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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
…«Mi enemigo y archienemigo, el espíritu de pesadez, y todo lo que él ha creado: coacción, ley, necesidad y consecuencia y finalidad, y bien y mal. | Pues, ¿no debe haber cosas sobre las que se pueda bailar y pasar por encima bailando? ¿No tiene que haber por amor a los ligeros, a los más ligeros de todos –topos y pesados enanos?–»
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, III, De las viejas y nuevas Tablas.-
DEL ESPÍRITU DE PESADEZ Por Friedrich Nietzsche
1
Mi boca – es del pueblo: yo hablo de un modo demasiado grosero y franco para los conejos de seda. Y aún más extraña les suena mi palabra a todos los calamares y plumíferos [1]. | Mi mano – es la mano de un necio: ¡ay de todas las mesas y paredes y de todo lo demás que ofrezca espacio para las engalanaduras de un necio, para las emborronaduras de un necio! | Mi pie – es un pie de caballo; con él pataleo y troto a campo traviesa de acá para allá, y todo correr rápido me produce un placer del diablo. | Mi estómago – ¿es acaso el estómago de un águila? Pues lo que más le gusta es la carne de cordero [2]. Con toda seguridad es el estómago de un pájaro. | Un ser que se alimenta con cosas inocentes, y con poco, dispuesto a volar e impaciente de hacerlo, de alejarse volando – ése es mi modo de ser: ¡cómo no iba a haber en él algo del modo de ser de los pájaros! | Y, sobre todo, el que yo sea enemigo del espíritu de la pesadez, eso es algo propio de la especie de los pájaros: ¡y, en verdad, enemigo mortal, archienemigo, protoenemigo! ¡Oh, adónde no voló ya y se extravió ya volando mi enemistad! | Sobre ello podría yo cantar una canción –– y quiero cantarla: aunque esté yo solo en la casa vacía y tenga que cantar para mis propios oídos. | Otros cantores hay, ciertamente, a los cuales sólo la casa llena vuélveles suave su garganta, elocuente su mano, expresivos sus ojos, despierto su corazón: – yo no me asemejo a ellos. –
2
Quien algún día enseñe a los hombres a volar, ése habrá cambiado de sitio todos los mojones [3]; para él los propios mojones [4] volarán por el aire y él bautizará de nuevo a la tierra, llamándola – «La Ligera». | El avestruz corre más rápido que el más rápido caballo, pero también esconde pesadamente la cabeza en la pesada tierra: así hace también el hombre que aún no puede volar. | Pesadas son para él la tierra y la vida; ¡y así lo quiere el espíritu de la pesadez! Mas quien quiera hacerse ligero y transformarse en un pájaro tiene que amarse a sí mismo: –así enseño yo. | No, ciertamente, con el amor de los enfermos y calenturientos: ¡pues en ellos hasta el amor propio exhala mal olor! | Hay que aprender a amarse a sí mismo – así enseño yo – con un amor saludable y sano: a soportar estar consigo mismo y a no andar vagabundeando de un sitio para otro. | [Pues] Semejante vagabundeo se bautiza a sí mismo con el nombre de «amor al prójimo»: con esta expresión se han dicho hasta ahora las mayores mentiras y se han cometido las mayores hipocresías, y en especial lo han hecho quienes caían pesados a todo el mundo. | Y en verdad, no es un mandamiento para hoy y para mañana el de aprender a amarse a sí mismo. Antes bien, de todas las artes es ésta la más delicada, la más sagaz, la última y la más paciente: | A quien tiene algo, en efecto, todo lo que él tiene suele estarle bien oculto; y de todos los tesoros es el propio el último que se desentierra, – así lo procura el espíritu de la pesadez.
Ya casi en la cuna se nos dota de palabras y de valores pesados: «bueno» y «malvado» – así se llama esa dote. Y en razón de ella se nos perdona que vivamos. | Y dejamos que los niños pequeños vengan a nosotros [5] para impedirles a tiempo que se amen a sí mismos: así lo procura el espíritu de la pesadez. | Y nosotros – ¡nosotros llevamos fielmente cargada la dote que nos dan, sobre duros hombros y por ásperas montañas! Y si sudamos, se nos dice: «¡Sí, la vida es una carga pesada!» | ¡Pero sólo el hombre es para sí mismo una carga pesada! Y esto porque lleva cargadas sobre sus hombros demasiadas cosas ajenas. Semejante al camello, se arrodilla y se deja cargar bien. [6] | Sobre todo el hombre fuerte, de carga, en el que habita la veneración: demasiadas pesadas palabras ajenas y demasiados pesados valores ajenos carga sobre sí, – ¡entonces la vida le parece un desierto! | ¡Y en verdad! ¡También algunas cosas propias son una carga pesada! ¡Y muchas de las cosas que residen en el interior del hombre son semejantes a la ostra, es decir, nauseabundas y viscosas y difíciles de agarrar – , | – de tal modo que tiene que intervenir en su favor una concha noble, con nobles adornos. Y también hay que aprender este arte: ¡el de tener una concha, y una hermosa apariencia, y una inteligente ceguera!
Una y otra vez nos engañamos acerca de algunas cosas humanas por el hecho de que más de una concha es mezquina y triste y demasiado concha. Mucha bondad y mucha fuerza ocultas no las adivinaremos jamás; ¡los más exquisitos bocados no encuentran quien los sepa saborear! | Las mujeres saben esto, las más exquisitas: un poco más gruesas, un poco más delgadas – ¡oh, cuánto destino depende de tan poca cosa! | El hombre es difícil de descubrir, y descubrirse uno a sí mismo es lo más difícil de todo; a menudo el espíritu miente a propósito del alma. Así lo procura el espíritu de la pesadez. | Mas a sí mismo se ha descubierto quien dice: éste es mi bien y éste es mi mal: con ello ha hecho callar al topo y enano que dice: «bueno para todos, malvado para todos».
