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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
LA MENTIRA Y LOS “HIJOS DEL MAL”Prof. Pablo H. Bonafina
Se hizo tan común la “mentira”, la “palabra contraria a la verdad”. Se hizo “tan lógica” la verdad… que parece que tendría que demostrarse. La “verdad” no se demuestra sino que se descubre en el acto de “muestra” de una cierta realidad. Por eso, “mentir”, en este sentido, es ocultar e inclinarse con mostrar lo “no verdadero”; esto es: aquello que va contra la realidad y la naturaleza más honda de las cosas. La “mentira”, en efecto, es lo “contrasentidos”, y un contrasentido, en sí mismo, desde ya. Y quien miente, y vive en la mentira, es aquel que está discapacitado en su capacidad de mirar; puede “ganar” provisoriamente, pero, a la final, perderá; está perdiendo de tan grave que está… Pues, arremete con una “mentira” quien no pudo o puede “mostrar”. Más allá de la impotencia que pueda producir a los filósofos, y personas en general, escuchar una mentira, debemos acostumbrarnos a esta “cultura de la mentira”, porque ha sido demasiado subestimada la verdad, pues han llegado muy lejos muchos que eran hermanos nuestros con su capacidad de inventar, de mentir o tergiversar. Así como la “Edad Media” fue la “era del cristianismo”, el tiempo presente es el tiempo de la pérdida del sentido de la verdad; es la “era de la mentira”, de la falsedad, de la hipocresía, de la cobardía y de la maldad.
El nacimiento de la mentira es complejo… La falta de una equilibrada estima personal, el deseo patológico de aprobación de una palabra o gesto, y/o el propósito de llamar la atención y no poder hacerlo por sí, por propia capacidad, así como el resentimiento y la fractura psicoexistencial, pueden ser algunos de los orígenes de la mentira lanzada a la faz de “la propia tierra”, del “propio entorno”, sin ningún cuidado, sin ningún reparo, y, muchas veces, con toda impunidad; y cada vez sucede a los más jóvenes, para quienes la mentira se vuelve habitual y “normal”; el modo inmediato, natural, de defensa, de escape, de evadir la responsabilidad e inventarse una historia, por miedo a ser visto y puesto al descubierto sus acciones y su propia y miserable realidad.
… El problema es cuando ya se vuelve una actitud existencial, cuando quien miente ha forjado su “personalidad” (enfermiza y manipuladora) sobre la “mentira” y el ocultamiento de “la verdad”, porque ahí, entonces, se produce, siguiendo el lenguaje de un antiguo relato mítico, un renacimiento, pero estrictamente “carnal”, “desde lo bajo”, desde la oscuridad, desde el mal… Así se expresa en términos bíblicos: “… [hay quienes] son del ‘padre diablo’ y la voluntad de su padre quieren hacer… Aquél en la verdad no vive, pues no existe la verdad en él… Cuando dice lo falso, de lo propio habla, pues falso es y padre de aquella [Falsedad]… [si] Ustedes no escuchan La Palabra de Dios, [es por que] de Dios no son…” (Evangelio según Juan, 8:44-47 –traducción directa del manuscrito griego).
Parece que hay, en lo profundo, una “cierta” relación entre realidad, naturaleza íntima de las cosas, “lo espiritual”, “lo Divino”, la Bondad, la Paz y la Verdad… Y si de veras están en algo relacionados, si queremos ser “hijos (engendrados) de la verdad” tal vez nos ayude aquella sentencia radical que nos recuerda que “no se puede servir a dos señores”. De modo que, dadas las circunstancias y posibilidades reales y cotidianas, o se es “hijo de la verdad”; o se es “un hijo… de la mentira”, del mal, del que “arroja[do] a través de” [dia-bolós, palabra griega compuesta] –-etimología posible del adjetivo “diablo”, y que puede referir, además, a la necesidad de alguien de “existir y cobrar entidad en” (a través de) las relaciones con los demás; como la mentira, que se vuelve, muchas veces, un modo de hacer daño a los demás; al “unir” de un modo macabro dos psiquis “pobres” (la que dice la mentira y la que le da lugar), y en las que sólo puede mediar la más triste enfermedad.-
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