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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO y LA PROCEDENCIA DE LO ILÓGICO Por el Dr. Friedrich Nietzsche
A lo largo de enormes períodos el intelecto no produjo más que errores; algunos de éstos resultaron ser útiles y conservadores de la especie: quienes se encontraron con ellos o los heredaron, libraron con gran suerte su lucha por sí mismos y por su descendencia. Tales erróneos artículos de fe, que sin cesar se heredaron una y otra vez, y que finalmente se transformaron casi en un componente fundamental de la especie humana, son, / por ejemplo, éstos: que existen cosas duraderas, que existen cosas iguales, que existen cosas, materias, cuerpos, que una cosa es tal como ella parece, que nuestro querer es libre, que lo que es bueno para mí, también es bueno en sí y por sí mismo. Sólo muy tardíamente aparecieron los que negaron y dudaron de esas proposiciones –sólo muy tardíamente hizo su aparición la verdad, como la forma más débil del conocimiento. Parecía que con ella no se podía vivir y que nuestro organismo estaba ajustado de acuerdo con lo contrario a ella, todas sus funciones más altas, las percepciones de los sentidos y, en general, todo tipo de sensaciones, trabajan, con aquellos antiguos errores básicos ya incorporados. Más aun: aquellas proposiciones se convirtieron incluso, dentro del conocimiento, en las normas según las cuales se medía ‘lo verdadero’ y lo ‘no verdadero’ –hasta llegar a las regiones más apartadas de la lógica pura. En conclusión: la fuerza del conocimiento no reside en su grado de verdad, sino en su antigüedad, en su hacerse cuerpo, en su carácter de condición para la vida. Cuando la vida y el conocimiento parecieron entrar en contradicción, nunca se llegó a luchar seriamente; la negación y la duda eran consideradas allí como una locura. Aquellos pensadores de excepción, como los eléatas, quienes a pesar de todo plantearon y mantuvieron la contraposición de los errores naturales, creyeron que era posible vivir también esta contraposición: ellos inventaron al sabio como al hombre de la inmutabilidad, impersonalidad, universalidad de la intuición, como siendo a la vez uno y todo, poseyendo una capacidad propia para aquel conocimiento vuelto al revés; ellos estaban en la creencia de que conocimientos era a la vez el principio de la vida. Pero para poder afirmar todo esto, ellos tuvieron que engañarse acerca de su propia situación: tuvieron que atribuirse una impersonalidad y duración sin cambio, tuvieron que negar el poder de los instintos en el conocimientos y, en general, tuvieron que concebir la razón como siendo completamente libre, como una actividad que surge de sí misma; ellos cerraron los ojos ante el hecho de que también habían llegado a sus proposiciones en contradicción con respecto a lo que era válido o a su anhelo de reposo o de propiedad exclusiva o de dominio. El desarrollo más sutil de la honradez de la duda hizo finalmente imposibles también a estos hombres, asimismo, su vida y sus juicios se mostraron como independientes de los antiguos instintos y errores básicos de toda existencia sensible.
Esa honradez y duda más sutil se formó en todas aquellas ocasiones en donde dos proposiciones contrapuestas parecieron ser aplicables a la vida, porque ambas avenían con los errores básicos, y en donde, por consiguiente, se podía disputar acerca del mayor o menor grado de / utilidad para la vida; igualmente se formó allí donde las nuevas proposiciones, si bien no eran útiles para la vida, tampoco eran, por lo menos, dañinas, manifestándose como expresiones de un juego instintivo intelectual, inocente, feliz, como todo juego. Paulatinamente se llenó el cerebro humano con tales juicios y convicciones; efervescencia, lucha y deseos de poder surgieron en esta madeja. No sólo la utilidad y el placer, sino todo tipo de instintos tomaron partido en la lucha por las ‘verdades’; la lucha intelectual se convirtió en quehacer, estímulo, profesión, obligación, dignidad: el conocimiento y la aspiración a la verdad se dispusieron finalmente en su lugar, como algo que se ha menester entre todas las menesterosidades. A partir de entonces, no sólo la creencia y la convicción fueron un poder, sino también la prueba, la negación, la desconfianza, la contradicción; todos los instintos ‘malvados’ quedaron subordinados al conocimiento, puestos a su servicio, y recibieron el brillo de lo permitido, distinguido, útil y, por último, la aureola y la inocencia de lo bueno. El conocimiento se convirtió entonces en un trozo de la vida misma y, en tanto vida, en un poder que crecía continuamente: hasta que finalmente chocaron entre sí los conocimientos y aquellos antiguos errores básicos, siendo considerados ambos como vida, como poder, existiendo ambos en los mismos nombres. El pensador: ése es ahora el ser en el cual luchan su primera lucha el instinto por la verdad y aquellos errores sostenedores de la vida, luego que el instinto por la verdad quedó demostrado como un poder sostenedor de la vida. En relación con la importancia de esta lucha, todo lo demás carece de interés: aquí está planteada la pregunta final acerca de la condición de la vida, y aquí es donde habrá hecho el primer intento por responder mediante el experimento a esa pregunta. ¿Hasta qué punto tolera la verdad hacerse cuerpo [die Einverleibung: la incorporación]? –Ésa es la pregunta, ése es el experimento.
¿De dónde surgió la lógica en las cabezas humanas? Seguramente desde lo ilógico, cuyo reino debe haber sido enorme originariamente. Ahora bien, perecieron muchos e incontables seres que hacían inferencias de una manera distinta a como nosotros lo hacemos hoy […] quien inducía muy lentamente, quien era muy cuidadoso en la inducción, tenía muchas menos probabilidades de seguir viviendo, comparado con aquel que ante cualquier semejanza conjeturaba inmediatamente la igualdad. Pero la tendencia predominante a manejar lo semejante como lo igual –una tendencia ilógica, pues en sí mismo no existe nada igual–, creó inicialmente todo el fundamento de la lógica. Igualmente, para que surgiera el concepto de sustancia que le es imprescindible a la lógica –aun cuando en el sentido más estricto no le corresponda nada real–, durante largo tiempo se tuvo que dejar de ver y de sentir lo cambiante a las cosas […] Ningún ser viviente se habría conservado si no se hubiese cultivado con extraordinaria fuerza la tendencia contrapuesta: es preferible afirmar antes que suspender el juicio, es preferible consentir antes que negar, juzgar antes que ser justos. El curso de los pensamientos y conclusiones lógicas en nuestro cerebro actual corresponde a un proceso y lucha de instintos, cada uno de los cuales es en sí mismo bastante ilógico e injusto: tan rápido y tan oculto se desarrolla ahora en nosotros este antiquísimo mecanismo.-
LA CIENCIA
JOVIAL («La Gaya Scienza»).
Venezuela, Caracas, 1985. Págs 106 a 109. El ORIGEN DEL CONOCIMIENTO, § 110 y la PROCEDENCIA DE LO ILÓGICO, § 111. ** La negrita es mía.
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