En verdad, tampoco me agradan aquellos para quienes cualquier cosa es buena e incluso este mundo es el mejor [7]. A éstos los llamo los omnicontentos. | Omnicontentamiento que sabe sacarle gusto a todo: ¡no es éste el mejor gusto! Yo honro las lenguas y los estómagos rebeldes y selectivos, que aprendieron a decir «yo» y «sí» y «no». | Pero masticar y digerir todo - ¡ésa es realmente cosa propia de cerdos! Decir siempre sí – ¡esto lo ha aprendido únicamente el asno [8] y quien tiene su mismo espíritu! – | El amarillo intenso y el rojo ardiente: eso es lo que mi gusto quiere, – él mezcla sangre con todos los colores. Mas quien blanquea su casa me delata un alma blanqueada. | De momias se enamoran unos, otros, de fantasmas; y ambos son igualmente enemigos de toda carne y de toda sangre | – ¡oh, cómo repugnan ambos a mi gusto! Pues yo amo la sangre. | Y no quiero habitar ni residir allí donde todo el mundo esputa y escupe: éste es mi gusto, – preferiría vivir entre ladrones y perjuros. Nadie lleva oro en la boca.
Pero aún más repugnantes me resultan todos los que lamen servilmente los salivazos; y el más repugnante bicho humano que he encontrado lo bauticé con el nombre de parásito [9] : éste no ha querido amar, pero sí vivir del amor. Desventurados llamo yo a todos los que sólo tienen una elección: la de convertirse en animales malvados o en malvados domadores de animales: junto a ellos no levantaría yo mis tiendas. [10] | Desventurados llamo yo a todos aquellos que siempre tienen que aguardar, – repugnan a mi gusto: todos los aduaneros y tenderos y reyes y otros guardianes de países y de comercios. | En verdad, también yo aprendí a aguardar, y a fondo, – pero sólo a aguardarme a mí. Y aprendí a tenerme en pie y a caminar y a correr y a saltar y a trepar y a bailar por encima de todas las cosas. | Y ésta es mi doctrina: quien quiera aprender alguna vez a volar tiene que aprender primero a tenerse en pie y a caminar y a correr y a trepar y a bailar: – ¡el volar no se coge al vuelo! | Con escalas de cuerda he aprendido yo a escalar más de una ventana, con ágiles piernas he trepado a elevados mástiles: estar sentado sobre elevados mástiles del conocimiento no me parecía bienaventuranza pequeña, – | – flamear como llamas pequeñas sobre elevados mástiles: siendo, ciertamente, una luz pequeña, ¡pero un gran consuelo, sin embargo, para navegantes y náufragos extraviados! –
Por muchos caminos diferentes y de múltiples modos llegué yo a mi verdad; no por una única escala ascendí hasta la altura desde donde mis ojos recorren el mundo. | Y nunca me ha gustado preguntar por caminos, – ¡esto repugna siempre a mi gusto! Prefería preguntar y someter a prueba a los caminos mismos. | Un ensayar y un preguntar fue todo mi caminar: – ¡y en verdad, también hay que aprender a responder a tal preguntar! Éste – es mi gusto: | – no un buen gusto, no un mal gusto, pero sí mi gusto, del cual ya no me avergüenzo ni lo oculto. | «Éste – es mi camino, – ¿dónde está el vuestro?», así respondía yo a quienes me preguntaban «por el camino». ¡El camino, en efecto, – no existe!
–Así habló Zaratustra.-
[1] Juego de palabras en alemán con dos términos de sonido parecido: Tinten-Fische (peces de tinta, calamares); acaso, en castellano, «chupatintas» (para seguir el juego verbal), y Feder-Füchse (zorros de pluma). La palabra alemana usual para decir «plumífero», «escritorzuelo», es Federfuchser; por semejanza de sonido Nietzsche la transforma en Feder-Fuchs (plural, Feder-Füchse). [2] En la cuarta parte, La Cena, y La canción de la melancolía, 2, volverá a aludirse al gusto del estómago de Zaratustra por la carne de cordero. [3] «Cambiar de sitio los mojones» es frase clásica y muy antigua. Ya Solón dice (fragmento 24) que «en una ocasión yo removí los mojones de la negra Tierra, fijos en muchas partes; antes ella era esclava, mas ahora es libre». Teniendo en cuenta la inmediata alusión de Zaratustra a la tierra, es posible que Nietzsche recordara aquí el citado fragmento de Solón. [4] Diccionario R.A.E.: “Porción compacta de excremento humano que se expele de una vez”. [5] Paráfrasis del Evangelio de Mateo, 19, 14: «Dejad que los niños vengan a mí.» Sin embargo, según Nietzsche, esto lo hacemos para impedir que se amen a sí mismos. Véase también antes, De la virtud empequeñecedora, 2 … [6] Véase, en la primera parte, De las tres transformaciones. [7] «El mejor de los mundos»: alusión a Leibniz. [8] El rebuzno se expresa gráficamente en alemán con las letras I-A, que también significan «sí» (Ja). De ahí la frase de Nietzsche. En la cuarta parte, El despertar, se hará amplio uso de esta posibilidad lingüística alemana. [9] Más adelante, De tablas viejas y nuevas, 19, volverá Zaratustra a la figura del «parásito». [10] Alusión a la frase de Pedro cuando en el Tabor quiere «levantar tres tiendas»; véase Evangelio de Mateo, 17, 4.
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