Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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LA FILOSOFÍA CRÍTICA Y LA CRÍTICA A LA FILOSOFÍA

Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©

 

            No es lo mismo tratar de edificar “una ciencia filosófica crítica” que realizar una crítica a la Filosofía en general con pretensiones científicas. Tampoco es lo mismo hablar desde el intento de búsqueda de la verdad que en nombre de un ideal dogmático, incluso desde el mismo odio...

            Muchos son los portavoces de la actual Filosofía que tienen muy poco para dar. Su labor se limita a exponer, bajo el ropaje de la sofística y retórica vulgar, críticas superficiales, complejizaciones de simplicidades, neodogmatismos, relecturas... palabras, palabras, palabras.  

             Decimos -porque así lo creemos- que la Filosofía es ciencia y "madre de ciencias". Algunas "rebeldes disciplinas" (no sólo del lenguaje sino, incluso, hasta cosmológicas) deben asumir su complejo de inferioridad irresuelto, deponer su odio a algunos interrogantes genuinos, y volverse amigables, fraternas. Y la fraternidad de la que hablamos, y a la que tendemos, implica mutua colaboración y, en algunos casos, dependencia. Hay que impedir los enfrentamientos infecundos entre la Filosofía y "sus hijas". La Filosofía, cual madre, las perdona siempre y ofrece a su descendencia todos sus bienes y todos sus hallazgos, y se lo entrega, a manos llenas, para que ellas crezcan, se desarrollen y se abran a nuevos horizontes, incluso pueda algún día, ellas mismas, como lo han hecho a lo largo de la historia, puedan colaborar con su propia existencia. No creemos justo que paguen con matricidio los que no hubiesen sido nada si no hubiera sido por ella, pues de ella, o de su prole, todo lo aprendieron.

             Muchos discursos pseudofilosóficos y pseudocientíficos contemporáneos buscan en el sagrado cementerio de la historia los defectos del pensamiento filosófico del pasado y se olvidan de honrar a los muertos. El respeto (y no la sumisión) a los antepasados (y a las tradiciones en general) es un elemento inherente al conocimiento filosófico, al mismo tiempo que un signo de amor fraterno-filial que no impide el distanciarse de las tradicionales teorías, pero todo en el marco del cariño y del respeto de quien se sabe resultado del progreso y la evolución de las mismas. Lo queramos o no somos hijos no sólo de nuestro tiempo, y el tiempo en que vivimos, y desde el que pensamos, es hijo del pasado.

             Existe en el presente la intención de confeccionar y enseñar una “Filosofía crítica”, una suerte de jueza que ve en la "crítica" (destructiva) la única actitud genuina en el presente y en el porvenir de la Filosofía, y lastima, y subestima la mismísima posibilidad especulativa desde la enfatización desmesurada del juicio crítico y dogmático.

             No hay ninguna duda de que es más fácil contradecir a los que ya están muertos y convencer a los idiotas que intentar ensayar una Filosofía Nueva que aventurarse a lo que trasciende al pobre entendimiento humano. Pero sepan, los que tamaña tarea destructiva realizan, que están dinamitando los fundamentos de su propio discurso, que no se aparta de los antiguos y clásicos esquemas –pues son muchos los que filosofan como cuervos, con el falaz disfraz del  águila. Vestirse y presentarse con el ropaje de la novedad y de la "certeza de la ciencia" y no brindar más que repeticiones estériles y malas interpretaciones del pasado filosófico y perogrulladas es una insolencia reprobable que no puede menos que provocar tirria... Y es que así se manifiesta el "complejo de originalidad" de aquellos que creen romper con la Tradición y no puede existir ellos mismos sino como críticos de la misma -son meras antítesis, que ni síntesis ni nueva tesis ni ellos filósofos...

             Pero nuestra propuesta es una Filosofía Nueva, una mera perspectiva, que admite tanto la posibilidad como la provisionalidad y el limite, y la necesidad de aniquilar el viejo y el actual dogmatismo (no solo de corte metafísico sino también científico); una Filosofía Nueva que sea capaz de releerlo todo, y abrirse a un nuevo y fecundo nacimiento, desde el asombro más profundo y espontáneo que no deja de surgir ante los interrogantes y problemas de siempre.               

Prof. Pablo H. Bonafina

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