Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

________________________________________________________________________ 

 

DESPUÉS DE NIETZSCHE

Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©

 

 

             Quien haya acometido la ardua tarea de hacer un recorrido por la obra de Friedrich Nietzsche se podrá encontrar, al final de la misma, con un sensación de inestabilidad integral no fácil de armonizar con la necesidad o “natural tendencia” de hacerse de un punto de apoyo y partida para la una ulterior consideración de la realidad en todos sus aspectos. Lo cuál indica que el autor ha realizado su cometido: poner todo “patas para arriba”. Pero no alcanza con romper todas las estructuras, tan siquiera con intentar construir un nuevo sistema a partir de las sugerencias del filósofo. Es preciso realizar una síntesis personal y, hasta diría yo, siguiendo su propios pasos, cierta crítica.

 

            El hombre después de sumergirse en las profundidades del pensamiento de Nietzsche podrá encontrarse en un pantano de arena movediza del que será conveniente que salga cuanto antes, a fin de poder reconstruir su propio pensamiento o, al menos, algunos elementos fundamentales del mismo --la mayor urgencia será, sin ninguna duda, la búsqueda de la salida de aquel estado que ha recibido el nombre de “nihilismo”.

 

            El término “nihilismo” posee varios significados. El filósofo lo usó en un sentido, y la mayoría de sus intérpretes en otros distintos. En lo que todos parecen coincidir es en que “nihilismo” refiere a la “nada” (nihil) --pues eso es lo que queda en pie, en firme, luego de la magna crítica a todos los elementos de la cultura occidental: (la) nada.

 

            Si la cuestión fuese una disquisición meramente teorética el inconveniente sería menor. Pero cuando la “nada” amenaza con devorarse al mismo “sentido de la existencia humana” el hombre se halla ante un problema que clama por resolución o, al menos, por un intento de búsqueda, aunque en una nueva dirección que las ensayadas hasta el presente, y que implique una mayor participación de la propia voluntad y vida.

 

            Tal vez no se pueda hablar después de Nietzsche de un “sentido universal” (al estilo cristiano, iluminista o neoracionalista), pero sí de un rumbo particular de conducción de la propia vida, regida por valores propios, subjetivos, personales, y atendiendo al instinto o impulso de vida que se manifiesta, pluriforme, en todos y cada uno de los momentos que gozamos de “pulsos”. En efecto, Nietzsche, con su filosofía, quiere reducir a la “nada” a los “sentidos extrínsecos” de la vida; esos que fueron impuestos por las morales, religiones y filosofías preponderantes, y animar al hombre a la búsqueda de su propio sentido.

 

            No es sólo destructiva su obra, aunque sí tenga como misión principal destruir los paradigmas que rigieron hasta el presente la dirección del mundo de modo esclavizador, poco espontáneo y poco humano. Sería un análisis reduccionista el quedarse en la periferia de la crítica y no querer volverse un “hombre superior” a éste en el que hemos devenido: lleno de prejuicios, falsos valores y mentiras de las más extravagantes.

 

            No es incompatible la reflexión acerca del sentido de la existencia después de la demoledora filosofía genealogista --aunque sí, en adelante, todo dogma o pretensión de objetividad recaerá en sus garras devoradoras y no encontrará modo de escape. Estimo que en consonancia absoluta con el pensamiento de Nietzsche estará una máxima que rece así: “Que cada uno busque, encuentre y se invente su propio sentido”, y considere a los que pretenden imponérseles como “nadas”, a causa de su misma antinaturalidad. 

           

Prof. Pablo H. Bonafina

VOLVER