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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
LA “COMPASIÓN” COMO SENTIMIENTO NEGATIVO * Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©
¿Alguien podría aventurarse a afirmar que “la compasión es negativa”? Bueno, en principio, debemos hacer una presentación etimológico-semántica y luego proseguir a bosquejar posibles respuestas a esta cuestión.
La “compasión” es “una pasión”, una “emoción incontenible” que mueve y arrastra, a obrar de modo inmediato de determinada forma ante la presencia de la posesión de una miseria, o un estado miserable de un otro. “Con” es el prefijo que indica la inclinación hacia el otro con “pasión”, y esto designa el modo de “inclinación”. ¿Puede considerarse algo “negativo” este sentimiento, consagrado por el cristianismo como la “forma más divina” de amor al prójimo necesitado?
Para Friedrich Nietzsche no hay dudas de ello. En efecto, la “compasión” nos hace desviar de nuestro propio camino e inclinarnos, abajarnos hacia la miseria, tratando de remediarla o, al menos, mitigarla. Pero, ¿qué aporta al “compasivo” su “pasión” por la “miseria del otro”? Nada, excepto una debilidad, el ingreso a un estado de vulnerabilidad en donde desciende de su “meta” suprema y se estanca en el plano humano, que no busca el “ascenso” hacia “algo superior”. Por eso, para el filósofo, la compasión es un sentimiento que, como gangrena, irá carcomiendo nuestros pensamientos y voluntad, hundiendo nuestras miradas en el “abajo”, en la “negación de poder y vida”, en la nulidad de posibilidades, en la tierra, en el hombre común que no busca superarse sino atender a “lo que la cultura” ha creado en las conciencias como “motivo de culpa”. El judeocristianismo ha considerado como un precepto esencial la “atención” del “desvalido”, del “pobre”.
¿Es posible –piensa Nietzsche- tener la mirada puesta en lo alto cuando vivimos tratando de cumplir con la “moralina” que engendra culpa si nos negamos a descender hacia quien está “enfermo”, caído, abatido, en condiciones inferiores? Definitivamente no es “un puente ni camino para el Hombre Superior” el estar esclavizado al auxilio de los humanos “infrahumanos”. No es maldad, no es falta de sentimientos sino realismo crudo y “Sí-mismísmo” (permítaseme el neologismo) radical: Los hombres que no nos ayudan a elevarnos a “metas Sobre Humanas” entorpecen nuestro vivir, nuestro ir-hacia-delante. Y he aquí que “contra naturaleza” es seguir aquello a lo que no estamos inclinados. En efecto, si dejásemos al hombre, sin culpa ni moral, elegir entre su vida y la del otro, por más trivial asunto que esté en juego, y la noción de castigo o pena o retribución a la acción ni está en el marco de las posibilidades mentales, el hombre elegirá, lo que “quiera”, pero no hará de la “compasión” un “valor”, y, mucho menos, el “camino hacia la –supuesta- santidad y salvación”. La “salvación” es para los creyentes, y la “santidad” para los vanidosos que creer que pueden “embellecer sus almas con virtudes”, siguiendo ideales ascéticos puede traerles algún provecho, ya sea en esta vida o la otra. Pero para quien tiene como meta el Hombre Superior, y la creencia del Eterno Retorno, no hay que atención a la “Voluntad de poder”, que es la oposición radical al “Sentimiento de compasión” que pertenece a los siervos de la moral, del evangelio tergiversado por quienes hicieron del Cristo el Redentor y de los hombres, “pecadores” desde el momento de su mismísima concepción.
Y es precisamente por eso que Nietzsche es el enemigo más acérrimo de la “compasión”, pues reconoce en esta “inocente e inocua palabra” un concepto de nuestro lenguaje que se instala en nuestra “conciencia” a fin de debilitarla, desde su educación primaria hasta la cultura cristiana –hasta jugar con nosotros y querer crear una “santa”, elevada imagen de nosotros, mientras la atendamos y practiquemos afanosamente. De modo que, así como se presenta en el judeocristianismo como una “virtud”, para Nietzsche es ésta otra “acción (manipuladora) moral” más (y una de las peores, pues, promete santidad, “belleza espiritual”) y, por lo mismo, antihumanidad, es decir, contranaturalidad.
Fragmento t omado de NIETZSCHE: PERSPECTIVA DE UN GENEALOGISTA,del Capítulo V, EL "LENGUAJE" Y LA "CONCIENCIA", obra inédita del Prof. Pablo H. Bonafina, Ciudad de Buenos Aires, 2010.
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