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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
(Discurso no pronunciado) El “DÍA DE LA RAZA ANIMAL” o de la CONQUISTA SANGRIENTA de la “AMÉRIKA”Prof. Pablo H. Bonafina
No hace mucho tiempo, en el día 12 de octubre se “celebraba” el “DÍA DE LA RAZA” (aquel “glorioso” día en que “asesinaron a todos los animales con aspecto humano que habitaban estas tierras americanas”). Pero pasados los años, algunos “historiadores” les sugirieron a los políticos que mejor cambiar esta “confesión teórico antropo-teológica”, y pasar a “conmemorarse” en este día, y no a “celebrarse”! –Al parecer, los “pueblos americanos” se dieron cuenta de que no deseaban con tanto fervor “festejar” una conquista y el comienzo del “Colonialismo salvaje”. Y hace mucho menos tiempo se pasó de “conmemorar” el “Día de la raza” a “conmemorar el encuentro de culturas” (¿?). Pero hoy algunos historiadores y políticos, mínimamente informados y sensatos, no están tampoco a gusto de proponer a la “Nación Argentina” tan siquiera conmemorar un “encuentro cultural” en 1492, puesto que, cualquier dibujo animado podría representar una “Conquista unilateral”, que comenzó con “el descubrimiento del Nuevo Continente”, cartografiado en 1507 por el italiano que sirvió al Reino de Portugal y Castilla: Amerigo Vespucci.
Dicen que el “Nuevo Continente” había recibido varios nombres al ser “descubierto”, y cuyas nominaciones eran aplicaciones y aceptaciones generalmente regionales. Por ejemplo, los castellanos lo llamaban “Indias” o “La gran Tierra del Sur”; los portugueses, “Vera Cruz” o “Tierra Santa Cruz”; y algunos cartógrafos empleaban la expresión “Tierra del Brasil”, “Tierra de Loros”, “Nueva India”, o simplemente “Nuevo Mundo”. Pero la tesis que se impuso fue la de “bautizar” al nuevo continente relacionándolo con su “presentador oficial”. Así, “Amerigo Vespucci” pasó a nombrarse “Amériko Vespucio”, en honor a el Nuevo Continente y culturas que preexistían a su “descubrimiento” realizado, según la tradición, por “Cristóbal Colón” o “Cristoforo Columbus” –tal como lo llamaron, atendiendo a su etimología en latín, y a lo que creyeron su “misión”: “la paloma (columbus) que porta (foro) a Cristo (Cristo)”, dándole a la conquista un carácter “religioso”, “redentor” de la “animalidad indígena” y de “evangelización” católica –que era la fe de la Corona Española.
El naturalista (y barón) Alexander von Humboldt, luego de sus viajes a América del Sur y Central, dejó una vasta obra literaria de contenidos científicos asombrosos -entre ellas se encuentran: Le voyage aux régions equinoxiales du Nouveau Continent (Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, 1799-1804) en coautoría con Aimé Bonpland (París, 1807), Vue des Cordillères et monuments des peuples indigènes de l'Amérique (“Vista de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas de América”, 1810), Examen critique de l'histoire de la géographie du Nouveau Continent (Examen crítico de la historia de la geografía del Nuevo Continente”, 1814-1834), Atlas géographique et physique du royaume de la Nouvelle Espagne (“Atlas geográfico y físico del virreinato de la Nueva España”, 1811), Essai politique sur le royaume de la Nouvelle Espagne (Ensayo político del virreinato de la Nueva España”, 1811) y "Relation historique (Relación histórica, 1814-1825), una narración inconclusa de sus viajes que incluye Essai politique sur l' île de Cuba (“Ensayo político sobre la isla de Cuba”). En una de estas obras, Humboldt analiza los viajes de “Amerigho” (precisamente en el tomo II de su Examen critique de l'histoire de la géographie du Nouveau Continent) y concluye que el verdadero nombre del navegante era “Alberico” (como lo pronunciaban algunos europeos) y que tras descubrir mapas precolombinos del “nuevo Continente” se modificó ligeramente su nombre, en “honor” a la Amérika (nominación que ya significaba estas Tierras!) pero no gracias al italiano “Amerigo” sino a una palabra de la lengua nativa tolteca que significaría algo así como “país con montañas en su centro”. Con el tiempo su nombre fue reemplazado por el de “Américo” para vincular, de modo definitivo, a Italia con el descubrimiento de las “Nuevas Tierras”. Claro que si consultamos en el registro oficial del nacimiento de este personaje histórico, cuya figura ha sido desdibujada por los años y el descubrimiento (por españoles y o latinos) nos encontraremos, hoy en día, con la morfología original de este nombre “Amerigho”. --Desgraciadamente, “la raza tolteca” no sobrevivió al “descubrimiento” que se inicio con Amerigho Vespucci, ni a la Conquista del llamado “paloma portadora de Cristo”, ni de los españoles que les siguieron, y es sabido que “la historia de América” nos la han contado los conquistadores de las Tierras que ocupamos.
