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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________ EL COMIENZO DE LA DECADENCIA FILOSÓFICA ARGENTINA El porvenir de la filosofía en Argentina sin ninguna duda que se vio, y se verá todavía más, afectado por el estatuto epistemológico que pasaron a ocupar en las últimas décadas las disciplinas filosóficas y sociales auxiliares que, con rigor científico, le convidan a la “Ciencia Madre” sus adquisiciones y críticas. En nuestro país, la Antropología, la Psicología y la Sociología carecen de fundamento filosófico, tanto en sus concreciones curriculares como en muchos de sus pésimos y mediocres docentes. La misma Antropología ya no atiende a los asuntos filosóficos sino a los estrictamente culturales, como si fuera capaz de escindir la cultura de la naturaleza del hombre. Y todo este “fenómeno científicista” en un marco de rebrote de un “positivismo evolucionista” que se presenta como el más peligroso del que jamás se haya tenido noticia, sobretodo, por el acallamiento dogmático y violento de los grandes interrogantes del hombre de todos los tiempos y, por supuesto, de los bosquejos de respuestas que el hombre se ha hecho a lo largo de la historia. Ni la Antropología, ni la Psicología, en general, ni la Sociología se plantean cuestiones tales como el origen, naturaleza y sentido de la existencia humana, quedando estas cuestiones en manos de autores o pensadores aislados, considerados por la mayoría como conservadores, en sentido peyorativo, por citar el calificativo más suave. Un cierto “estructuralismo cientificista” terminó, paradójicamente, dilapidando las visiones de conjunto, e hizo creer que los fenómenos podrían explicarse de modo acabado autoreferencialmente. Y las otrora disciplinas filosóficas o auxiliares de la Filosofía Antropológica carecen en sus reflexiones acerca del hombre de todo fundamento ontológico firme. En efecto, el fundamento que propone el evolucionismo materialista dogmático no deja sitio para ninguna pregunta filosófica, y hace al hombre naufragar en la periferia de la existencia, como si el hombre ya hubiese encontrado todas las respuestas, como si el dogmatismo cientificista le hubiese revelado, de una vez para siempre, el misterio de la vida. Ya no hay lugar para la pregunta, está prohibido preguntar, acaso hoy, como hace siglos, haya un miedo extremo ante las posibles respuestas. Se advierte hoy que ciertos objetos han sido, lisa y llanamente, eliminados del ámbito académico. “La verdad, el bien y los valores, el concepto de justicia, el alma-espiritual y Dios, la causa de la causa de la existencia, el ser mismo”, entre otros temas, fueron dejados de lado, y quien no los desprecia trata de “convivir en la tolerancia” con ellos sin dejar que rocen, tan siquiera de pasada, sus inquietudes más hondas. ¡Qué mediocridad reprobable, qué regresión al pasado! (A veces parece una constante la involución argentina...) Ya no hay ni argumentos ni contraargumentos, parece que han desaparecido los pensadores y que, a cambio, no han dejado con mediocres repetidores de viejas formulas críticas que otros establecieron con genuina labor e intención, pero que ya no dicen nada a las nuevas generaciones. Selección, recorte, parcialización, rechazo, ignorancia, desprecio, esto sí que no falta. La mayoría de los “filósofos” argentinos de hoy no tienen otra opción que entrar en el Sistema soberbio e ideologizado hasta el colmo; sistema académico mezquino que quita al hombre y a las disciplinas “humanísticas y sociales” la posibilidad misma de preguntarse, y admitir, tan siquiera, la persistencia de la inquietud y del interrogante, aunque rechace hasta el presente todas las formas estereotipadas de respuestas, por considerarlas, pero esto es otro asunto, deficientes o carentes de sentido. Se ha perdido la libertad y la profundidad, y la intolerancia calla al hombre religioso, por citar el caso más curioso, por antitético, como hace siglos el religioso quemaba al ateo. Ojalá los alumnos argentinos superen a muchos de sus maestros, y sospechen que más allá de lo que les enseñan existen grandes cantidades de cuestiones irresueltas que permanecen como aguijones clavados en el corazón del hombre, y que están siendo desatendidos, al no habérselas tal siquiera enseñado. Prof. Pablo H. Bonafina |