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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
EL LENGUAJE Y SUS LÍMITES Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©
A manera de prólogo se impone la necesidad de hacer alguna consideración acerca del instrumento o medio a través del cuál los hombres podemos expresar y expresarnos: la palabra (lógos). Pues muchos autores han arremetido contra los límites del lenguaje y han sugerido el callar antes que el expresar, a causa de los excesivos abusos con los que han hablado los hombres, sobretodo, de cosas que excedían la capacidad de su entendimiento. En cierto sentido, es justa la crítica de aquellos que advierten (reflexionar) acerca de los límites de la expresión verbal, pero habría que hacerlos callar, apelando a la misma justicia en nombre de la cuál disparan sus dardos venenosos contra las palabras, pues su propósito es, a la postre, también imponer su voluntad y perspectiva a partir del mismo lenguaje que pretenden destrozar y declarar inservible. En efecto, las mismas palabras que algunos declaran insuficientes para adecuadamente expresar son aquellas de las que sirve la crítica y que resultan, por lo mismo, igual de insuficientes. Por esto, la Filosofía Nueva propondrá “partir la diferencia”, iniciando su reflexión desde ciertos axiomas notísimos. Tres cosas, a lo menos, parecen evidentes. Una: la realidad supera al lenguaje humano. Dos: las palabras son siempre insuficientes. Tres: no obstante, podemos expresar, en cierta medida, lo que contemplamos. Es cierto, hay lenguajes más o menos adecuados, intenciones más o menos pretenciosas. Pero la solución no está en callar, sino en percatarse del empobrecimiento que padece la realidad expresada, puesto que se vuelve, expresada, objeto (de dominio) del entendimiento. Por eso, la Filosofía Nueva, expresa su perspectiva, pero invita siempre a la contemplación personal, y prefiere la más pequeña existencia que la esencia más infinita, la cosa más insignificante a la palabra más profunda. Aquello de lo que no tuvimos experiencia sí debe ser objeto inmediato del silencio. Mas es lícito poder expresar nuestro parecer de lo que se digna aparecer, por su mismo dinamismo existencial, a nuestra conciencia espiritual, que es capaz de lenguaje. Entonces proponemos, y nunca imponemos nuestra perspectiva, nuestra percepción del misterio del ser manifestado, parcialmente, a nuestra inteligencia condicionada por nuestras ideas a través de nuestros condicionados sentidos. Entonces mostramos y nos mantenemos siempre en “estado de abierto” al misterio que se nos entrega. Hablamos y callamos. Decimos provisoriamente, y abandonamos el término verdad, a fin de que los demás puedan por sí mismos contemplar, y no adherir a palabras sin sentido –pues palabras sin sentido son aquellas que no surgen del propio experienciar. En lo que a mí respecta, sólo me propongo contribuir a la formación de tu propio pensamiento, ya sea por desprecio o adhesión a mis ideas y palabras, y al fortalecimiento de tu propia perspectiva. Si logro mi cometido, estas palabras habrán tenido un sentido (lógos). Prof. Pablo H. Bonafina
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