Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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LA “GLOBALIZACIÓN” Y SUS POSIBILIDADES

Por el Prof. Pablo H. Bonafina

 

 

La vigésimo segunda, última y vigente, edición del Diccionario de la Real Academia Española (1992), define a la “globalización” como una “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”, pero éste término ha trascendido hoy en día los límites de su definición nominal habitual. En efecto, la “tendencia” que aparece en la definición dada como una “realidad impersonal” es un movimiento sostenido por las relaciones interpersonales. De manera que aunque los filósofos se resistan trasciende el ámbito meramente político y económico y nos dice algo “acerca del hombre”. Una “tendencia” no ya de mercado sino que nos habla acerca de una manera de ver el mundo y de relacionarse con los demás hombres, con los que trascienden, a su vez, las fronteras de sus propios Estados.

 

La “globalización” no es sino el modo de llamar a la, clásica y en desuso ya, “tendencia cosmo/polita”, es decir, aquella que invitaba a considerar a los “Estados Modernos” como si fuesen las antiguas “pólis” (“ciudad”, en griego) trascendiendo sus propios límites y pretendiendo extender por sobre sí hacia el “cósmos” (universo)… en un “estado de apertura” sin límites geográficos ni temporales. El fenómeno de “intercambio de mercancías” (o el comercio en general) fue uno de los principales elementos de “unión” y “desunión”, así como antiguamente lo eran las “alianzas políticas” –incluso aquellas que requerían de una “legitimación matrimonial”. Pero hoy, con los avances tecnológicos, el hombre tiene a su disposición otros y más inmediatos, libres, “autónomos” y “a la mano”, elementos de comunicación con “los otros” (habitantes del Universo). El avance técnico puesto al servicio de los medios de trasporte primero, desde el siglo XV, y los medios de comunicación en el siglo XIX y principio del XX han dado comienzo a una “nueva era antropológica” que llega al colmo en lo que he decidido llamar  “la revolución cybernética” de fines del siglo XX y principios del XXI. Pues tan vertiginosa, tremenda y poderosamente se ha desarrollado la “Red” de sistemas informáticos, y la computación misma, en los últimos años que hoy ya no es posible a los jóvenes imaginarse un mundo sin “Short Message Service” (o “SMS”, como se les dice al “servicio de mensajería breve”) o la “Chat” (“charla” por computadora) o la “InterNet” (o la “Red Internacional” de comunicación). Con éstos, entre otros medios, las distancias se han acortado y hecho añicos, y las presencias se volvieron “virtuales” y, como una “pandemia”, se ha extendido este fenómeno a lo largo y ancho del “Globo”. Por eso la “globa/lización” hoy nos exige ser considerada desde más puntos de vista que los que nos brinda la Política y la Economía; pues ya que es un “asunto del hombre” se ha de incluir entre las “cuestiones filosóficas”.

 

Tal vez se debería considerar seriamente la posibilidad de incluir el fenómeno denominado “globalización” dentro de la “antropología” (así como se está trabajando hoy en torno al “multiculturalismo”), porque es un hecho que “el hombre contemporáneo” es un hombre que vive (en un mundo) “globalizado”, en un “cotidianeidad globalizada”, donde la técnica lo pone de continuo por fuera de su propio tiempo y espacio; fracturando estas barreras. Y hasta sería interesante rever la definición planteada al comienzo, por esta otra o algo similar: “la globalización es la tendencia del hombre (antropológica) a extenderse más allá de sus propias posibilidades, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales, incluso al punto de volverse una individuo con una mayor susceptibilidad a perder el sentido de ‘su tierra’, de su historia, de su Cultura, de sí…”. En efecto, y por ejemplo, la “revolución cybernética” de la que somos testigos cada vez que nos echamos a “navegar por la InterNet” no sólo ha traído una ampliación y consideración “optimista” de los horizontes del hombre presente puesto que también le ofrece la posibilidad de dejarlo a merced de un naufragio... Curioso es que la palabra griega “kyber” (devenida en “ciber”) designa al “timonel de un barco”. Por eso, y siguiendo esta sugerencia etimológica, debemos estar atentos a que éste “barco”, que llamamos mundo o Globo, no quede ha merced, por la naturaleza misma del “proceso globalizador”, del naufragio de la “NetGlobal”, de sus propias leyes, que no conoce de límites ni de “ética” (por su naturaleza impersonal), y que nos puede, eventualmente, comenzar a sumergirnos en el más terrible de los anonimatos y de la “pérdida de identidades”; convirtiéndonos en elementos de un “Sistema Anónimo” en el que podemos mantenernos unidos pero sin comulgar jamás.-

 

 

Ciudad de Buenos Aires © 2009.-

 

 

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