Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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ENTORNO A LA «PASCUA»

 

         Ya sabemos de las reticencias que tiene la “Filosofía” frente a las “religiones” a la hora de emitir su opinión y juicio, y viceversa. Y bien fundado que está en muchos casos, pues no siempre la “filosofía” (como diría Karl Popper) ha “delimitado” el ámbito de su competencia, así como podría suceder a la “ciencia” y a la misma “teología”, o algunas concretizaciones de estas “disciplinas”. Pero existe una “materia”, controvertida hasta la quita en la mayoría de los Planes de estudio de las Universidades (públicas y de “gestión privada”), que aun intenta mirar ciertos “fenómenos y símbolos” religiosos: la Filosofía de la Religión –hasta Martin Heidegger se pudo hablar de ella, y aquí, en Argentina, hasta el final de la última “Dictadura”, que sembró las huellas de la intolerancia hasta en la Filosofía!

 

         Mientras tanto, los “hombres religiosos” judíos y cristianos, continúan celebrando la “Pascua”, claro que con un sentido diferente, aunque no tan diferente si se ve el “entorno”. De hecho, la “Pascua judía” es una “fiesta estacional” preexistente al monoteísmo (dicen las Historias de las Religiones), que asumió y resignificó el antiguo judaísmo Yahvista e identificó con un acto salvífico trascendental: la liberación de la esclavitud del Pueblo Elegido de tierra egipcia. De hecho, la “salida” (éxodo) del Pueblo de la mano de Moshé (o Moisés) no fue una acción humana e individual sino una intervención extraordinaria de Dios hacia un Pueblo, “Su” Pueblo, el Pueblo de los que habían decidido hacer de “el Señor”, el centro de sus vidas. Y desde allí, desde esa piedra fiducial angular se fue gestando el concepto de “providencia”; de que “Dios” no es un “Creador” o “Iniciador” sin más, sino “Alguien” que está detrás de la Historia y los acontecimientos hilvanando sutilezas mientras conduce a quienes entran en “su Comunión” a la Felicidad Plena que está en la Fe y el Amor a Él y demás criaturas.

 

         Con matices, pero no se sabe hasta qué punto “demasiado marcados”, el Cristianismo, por ser su “Fundador”, o el “Líder de sus fundadores”, como prefieren llamarlo otros; Jesús de Nazareth, un judío piadoso y “radical”, aunque con una “piedad singular”, asumió y transmitió en el Evangelio esta “enseñanza” de la existencia de la Providencia de “Dios”, a quien, se aventuró a presentar como “su padre y Padre Nuestro” que está en el Cielo, “dentro de (cada uno de) nosotros” y en cada gesto de amor al hermano (al humano). Y así fue como “el Cristo” (el llamado “Ungido” por Dios para llevar a cabo la misión de conducir al Pueblo a la Gloria, que es la Salvación definitiva: la vida eterna junto a Dios), celebró, cada año de su vida la Pascua de su Pueblo, Israel.

 

         Pero “en tiempos de Pascua” tuvo lugar “la Hora” en que Jesús, llamado “El Cristo”, fue conducido a la muerte, como precio final por su obstinada voluntad de permanecer fiel a una Palabra, a una Fe, a un Deseo de Entrega (ejemplar). Y “se confundió” (en el buen sentido, se “fundió-con”), para los seguidores del “nazareno” la Salvación del Pueblo israelita por Dios (el sentido de la Pascua tradicional) con la Salvación prometida por su Maestro (quien vino a hacernos caer en la cuenta de nuestra “filiación”: ser “hijos” de ÉL), y con la Promesa de llevar a la Salvación, en vida y en muerte, a todo el que quiera “ser libertado” por “Dios”, dejándose conducir por su “espíritu” (esa energía pura y dinámica) que lo impulsa en su vida y le da las fuerzas para enfrentarla y le inspira los gestos más sobreHumanos.

 

         La “Pascua” es, para los judíos, “Memoria” de la Salvación y “Promesa” de la Presencia del Señor de la Historia detrás, y a pesar, de las contingencias des-graciadas del Mundo. Y para los “cristianos”, la “Pascua” es “Memoria” de la Salvación llevada a cabo en la muerte del que creído “hijo de Dios” (“hágan esto es memoria mía”) y enviado para mostrarnos el Rostro invisible del Dios invisible, y la Voluntad creída y asumida como explícita del que tiene Palabra, pero no labios; y “Promesa” de una nueva “Tierra”; de unos “Nuevos Cielos y Nueva Tierra” que nos aguardan tras estos que nos contienen y que parecen todo nuestro Horizonte y destino: nuestro “puesto”, nuestro “hogar”.

 

En efecto, “Memoria y Promesa” son el centro de la FE religiosa y de la “Pascua”; pasado y futuro se unen en el rito, en el corazón del creyente en la celebración de esta “fiesta de la Vida”, de la Vida que espera tras la oscuridad, cualquier forma de sufrimiento, esclavitud, angustia y muerte. Mas, si atendemos a la “filosofía estricta” debemos afirmar que nada de esto existe o tiene sentido, pues el pasado fue y el futuro aun no es. Y la mirada nuestra, cotidiana, se cree que, generalmente, se dirige a nuestro Presente; y desde allí, y en nombre de ese “firme Presente” es que se atreve ningunear al Pasado y al Futuro, aunque todos viven de la Memoria y de alguna Promesa, pues si no no podrían soportar sus días en esta tierra. De modo que parece que sería sensata la invitación a no juzgar la “fe religiosa” a menos que se esté dispuesto a juzgar la “fe del hombre” en las cosas del mundo y sus asuntos.

 

         La “PASCUA” es una “fiesta religiosa”, pero es una fiesta humana antes que religiosa. El “Dios de los judíos”, el “Dios y Cristo de los cristianos” son signos permanentes anclados en la Historia que revelan cierta sed natural del hombre (una suerte de tendencia) a trascender su pura y sola materia y “su Presente”, sin más. Que aquel que conceda a cualquier cosa que no sea “presente” mantenga la prudencia y sabiduría necesaria para abstenerse de juzgar la “fe” de quienes celebran “LA PASCUA”, una fiesta consagrada a la ESPERANZA –a la “fe” en una Presencia empecinada de “Dios en el Mundo”; de un mundo cuyos habitantes intentan expulsar, intentando erigirse en creadores, “la noción misma de su Origen”… Pues, para los creyentes, en la Pascua, Origen y Fin se encuentran en un Absoluto Trascendente y Cercano, que “salva” a quien, de modo misterioso, se acerca a la Fuente de Gracia que no se agota con el paso del tiempo ni la miseria humana de aquellos que tienen sed e intentan acercarse a beber.-

 

 

 

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