Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

________________________________________________________________________ 

 

 

CONSTITUCIÓN BISEXUAL DEL ‘INDIVIDUO HUMANO’

Por el Dr. Joachim Böffmann © 

 

 

         «La exégesis bíblica de origen protestante ha formalizado y ha brindado a la Teología uno de los términos y conceptos más preciados de los últimos tiempos: “antropomorfismo” y “antropopatismo” –de los cuales se han servido muchas ciencias y disciplinas, cada una a su modo. Leyendo y analizando “la figura de Dios” (je morfè tu theù) en los diversos textos del Antiguo Testamento bíblico, sobretodo en aquellos relatos míticos y leyendas que se encuentran en el libro del Génesis, han notado cómo el hombre (ántropos), según sus necesidades y culturas, han ido construyendo las diversas “imágenes de Dios”. En efecto, en lenguaje simbólico, lo han expresado poseyendo formas humanas (je morfé tou antropou) y pasiones (pathos) y sentimientos humanos (antropo-pathismo). Es decir, la teología bíblica crítica –la únicamente reconocida como ciencia- desde hace tiempo ya comprendió que “el Dios bíblico” es un Dios proyectado por el hombre, interpretado según ciertas culturas, y que ha ido siendo plasmado de modos diversos en los distintos relatos bíblicos, y de allí la “diversidad de perfiles” y la imposibilidad de reconstruir uno solo, con todos los que en las Escrituras se presentan. Sobre la base de algunas de éstas imágenes las “religiones imperantes”, a lo largo de la Historia, han ido edificando sus teologías, sus doctrinas y dogmas, prefiriendo algunas imágenes y desechando otras, según el caso, hasta llegar a edificar las diversas consideraciones acerca del “modo de ser divino”, según sus “preferencias”, y el “tema” que tengan que “justificar” o aprobar, sirviéndose de tal o cual pasaje, de tal o cual “rostro divino”

 

Desde Demócrito y Epicuro, ya en la antigua Grecia, pasando por Lucrecio, y su extraordinario De rerum Naturae, hasta Ludwig Feuerbach, los filósofos coinciden, en algo esencia: en que “los dioses” son el resultado de una combinación del miedo ante los poderes de la naturaleza (percibidos por la conciencia del hombre primitivo como sobre-naturales, sobre-humanos) y las diversas necesidades de este mismo hombre, o de su asombro ante la Naturaleza –las variantes se extienden demasiado si tomamos la cronología y el mapa de las antiguas civilizaciones. Pero tal vez sea a Feuerbach, en la modernidad, a quien se le deba el mérito de “el gran descubrimiento”: Dios no es más que la proyección de la esencia escindida y no asumida del, y por el, hombre, y la religión, por tanto, es “una antropología invertida”; es decir, la teología y las religiones hablan de “un Dios imaginado y creado” por el hombre, de un “dios” cuya esencia y definición es la proyección antropológica más honda, y ésta es la esencia de la religión judeocristiana, por lo que hay que buscar el origen de la religión no tanto en alguna manifestación de “algún dios” sino en el mecanismo de proyección que ha llevado al hombre a crear un Creador –y aquí se podría perfeccionar esta nociones con tantos! con F. Nietzsche y el silencioso Rudolf Bultmann es suficiente.

 

Siguiendo o, mejor dicho, refuntando, la creencia en la existencia en un “Todo-Divino”, el Idealismo alemán ha declarado, en la pluma de Georg Hegel (“el discípulo” de Baruch Spinoza) que la realidad no es más que una suerte de “Organismo Total” del que formamos parte, y hasta ha llegado a ponerle nombre concreto a ése Todo, realizando un proyección “antroponímica”: “(el) Yo (pero, Absoluto)”. Y es de éste “Yo” es de donde proceden los “yo” relativos (tanto en lo referente a su contingencia como a su existencia en relación de dependencia con el mismo Yo subsistente). Aquel Emmanuel Kant de quien se esperaba una síntesis entre racionalismo y empirismo no aportó demasiado en esto, los sentidos se “chocan”, en la experiencia, con objetos y el entendimiento elabora el “fenómeno”, pero de aquello “en sí” (lo noúmenon de Christian Wolff) no se puede saber absolutamente, y a la religión hay que dejarla dentro de los límites de la propia razón. O sea, la “religión racionalista” de la “iluminación” o adultez humana se reduce a la hegeliana. Si se quiere seguir el camino opuesto, hay que terminar con el “dogma judeocristiano” o con “pruebas, demostraciones”, apoyadas en las “razones de necesidades” de los escolásticos (destacable es el trabajo de “Santo Tomás de Aquino”, quien, de modo eminente y extraordinario, asume todo el aristotelismo y el platonismo, con todo el medioevo en su pluma).

