Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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EL SUFRIMIENTO Y LA «BELLEZA»

Por el Prof. Pablo H. Bonafina

 

 

«el que más sufre más profundamente ansía la belleza

–la engendra!»

 

Nietzsche, Escritos Póstumos, 2 [110]

 

 

Es necesario que el “sufrimiento” en el individuo advenga como una “fuerza positiva” para “ascender” en su grado de “altura y hondura”. “Decir sí, incluso al sufrimiento” es el acontecimiento actitudinal que sienta las bases del comportamiento reflejo para no ceder al hundimiento en la decadencia del ser. Cuando acontece lo estéticamente feo, lo biológicamente nocivo, el individuo que sufre, debe ratificar la fuerza que lo mueve hacia delante y aprobar lo que le sale al paso con cuanto posea de su voluntad. El intento de evadir o alejarse de lo dañino no conduce más que al retrotraerse el individuo y sus posibilidades. Escaparse del sufrimiento es adelantar el enfrentamiento con el Fatum, y ningún encuentro con lo Inevitable e Inexorable puede sino hacer al individuo entablar una ficticia discusión sobre la fe en su propia “libertad”. “Sufrir” es “abrir más adentro” la herida de la existencia, y ponernos frente a la Necesidad de tener que “ansiar” el “gozo”, esa cierta serenidad y no perturbación en el ánimo. Quien no sufre –si cabe postular esta eventualidad– se encontrará privado del recurso del Deseo del “Ansia” primordial de lo placentero. Así, sucede que el placer alcanza su mayor expresividad en la esteticidad, en el goce del fenómeno estético. Por eso «el que más sufre más profundamente ansía la belleza». Y no solamente la ansía, sino que se dispone de tal modo a su advenimiento que produce su nacimiento: “–la engendra!». “Engendra”, en el ansia misma, el vientre continente –que es la necesidad de placer. Éste esta es otra genealogía posible de la belleza: el sufrimiento, la trascendencia del Deseo en el encuentro con el placer de lo bello –que es también lo no perjudicial para el organismo del individuo. A mayor sufrimiento mayor posibilidad estética, mayor sensibilidad ante el arte, mayor agudeza de los sentidos internos ante la contemplación y el impacto de una obra. Quien sufre podrá elegir tomar el camino que conduce a la decadencia o a la belleza, según la orientación que le de a su percepción del sufrimiento. Sólo si el individuo humano asiente el dolor que padece podrá adentrarse en el camino de «hombre superior»: El que está “más allá de lo feo y la decadencia”, el hombre pronto al goce estético, y éste el elemento fundante de la vivencia dionisíaca de la existencia.-

 

Ciudad de Buenos Aires ©

Pablo H. Bonafina.

 

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