Nuestra “Nación”, a qué engañarnos, es un resultado de Conquistas, y de continuas “inmigraciones europeas” que se han dado en el devenir de los siglos –hoy, despreciamos a hermanos de Bolivia, Perú y Paraguay, sobre todo, y no faltan “argentinos” con este mismo espíritu europeo que desearía exterminarlos, por su diferencia, claro. Es mejor seleccionar la inmigración, así la “raza argentina” no se contamina! –-“Dios” tenga piedad de los “argentinos”!... porque hasta el nombre se lo han puesto los españoles, al llevarse, y al contemplar, en las orillas del Gran Río de los “Aires Buenos”, o de los “augurios o vientos favorables” (“buenos aires”!); el Río repleto de (según Crónicas y Anales históricos lo atestiguan) “plata” que, en latín, se dice “argentum”! --Argentina no es otra cosa que aquella tierra descubierta “Plateada” (colmada de plata!) que fue saqueada y empobrecida desde sus orígenes por nuestros “hermanos conquistadores”.
No podemos hacer “historia o análisis” de “supuestos”, claro está. Las cosas suceden de un modo singular, y ellas nos traen hasta nuestro presente, no imagino quitar un milímetro de “espacio o momento”, si no, podríamos terminar en cualquier hipótesis que, en este caso, no tiene ningún sentido, al menos en el “estado actual de la cuestión”. Hoy los pueblos aborígenes luchan por sobrevivir y mientras se declara sus derechos el Estado viene vendiendo sus Tierras, entregándolas o limitándolas –hoy los “Huarpes”, en la provincia de San Juan, por ejemplo, la tierra de mi madre, están en un par de “hectáreas” (como si fuese un “barrio privado”, en decadencia, por supuesto) bien alejado de la “Ciudad”.
No me convence tratar esa ficta postura “en contra de las conquistas” sin más o el hecho de descargar nuestra “furia histórica y anacrónica” con el hecho de las guerras por conquistas de tierras que fundaron los continentes y países (aunque hoy se hable de la Paz como del camino del encuentro); porque, nos guste o no, tenemos que reconocer que debido a ellas el Mundo es lo que es: sobrevivieron las culturas cuyos Pueblos tenían mayor poder; esto se me presenta hoy como “inevitable” e “inimaginable” de otra forma. No es condescendencia, sino “aceptación histórica” nomás que, no obstante -y esto, disculpas, pero es demasiado personal- me niego a celebrar estos tiempos y acontecimiento y los conmemoro como una maldición en la Historia de la Humanidad. El poeta Tito Plauto, en su “comedia” Asinaria, del siglo III a. C., había afirmado que “lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, el que cual sea no [lo re] conoce” como tal (Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit… Acto II). Y más de dos mil años después Arthur Schopenhauer afirmó que, dando una visión de conjunto al mundo, en “este infierno” que llaman “vida en la Tierra”, nos encontramos con “atormentados” y “atormentadores”; es decir: quienes viven en “el infierno” y quienes hacen de la vida de los demás “un infierno”, arruinándoles sus “posibilidades existenciales”.
Por eso, no quisiera hoy “valorar” demasiado el hecho de la “Conquista” ni tampoco la “llegada de Colón a América” menos aun el patético y sangriento “Día de la Raza” que huele a victoria española sobre “indios en alguna inferioridad de condiciones” –esta “raza americana” que muchos consideraron “animal”, por ignorancia, conveniencia o ambas–; sino que quisiera proponerles que nos miremos a nosotros mismos, y nos fijemos cuántas veces festejamos y nos “complacemos” al imponer nuestros pensamientos y criterios; nuestros valores y sentimientos. Quiero decir, hagamos un viaje en busca para “conquistarNos” un poco más, desde lo profundo. Quisiera invitarlos a que volvamos sobre nosotros (puesto que la Historia es muy compleja) y reflexionemos acerca de la “intolerancia” cotidiana y el “desprecio” a lo que no es “como nosotros” (o dicho peor “como yo”), a los que “son diferentes” y que consideramos “inferiores” y o tratamos “como animales” –-sabiéndolo o no, los hechos no cambian por su intención. Por eso, que nadie conserve la hipocresía que decimos despreciar. Porque sabemos que muchos argentinos, y hombres del mundo entero, no estamos lejos del “espíritu de conquista” –-pues muchas son las veces que quisiésemos conquistar el mundo y sus cosas; dinero, trabajo, puestos y hasta personas a las que “amar”! (la lista sería demasiado extensa) eliminando al otro sin miramientos (en pro de...) y, tal vez, también “las riquezas de los demás”, sean cuales sean, por el deseo de quedarnos con ellas y poder estar “bien” o “mejor”, lo que significa, muchas veces, en esta lucha humana por la subsistencia (“animal sublimada”) provocar un “mal” o que al otro le vaya “peor”, pues, como dijo Thomas Hobbes, parece que “la Naturaleza le dio a todos todo” [lo mismo] (Natura dedit Omnia omnibus), y nuestro “bienestar” implica, la mayor parte de las veces, aunque nos resulte esto un disparate, cierto malestar o afectación de otra existencia.
Que “el Dios” de los antepasados de estas Tierras, de los europeos de ahora y “Dios nuestro”, nos perdone y ayude, para que podamos ir “conquistando” nuestro propio egoísmo e ir “aniquilando aquellas intenciones y acciones” que nos quitan el horizonte del sentido de nuestras existencias que es nuestro aporte a “construir una tierra Fraterna” y respetuosa de la diferencia y posesiones y bienes de los demás. Y que nos libre del odio, del egoísmo y del envidiar, esos ingredientes “subanimales” que nos llevan a matarnos en el día a día, y que engangrenan cualquier corazón que sólo atiende por su “bien-estar”.-
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