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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
EL ORIGEN DE UNA NUEVA VISIÓN ESTÉTICA Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©
Los antiguos filósofos afirmaban que todos los seres poseían, por el solo hecho de existir, algunos trascendentales de su ser. A uno de ellos lo llamaron “Pulchrum”, que habitualmente se traduce por “bello, belleza” y que engendraba proposiciones tales como “todo lo que existe es bello por el sólo hecho de ser”. Claro, esto fue así mientras (se creyó que) “Dios” había creado al mundo y luego de haber hecho todas las cosas, según el relato del Libro del Génesis: al concluir la Creación “Dios vio que todo era bueno”. Pero la historia y la Modernidad trajeron algunas sospechas importantes… ¿Qué pasa con el mal en el mundo? Los religiosos o creyentes de cualquier modo que se conciban lo explicaron de las más elocuentes formas: “Dios, al mal, lo quiere”, “lo permite”, “elige no poder hacer nada”, “lo elige en orden a un bien mayor” –se encuentran entre algunas apologías. Y de nuevo Dios se hizo LA Respuesta a todas las cuestiones humanas. De este modo quedó planteada la respuesta, pero muchos interrogantes persisten a ésta. Dijeron los filósofos que hay cosas “buenas” y “bellas” y hay cosas “malas” y… ¿“feas”? Pero la historia entregó en el siglo XIX una posible resolución al dilema: “Así hablan los niños” –sentenció Friedrich Nietzsche. En efecto, para Él, no hay bien ni mal, pues éstos son conceptos que se sustentan en valores que crean, que diseña un grupo de humanos que logra imponer su Voluntad al resto, y que genera cierta cultura (dominante) que se transmite, enseña e incrusta como cierta y de la que cuesta dudar tanto como de uno mismo! Pero la crítica nietzscheana no se mantuvo sólo en el plano moral sino que se extendió al gnoseológico (para luego nublar todos los demás): la verdad sólo existe como construcción lógica de un mundo logizado, no verdadero sino “verdaderizado”, si se me permite el neologismo. No existe la verdad así como tampoco existe “lo objetivo”. El Profesor Kant, en su labor intelectual, fue tras el “objeto”, reconociendo no llegar nunca a “la cosa en sí” y propuso el “fenómeno” como una suerte de vicario del entendimiento (adaecuatio al mismo), pero no encontró lo en sí. Y es que el hombre que conoce, observa, aprehende y comunica, se encuentra “del otro lado” del objeto, permaneciendo, precisamente, sujeto, y jamás podrán hacerse uno en un “algo lógico” llamado “verdad”, por eso la verdad también es un “engendro” del hombre con el que se cosifica el dinamismo del devenir de los fenómenos que acontecen. El problema parece encontrar una salida, pero persisten algunos filósofos del arte o esteticistas en mantener las expresiones “Estética”, “estético”, “bello”, “feo”, entre otras. Pero no podemos no mirar de frente la necesidad de La pregunta. No podemos no inquirir al término fundamental: ¿Qué se entiende por estética? Y luego preguntarnos si hemos dejado el sistema de armonía y proporción de los antiguos filósofos helenistas o la categorización del sistema de juicios estéticos que Kant trata de presentar en su obra Crítica del Juicio, o aun estamos aferrados a ellos de diversas y aggiornadas formas. Volviendo una y otra vez sobre estos temas, se encuentran lagunas, contradicciones y valoraciones que ya no pueden ser sostenidas, y muchas ni siquiera merecen ser tenidas en cuenta. Lo posible es que después de Nietzsche haya que reinventar el pensamiento riguroso en todos sus ámbitos, pero muy particularmente en el del Arte. Demasiado ha escrito al respecto, y mucho más es lo que ha insinuado, este Filósofo antikantiano, en sus obras, por lo que se impone comenzar a buscar en su “metafísica del arte” (expresión llena de contradicciones, que se dan en el pensamiento nietzscheano dinámico y adogmático) quizá –puesto que es la única filosofía del arte (si cabe esta expresión, así como los dos términos unidos por el genitivo) o Estética capaz de hacer ver al hombre los fenómenos sin moral y sin verdades, y nos puede brindar una visión estética dinámica, como la danza y la música. Y mucho tiene que ver en esto la antigua cultura helenista. En efecto, lo que Nietzsche propone es reemplazar la creencia en el “Dios inmutable” (en el que se sostenían los dogmas de “lo bueno” y “la verdad”) por el “dios en continuo devenir” que incluye al hombre en su vida, arrebatándolo de su estado de quietismo y llevándolo a la manifestación de su Voluntad y de su sí-mismo oculto, muchas veces, y desconocido. Éste es el sentido de la afamada y desconocida visión dionisíaca del mundo: El hombre guiado por un nuevo “dios-con-apariencia-de-hombre”, entre nosotros (como aparece en las Bacantes del viejo Eurípides), y en donde la cruz y el sufrimiento sean expulsados, de una vez (tras dos milenios de cristianismo) del horizonte del hombre y de su vida, y sus instintos o impulsos dominen por completo la existencia del hombre, llamado a superarse, tras haber devenido decadente en su décadent Cultura logizadora de lo ilógico.-
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