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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
EL «NEOIDEALISMO METAFÍSICO Y PSICOLÓGICO» Prof. Pablo Hernán Bonafina
... Parece que, como sugirió Heráclito de Éfeso, “todo fluye y retorna”, aunque las apariencias se juzguen originales a primera evidencia. En efecto, parece que con toda la obra (extraordinaria) del filósofo Martín Heidegger asistimos al surgimiento de lo que podríamos denominar “el neoidealismo metafísico y psicológico”. Atendiendo a las experiencias de la conciencia ante las situaciones límites (que varios autores ya habían puesto en el centro del interrogante filosófico primordial) el pensador alemán intenta retornar al origen del pensamiento especulativo y pretender reinstalar “la metafísica”, como disciplina capaz de penetrar en el “más allá” de cuanto ha quedado reducido a la nada: la realidad (en cuanto una suerte de participación del Ser) y los “entes concretos” –signos y fenómenos del fundamento de todo, que es el mismo SER (de Parménides de Elea, según el mismo filósofo alemán pretende en su curso de Introducción a la Metafísica, de 1935). Pero debemos advertir un cierto abuso en el intento de “crear”… que le valdrá la vida misma, y su porvenir, a cierto “existencialismo”.
En el denso parágrafo titulado Bosquejo de la estructura ontológico-existencial de la muerte de SER Y TIEMPO (§ 50) el Prof. Martin Heidegger enuncia, sin ningún rodeo, que la muerte amenaza y se presenta inmanente al “individuo conciente” (Dasein), “anticipándose” al ente [o existente material] “el que Ahí-está-Siendo” (esta será nuestra provisoria forma de traducir la expresión alemana compuesta: Dasein; literalmente, “Ahí-ser/siendo”). Y es allí mismo donde también afirma que “la angustia ante la muerte es ‘ante’ el más propio, irrespectivo e insuperable poder-ser”. De manera que no sólo el individuo está acechado por la muerte sino por la angustia surgente de su “inmanencia”, su “poder-ser”, posibilidad amenazante y actualizable hacia donde se encamina “el-que-Ahí-está-Siendo” a manera de Fin, pues la muerte se le presenta como “su fin”. Mas, si queremos entrar en el quid de esta “angustia del Dasein” nos “encontramos” con la “nada”… pues, para Heidegger, en ¿QUÉ ES LA METAFÍSICA? (1929) “(…la nada acosa a la existencia en la angustia), es la esencia de la nada… La nada misma anonada. El anonadar no es un suceso como otro cualquiera, sino que por ser un rechazador remitirnos al ente en total que se nos escapa, nos hace patente este ente en su plena, hasta ahora oculta extrañeza, como lo absolutamente otro frente a la nada” (8) [1]. Y así, “la nada”, para Heidegger, es como nos “muestra” al ente y nos “es mostrada”, a su vez, por “la angustia”, en acto de “entrega ontológica” o “epifanía metafísica”. De esta manera, y según aquello del comienzo: la angustia ante la muerte es la nada haciéndose patente en la conciencia del Dasein y su posibilidad que le cabe de modo inexorable. “La nada mostrando” (!)…
Pensábamos y hasta creíamos que la “nada” era “nada”… Pero, para Heidegger, la “nada” parece “ser algo”… En efecto, si bien “la nada es lo que la ciencia rechaza y abandona por ser nadería” (1), en la metafísica heideggeriana no se rechaza a la Nada, antes bien se le da un puesto de privilegio! –como si fuera la negación o antítesis hegeliana u, ojala hubiese sido!, la “privación” de la que habló Aristóteles… El orden parece ser el siguiente: Existe la palabra, ergo, se ha creado una “idea”, o viceversa, y he aquí que esto legitima la pregunta –para Heidegger, quien contradice y justifica, sin miramientos, con su atractivo lenguaje y encanto “idealista” los conceptos más despreciados, hasta crearles “entidad” en la contradicción misma! e introducirlos en el centro de un intento de “resurrección metafísica”. Leámosle