llevaron y dejaron tirado, sin ropas, casi, al medio de una calle de Escocia. Pero, escuchen, no hay razón para juzgar esta cuestión de otra manera. Las culturas llaman “bien” o “mal” a lo que les va “conviniendo” de acuerdo a la “armónica convivencia” y “costumbres tolerables” por una multitud –o una minoría destinada a imponer las “formas”.

 

            ¿Cómo vivir más allá del bien y del mal? No como animales, como lobos. Dejemos atrás el miedo del Leviatán hobbesiano del “[el] hombre para el hombre [es un] lobo” [homo hominis lupus] del poeta latino Plauto; pues somos más frágiles y pobres que l’lupo. De hecho, obramos siguiendo il nostro propio Io, e buscamos nuestro propio bienestar, mas, si nos ponen en una situación extrema, no dudaríamos en “devorarnos” unos a otros.

 

¡Si viviéramos más allá del bien y del mal, viviríamos no sólo libres de culpabilidad [colpevolezza] (pues no hay pena!) sino también, procurando el “bienestar” y lo “beneficioso” para nuestro organismo, y rechazando lo “dañoso” [dannoso]. En esto seremos Hombres Superiores y quedará manifiesto nuestro grado de evolución: en la comprensión de la mentira sobre la que nos levantamos, rondamos y en la que vivimos cada día.

 

Nuestra racionalidad es un instinto que nos permite discernir entre lo que nos conviene y lo que no, y, constantemente, desaprovechamos esto y nos comportamos como animales cuando no sopesamos las consecuencias de nuestras acciones –así como también cuando obramos de acuerdo a lo que nos han indicado que es “el bien” o “lo bueno”. Pero ya hemos dicho que no hay más “bien” desde el momento en que no hay más “mal”.

 

Nadie continuo con los refinados e intempestivos estudios y descubrimientos del italiano Tomás de Aquino pero hubiera sido interesante que se hiciese. “El mal no es sino en el bien” –ha dicho el Aquinate. “El bien no es sino en el mal” –responde ahora un genealogista. Y el círculo se rompe, de modo definitivo. Por eso, ya ha llegado la hora, y es esta misma, en que debemos dejar de lado los juegos morales y retornar a “lo que existe”, puesto que, en verdad, no se si Dios verdaderamente, pero el bien… sí que ha muerto».-

 

 

Artículo publicado en la Revista UMANO TROPOHUMANO, Turín (Italia),

el 26 de mayo 2010 [para el aniversario 34º de la muerte del Prof. Martin Heidegger].- 

 

 

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