Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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EL SINSENTIDO DE LA EXISTENCIA

Por el Dr. Joachim Böffmann

 

 

            Afirmar que la existencia humana no tiene sentido resulta escandaloso, cuando no una expresión sacrílega. Y es que durante tantos años el hombre se ubicado tan por encima del resto de los animales que resultará prácticamente imposible hablar de él como proviniendo, de modo riguroso, de otras especies animales. En efecto, el hombre no es más, y tampoco menos, que un animal superior debido a su capacidad de pensar. Pero –y he aquí lo paradójico– ¿qué ha hecho el hombre, salvo excepciones, con esa capacidad tan singular? Inventar “cuentos”… Inventarse ser un “ser superior”, desvinculado de la animalidad y los instintos de supervivencia y perpetuación de su especie, y se ha creado de este modo el cuento del sentido, para darse a sí mismo un toque de distinción. Y se arruinó a sí mismo.

 

            Los animales que los hombres llaman “inferiores” son ciertamente superiores al hombre de hoy en día, y no al revés (pienso en el león, el águila, la serpiente, entre otros). El hombre podrá crear y conquistar con el poder inconmensurable de su razón la técnica que lo eleve por encima del Universo mismo, pero a la hora de la muerte, del miedo y de la soledad, en un nivel muy por debajo del animal se posiciona. En efecto, los animales que el hombre llama inferiores no piensan, y se salvan de la cuestión del sentido, limitándose sólo a vivir y sobrevivir, y luchar por la subsistencia con una pragmaticidad y soltura de ánimo admirable –por no decir envidiable para muchos. Y el hombre cuenta con un instrumento, de superioridad discutible, que puede conducirlo al infierno en la existencia: el pensamiento.

 

            El que el hombre pueda construir un lenguaje oral y un código de signos abstractos no lo pone por encima de las demás especies, sino, en paralelo a ellas. No hay un salto cualitativo, sino cuantitativo en la Naturaleza y en la Evolución. Por eso, el hombre, se vuelve una especie inferior cuando hace de su naturaleza “un signo sagrado”, y comienza a inventar los cuentos del alma o del espíritu y de la civilización.

 

            El hombre, con esa capacidad singular ha hecho lo peor que estaba a su alcance: se inventó una realidad que escapa a la vista de las demás especies y que lo sumerge en un sinfín de interrogantes que nunca encuentran ni encontrarán respuestas. El hombre creó con su razón todo tipo de realidades: dioses, sentidos, morales, religiones, objetividades, recuerdos, dogmas, leyes… Pero la realidad permanece aun incognoscible, pues al intentar apresarla en esquemas lógicos y lingüísticos, esclavos de la cultura y del grado de evolución, el hombre intentó darse respuestas que no pueden ser, en rigor, más que balbuceos, y del todo provisorios.

 

            “La vida terrenal está sobrevaluada” dijo un sabio. Y lo mismo podríamos decir de la naturaleza humana: sobrevaluada… En efecto, todo el universo cultural, lleno de valores, ideales y sentidos, no ha servido más que para incapacitar, inutilizar, discapacitar al hombre para enfrentar el drama de su existencia cotidiana –entiéndase drama en su sentido griego, como acción y devenir. Por eso, el sufrimiento ya no se padece con coraje, y el temor se manifiesta en todos los aspectos de la vida, y carcome, cual gangrena, a cualquier psicología, por más sana que se precie. Y así el hombre ha llegado a temerle hasta la muerte! ¿Y por qué? Porque “alguien” le ha dicho que la muerte es el fin –otros prefiere hablar de nuevos comienzos, y usar éstas creencias como bálsamos contra el desconsuelo fatal de quienes no comenzaron tan siquiera a comprender, y, por consecuencia, a disfrutar de su lote de latidos sobre la tierra.

 

            La vida no tiene sentido. Cada uno, con su propia razón, y desde las situaciones singulares en las que se encuentre, debe darle un –y nótese que no digo élsentido. Y como tampoco existe la felicidad (ese execrable ideal que conduce a las peores frustraciones), debemos aprender a disfrutar de cada instante como si fuese el último, o, mejor, el único. En efecto, de dilucidar con astucia el juego de oferta y demanda, y de lo beneficioso y nocivo se trata, a fin de no cargarse de fardos inhumanos que van deteriorándonos.

 

Los “creadores de sentidos” nos han arruinado la vida –son muchos de ellos los mismos malditos infrahumanos que crearon la culpa a fin de manipular la conciencia humana, entre tantas estrategias que elucubraron a fin de “llevarnos de sus narices”, como dice El Genealogista, y poder ejercer sobre nosotros su poder maléfico y dañino.

 

Pero aun podemos ponernos a salvo de la mentira y penetrar en las profundidades de la existencia real, sin palabras, sin discursos, sin lógicas, sin verdades, sin valores. Pues aun nos aguarda una “realidad” llena de luz, de vida y de libertad… –si cabe… que espera de nuestro acercamiento para ofrecérsenos con sus frutos sabrosos y llenos de juventud y nueva vida y voluntad. Pues hay un algo que aun no conocemos, pues nos lo han ocultado cuando nos inventaron un Paraíso terrenal y de un infierno.-

 

 

 

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