a él mismo: “¿Qué es la nada? Ya la primera acometida nos muestra algo insólito. De antemano, suponemos en este interrogante a la nada como algo que ‘es’ de éste u otro modo, es decir, como un ente. Pero, precisamente, si de algo se distingue es de todo ente. El preguntar por la nada -qué y cómo sea la nada- trueca lo preguntado en su contrario. La pregunta se despoja a sí misma de su propio objeto. Por lo cual, toda respuesta a esta pregunta resulta, desde un principio, imposible. Porque la respuesta se desenvolverá necesariamente en esta forma: la nada ‘es’ esto o lo otro. Tanto la pregunta como la respuesta respecto a la nada son, pues, igualmente, un contrasentido.” (2) Grandioso! Comienza reconociendo el disparate, pero… “tendremos que satisfacer, por lo menos, la exigencia fundamental de toda posible pregunta.” (4). De modo que se adentra en la pregunta por “la nada”, con una confianza total, al estilo racionalista o, mejor, criticista, en la facultad eminente que soporta la pregunta… “¿No es realmente el entendimiento soberano en esta cuestión acerca de la nada? En efecto, sólo con su ayuda podemos determinar la nada y situarla, aunque no sea más que como un problema que se devora a sí mismo. Porque la nada es la negación de la omnitud del ente, es sencillamente, el no ente. Con ello subsumimos la nada bajo la determinación superior del no, y, por tanto, de lo negado.” (3) De modo que… “algo” “es” la “nada”! Incluso, como escribimos arriba, “se manifiesta”!
“Es preciso que, previamente, la omnitud del ente nos sea dada para que como tal sucumba sencillamente a la negación, en la cual la nada misma habrá de hacerse patente.” (5) Claro, Usted se preguntará: ¿En qué “adónde” la “nada” se hace “presente”? La respuesta también fue ya dicha: “La angustia hace patente la nada… Con el radical temple del ánimo que es la angustia hemos alcanzado aquel acontecimiento de la existencia en que se nos hace patente la nada y desde el cual debe ser posible someterla a interrogación.” (6) De modo que, es “desde la angustia” (“de profundis” –diría el salmista) desde donde se legitima la pregunta. ¿Leyó hasta aquí algún “desencuentro conceptual”? Heidegger aclara la eventual confusión: “La nada se descubre en la angustia -pero no como ente. Tampoco, está dada como objeto. La angustia no es una aprehensión de la nada. Sin embargo, la nada se nos hace patente en ella y a través de ella, aunque, una vez más, no como si estuviese separada y ‘al lado’ del ente en total que se presenta en la desazón de la angustia.” (7) ¿Ahora? Aún no. A ver si con esto sí… “Existir (ex-sistir) significa: estar sosteniéndose dentro de la nada.” (9) De modo que “la Nada” es el ámbito del mismísimo “existir”, o “ser ente”, si se quiere oponer “Ser” a “Nada” para lograr algo así como “los entes” en donde lo uno y lo otro se manifiestan –como si estuviésemos en una metafísica hegeliana subdesarrollada o una ontología parmenideana que hace deslumbra al hombre con la noción de “Ser”, porque, en sentido estricto, para Heidegger, la cosa está clara: “La nada no es objeto ni ente alguno. La nada no se presenta por sí sola…” (10), de modo que no “es” “nada” pero “se presenta no sola” sino… ¿Es preciso seguir con esto? Definitivamente no.
Se nos impone a los genealogistas la tarea de tomar el martillo y ponernos a derribar estos nuevos “ídolos” que repugnan al “existencialista radical”, tal como son “MUERTE” y “NADA”, y sumarlos a la lista de los “conceptos auxiliares”, en esta caso, de una “neometafísica” de corte parmenideano, aristotélico y hegeliano (y, en el fondo, “pertenecientes a la cultura cristiana” –pues parece que el “SER” de Heidegger difiere muy poco del “DIOS” de algunos metafísicos, sobre todo neoplatónicos, a dejarse llevar por su presentación en Conceptos Fundamentales, de 1941).