 

Por su parte, el evolucionismo sistematizado por Charles Darwin (aunque Spinoza, justo Spinoza, al hablar de “Dios” lo haga como de una Res Extensa, haya afirmado que Natura non facit saltum!) ha permitido el saltum al evolucionismo cosmológico! (de donde procede la teoría de la “Big Bang” –en efecto, de la “inferencia” de un “mundo en expansión” se postula –se cree!- la existencia de la Gran Expansión!); en efecto, de la evolución de las especies se llegó a “un Universo en continua evolución y despliegue”. –Hay que reconocer que el evolucionismo darwineano, a su vez, se vio influenciado y hasta moldeado por la noción filosófica del progreso de la Humanidad, de la filosofía y de las ciencias (últimamente delineada por el Positivismo) y del hombre. De manera que era de esperar que el mecanismo de proyección tenga su correlato en la biología y en una consecuente psicología atenta a los descubrimientos de aquella.

 

Y, aunque pareciera que no, y sin darnos mucha cuenta, con todos estos antecedentes,  llegamos a la tercera década del siglo XX, y a Schaudinn, a quien le atribuyen, por sus estudios celulares, la aplicación de la categoría “masculino y femenino” al comportamiento de los elementos celulares; y a Hartman, a quien le atribuyen el trasladar al ámbito de la “sexualidad humana” estos términos creándose de esta forma los fundamentos necesarios para la argumentación freudiana, y previamente anunciada, a favor de la bisexualidad originaria de la especie humana. La tesis sería la siguiente: El “Organismo total” (expresado bajo la categoría sexualidad) reproduce la estructura (dual) de su núcleo originario. Pero parece que ésta idea que llegó a la Biología en el siglo XX, encontró sus antecedentes en teorías e intentos más antiguos que se han dado en el ámbito de la Teología, la Filosofía y demás ciencias, tal como hemos venido mostrando. En efecto, el mecanismo de aplicación es el mismo que el anterior. La diferencia es que se puede afirmar que aquellas disciplinas (las Teologías y Filosofías) han proyectado preexistentes teorías para justificar las suyas, y parece que no está permitido aplicar este mismo criterio crítico al fundamento biológico que sustenta la constitución bisexual del ser humano, el cuál permanece incólume, cual dogma religioso o metafísico de otro tiempo.

 

Nosotros consideramos que no es lo mismo afirmar la constitución bisexual del ser humano que considerar que el ser humano posee una tendencia psicológica bisexual que se va configurando según la resolución que en el individuo se lleve a cabo a través de la aceptación de su genitalidad, las figuras sexuales paterno-maternales y los conflictos que se suscitan en y con el medio de pensamiento y acción del hombre. Ésta tesis que proponemos, por ejemplo, no tiene mayor fundamento que la experiencia y no depende ni de mitos ni de proyecciones teóricas ilegítimas sino de un largo y lento camino científico preciso, y rechazado por la mayoría. Consideramos de capital importancia, para el surgimiento de una Antropología y una Psicología Nueva, que, en esta línea, continúe nuestras insinuaciones, a fin de poder hacer un acercamiento genuino a una “antropología humana” que contemple la “bisexualidad originaria”, y las circunstancias y/o “conflictos” orgánicos y/o psíquicos y/o sexuales de todo el proceso evolutivo de el ser humano en su estado actual de evolucionado, sin apelar a “estados hipotéticos” de la naturaleza (como lo han hecho, desde los antiguos mitólogos judíos –con su Edén y Adán–, pasando por Th. Hobbes, J. Rousseau, K. Marx y hasta nuestro querido Dr. Freud, cada uno, desde ya, a su diversísima y singular forma). En efecto, no es preciso ser un “especialista” para notar que la conciencia de la sola noción de una constitución ontológica, integral, y determinada del Cósmos, atenta, de suyo, contra la teoría de una naturaleza dinámica en continua evolución hacia formas superiores (que en el caso humano, quizá por el fenómeno de “socialización” y de “sublimación” o “represión”), susceptible de un profundo diálogo vivencial entre el individuo y “lo otro” y deja a la una antropología psicológica y filosófica en un callejón sin salida, al mejor estilo del de las “especies fijas” (incluídas en “géneros”, y pertenecientes a “reinos”) de Carlos Linneo (Carl von Linné) y su Systema Naturae que data del año 1735 y fueron refutadas ya desde las épocas de Jean-Baptiste(-Pierre-Antoine de Monet, Caballero de) Lamarck y su Philosophia Zoologica, en 1809, y, de modo casi definitivo, por Ernst (Heinrich Philipp August) Haeckel y su Generelle Morphologie der Organismen (allgemeine Grundzüge der organischen Formen-Wissenschaft, mechanisch begründet durch die von C. Darwin reformirte Decendenz-Theorie) publicada en Berlín, en el año 1866, para nombrar nomás algunos pioneros de una serie de “investigadores” que se constituyeron en verdaderas “especies” en extinción […]»

 

 

Die Konstitution Bisexuell von “Der Human Individuum”, Introducción.

© El artículo y esta traducción del Prof. Pablo H. Bonafina tienen “registro”.

en la Ciudad de Buenos Aires © junio de 2010.

 

 

VOLVER

 

 

info@filosofianueva.com.ar