Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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LOS «PERÍODOS» DE LA MORAL

Friedrich W. Nietzsche (1885?)

 

            Durante el período más largo de la historia –se lo llama la época prehistórica– el valor o el no-valor  de una acción fueron derivados de sus consecuencias: ni la acción en sí ni tampoco su procedencia eran tenidas en consideración, sino que, de manera parecida a como todavía hoy en China un honor o un oprobio rebotan desde el hijo a sus padres, así entonces era la fuerza retroactiva del éxito o del fracaso la que inducía a los hombres a pensar bien o mal de una acción. Denominemos a éste período el período premoral [periode vormoralische] de la humanidad: el imperativo «¡conócete a ti mismo!» era entonces todavía desconocido. En los últimos diez milenios, por el contrario, paso a paso se ha llegado tan lejos en algunas grandes superficies de la tierra que ya no son las consecuencias, sino la procedencia de la acción, lo que dejamos que decida sobre el valor de ésta: esto representa, en conjunto, un gran acontecimiento, un considerable refinamiento de la visión y del criterio de medida, la repercusión inconsciente del dominio de valores aristocráticos y de la fe en la «procedencia», el signo distintivo de un período al que es lícito denominar, en sentido estricto, período moral [moralische]: la primera tentativa de conocerse a sí mismo queda así hecha. En lugar de las consecuencias, la procedencia: ¡qué inversión de la perspectiva! ¡Y, con toda seguridad, una inversión conquistada tras prolongadas luchas y vacilaciones! Desde luego: una funesta superstición nueva, una peculiar estrechez de la interpretación lograron justo por esto conquistar el dominio: se interpreto la procedencia de una acción, en el sentido más preciso del término, como procedencia derivada de una intención; se acordó creer que el valor de una acción reside en el valor de su intención. La intención, considerada como procedencia y prehistoria enteras de una acción: bajo este prejuicio se ha venido alabando, censurando, juzgando, también filosofando, casi hasta nuestros días. –¿No habríamos arribado nosotros hoy a la necesidad de resolvernos a realizar, una vez más, una inversión y un radical cambio de sitios de los valores, gracias a una autognosis y profundización renovadas del hombre, –no nos hallaríamos nosotros en el umbral de un período que, negativamente habría que calificar por lo pronto de extramoral [außermoralische]: hoy, cuando al menos entre nosotros los inmoralistas alienta la sospecha de que el valor decisivo de una acción reside justo en aquello que en ella es no-intencionado, y de que toda su intencionalidad, todo lo que puede ser visto, sabido, conocido «conscientemente» por la acción, pertenece todavía a su superficie y a su piel, –la cual, como toda piel, delata algunas cosas, pero oculta más cosas todavía? En suma, nosotros creemos que la intención es sólo un signo y un síntoma que precisan de interpretación, y, además, un signo que significa demasiadas cosas y que, en consecuencia, por sí sólo no significa casi nada, –creemos que la moral, en el sentido que ha tenido hasta ahora, es decir, la moral de las intenciones, ha sido un prejuicio, una precipitación, una provisionalidad acaso, una cosa de rango parecido al de la astronomía y la alquimia, pero en todo caso algo que tiene que ser superado. La superación de la moral, y en cierto sentido incluso la autosuperación de la moral: acaso sea éste el nombre para designar esa labor prolongada y secreta que ha quedado reservada a las más sutiles y honestas, también a las más maliciosas de las conciencias de hoy, por ser éstas vivientes piedras de toque del alma.-

 

 

MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL, Sección II, § 32.

(Jenseits von Gut und Böse. Vorspiel einer Philosophie der Zukunft)

* Las expresiones en negrita y coloreadas no están en el original.

 

 

 

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