“La angustia es la esencia de la nada” dice Heidegger, y con ello ha inventado una “respuesta” (o, como diría Nietzsche en Los grandes errores de Ocaso de los Ídolos) una “causa falsa” un “gran error”, para explicar un fenómeno psicológico humanísimo. La “esencia”, en efecto, se considera a una “abstracción” de “algo aprehendido”. Pero (a) “la nada” ni en la conciencia se puede aprehender!, a menos que se la haya creado previamente! –en efecto, cualquier cosa “inventada” podrá aprehenderse, imaginarse, de algún modo, en este sentido. Pero no puede ser una sensata respuesta a la “angustia”.
“… El Dasein inmediata y regularmente se oculta su más propio estar vuelto hacia la muerte, huyendo de ella” insiste en el mencionado parágrafo de SER Y TIEMPO, pero he aquí otro fruto de la imaginería ahora, aparentemente, “trágica”: como las “furias helénicas”, como las “parcas criollas”, persiguen al culpable para arrastrarlo al Hades, así la muerte nos la presenta Heidegger acechando al hombre, y también “siendo de algún modo”, cuando “no es” tampoco. Es un “phantasmata” en el sentido gnoseológico clásico: una imagen diseñada poéticamente, para indicar una “posibilidad” realísima del Dasein. “En cuanto poder-ser, el Dasein es incapaz de superar la posibilidad de la muerte. La muerte es la posibilidad de la radical imposibilidad de existir. La muerte es la posibilidad de la posibilidad más propia, irrespectiva e insuperable. Como tal, ella es una inminencia sobresaliente”…
No está “mal”, como metáfora (como “ídolo”) pero como “fenomenología” se cae (la Nada y no el Dasein se encuentra en estado de yecto! –con lo que cerraríamos el círculo posiblemente ilusorio)… Sabemos que “lo posible” tampoco “es algo” y que, por lo tanto, no puede “acechar a algo que está siendo” lo que no es. Hacer que el individuo humano “huya” de lo que “no existe” es invertir la linealidad natural de la “temporalidad” (percibida por el sentido común) y hacer que “lo posible” o “por venir” se vuelva “actual”, presente y real (y se in-vierta, se “vuelva hacia atrás” en el “para adelante” de “Aquel que está siendo”)! Este, y no otro es el fundamento último de la “angustia (imaginaria)” gracias al cuál, algunos contemporáneos, son víctimas de lo que han decidido llamar “pánico” o “fobias” (las fobias son la angustia intelectualizada y plasmada en un o unos objeto/s real/es o imaginario/s). De modo que si alguna persona quisiera hallar un fundamento para (legitimar la “realidad” o entidad de) sus fobias, para fomentar su “terror a lo no existente”, en la “ontología heideggeriana” podrá encontrar un buen fundamento.
No hace falta ser un erudito para reconocer que, desde un punto de vista estrictamente filosófico, y, más precisamente, metafísico, el pensamiento de Martín Heidegger –como el de sus seguidores, críticos y otros pensadores contemporáneos– termina “cosificando” inexistencias, metaforizando esencias que fueron asumidas por la historia del pensamiento, pero que nada tienen que ver con el intento de “volver a las cosas mismas!” en el sentido fenomenológico husserliano. Así como tampoco es preciso ser un “filósofo” para reconocer que estas palabras no son, ni un desprecio al mito o a la poesía heideggeriana –cualquiera que lea al pensador alemán podrá deleitarse con su dominio del lenguaje y las ideas– aunque sí a la pretensión de acometer una “metafísica realista” o “existencialista”, o de cualquier tipo que sea, en caso de que quepa, a fin de no terminar confundiendo “las palabras con las cosas” (como diría Foucault) o “el mito y la realidad” (al decir de Mircea Eliade).-
Fragmento del artículo «LA ONTOLOGÍA PSICOLÓGICO EXISTENCIALISTA» DE HEIDEGGER de ALGUNAS CUESTIONES DE FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA, del Prof. Pablo H. Bonafina, Bs. As. © 2010.-
[1] Los números de las citas del texto de Heidegger corresponden a QUÉ ES LA METAFÍSICA? y su orden de aparición en el texto –al carecer de una numeración más precisa en nuestra edición “fuente” brindamos al lector una ubicación provisoria, de las citas en orden de su aparición.
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