Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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«LO BELLO Y LO FEO»…

Por el Dr. Friedrich Nietzsche

 

Nada es bello; sólo el hombre lo es: toda la estética se basa en esta ingenuidad; esta es su primera verdad. Veamos ahora cuál es la segunda: nada es feo, excepto el hombre cuando degenera; así queda delimitado el ámbito del juicio estético. En términos fisiológicos, todo lo feo debilita y entristece al hombre. Le recuerda la decadencia, el peligro y la impotencia. Ante lo feo el hombre pierde energía. Podemos medir su efecto con un dinamómetro. Por lo general, cuando el hombre se siente deprimido, es porque olfatea la proximidad de algo «feo». Su sensación de poder, su voluntad de poder, su valentía y su orgullo disminuyen a la vista de lo feo, y aumentan a la vista de lo bello...

 

En ambos casos sacamos una conclusión: las premisas de ésta se encuentran acumuladas en grado sumo en el instinto. Se concibe lo feo con un indicio y un síntoma de degeneración; lo que recuerda la degeneración, aunque sea en un grado mínimo, nos induce a que lo juzguemos «feo». Todo signo de agotamiento de pesadez, de vejez, de cansancio, toda clase de falta de libertad, bajo la forma de convulsión, parálisis, y, sobre todo, el color, el olor, y la forma de la descomposición y de la putrefacción, aunque se encuentre tan atenuado que sólo sea un símbolo, provoca idéntica reacción: la valoración de «feo». Aquí aparece un odio: ¿a quién odia el hombre en este caso? No hay duda: a la decadencia de su tipo. Y odia partiendo del instinto más arraigado de la especie; en ese odio hay estremecimiento, previsión, profundidad, mirada a lo lejos; no hay un odio más profundo que éste. A causa de él, es profundo el arte...

 

OCASO DE LOS ÍDOLOS [1888],

Consideraciones de un Intempestivo, § 20.

 

 

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