Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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de “ESCRITOS PÓSTUMOS”

de Friedrich W. Nietzsche

 

 

LENGUAJE Y CONOCIMIENTO

 

            Lo que más fundamentalmente me separa de los metafísicos es esto: no les concedo que sea el yo el que piensa. Tomo más bien al mismo yo como una construcción del pensar, construcción del mismo tipo que ‘materia’, ‘cosa’, ‘sustancia’, ‘individuo’, ‘número’, por tanto sólo como ficción reguladora gracias a la cual se introduce y se imagina una especie de constancia, y por tanto de ‘cognoscibilidad,’ en un mundo del devenir. La creencia en la gramática, en el sujeto lingüístico, en el objeto, en los verbos, ha mantenido hasta ahora a los metafísicos bajo el yugo: yo enseño que es preciso renunciar a esta creencia. El pensar es el que pone el yo, pero hasta el presente se creía, como el ‘pueblo’, que en el ‘yo pienso’ hay algo de inmediatamente conocido, y que este yo es la causa del pensar, según cuya analogía nosotros comprendemos todas las otras relaciones de causalidad. El hecho de que ahora esta ficción sea habitual e indispensable, no prueba en modo alguno que no sea algo imaginado; algo puede ser condición para la vida y sin embargo falso.  35[35]

 

            Las palabras permanecen:

¡Los hombres creen que ¡también sucede lo mismo con los conceptos designados! 1[98]

 

            El carácter interpretativo de todo acontecer. No existe el acontecimiento en sí. Lo que sucede es un grupo de fenómenos seleccionados y resumidos por un ser que interpreta. 1[115] 

 

            Un mismo texto permite incontables interpretaciones: no hay una interpretación “correcta”. 1[120]

 

            [...] Interpretación, no explicación. No hay ningún estado de hecho, todo es fluido, inaprensible, huidizo; lo más duradero todavía son nuestras opiniones.

 

            Proyectar sentido en la mayoría de los casos: una nueva interpretación sobre una vieja interpretación devenida incomprensible, pero que ahora es tan sólo un signo [...]. 2 [82]

 

            [...] «Atraer» y «repeler», en un sentido puramente mecánico, es una completa ficción: una palabra. No podemos representarnos un atraer sin una intención. La voluntad de apoderarse de una cosa o de oponerse contra su poder y repelerla, eso sí que lo «comprendemos» y sería una interpretación que podríamos usar.

 

            Brevemente: la necesidad psicológica de una creencia en la causalidad estriba en la irrepresentabilidad de un acontecer sin intenciones. Pero con ello naturalmente no se dice nada sobre la verdad o falsedad (justificación) de una tal creencia. La creencia en causae cae con la creencia en téle (contra Spinoza y su causalismo). 2[83]

 

            ¿Qué es lo que únicamente puede ser el conocimiento?

            -Interpretación, no «explicación». 2[86]

 

            Ilusión de que algo sería conocido al tener una fórmula matemática para el acontecer: tan sólo está designado, descrito, ¡nada más! 2 [89]

 

            Impregna mis escritos que el valor del mundo reside en nuestra interpretación (que quizás en alguna parte son posibles todavía otras interpretaciones que las meramente humanas); que las interpretaciones tradicionales son apreciaciones perspectivistas, gracias a las cuales podemos mantenernos con vida, es decir con voluntad de poder, de crecimiento del poder; que toda elevación del hombre comporta la superación de interpretaciones más limitadas; que todo refuerzo conseguido, toda extensión de poder, abre nuevas perspectivas y significa creer en nuevos horizontes. El mundo que nos es un poco tolerable es falso, es decir: no es ningún hecho, sino una invención poética y el redondeo a partir de una pequeña suma de observaciones; está «en flujo», como algo en devenir, como una falsedad siempre perpetuamente removida y que nunca se acerca a la verdad, pues no hay «verdad» alguna.  2[108]

 

            [...] ¿Qué es verdad? (inercia, la hipótesis de donde brota el contentamiento, el menor consumo de fuerza espiritual, etc.) 2[126]

 

            No debemos preguntarnos: «¿quién –interpreta pues?», al contrario, el interpretar mismo, corno una forma de la voluntad de poder, tiene existencia (pero no como un «ser», sino como un proceso, un devenir) como una afección. 2[151]

 

            El origen de las “cosas” es por completo la obra de los que imaginan, de los que piensan, quieren, inventan. El concepto mismo de “cosa” tanto como sus propiedades. –Incluso “el sujeto” es algo creado de esta forma, una “cosa” como todas las otras: una simplificación para designar la fuerza que pone, interpreta, piensa, como tal, a diferencia de todo poner, inventar, pensar, singular y aislado. La capacidad, a diferencia de todo lo singular y aislado, designa, pues: en el fondo, el hacer resumido en relación a todo hacer aún previsible (el hacer y la probabilidad de un hacer semejante). 2[152]

 

            Nuestra mala costumbre de tomar un signo mnemotécnico, una fórmula de abreviación, como esencia y finalmentecomo causa; por ejemplo, decir del rayo que «ilumina». O incluso la palabrita «yo». Poner nuevamente un tipo de perspectiva en la visión como causa de la visión misma, ¡tal fue el juego de manos en la invención del «sujeto» del «yo»! 2[193]

 

         Ponemos la palabra allí donde comienza nuestra ignorancia, donde no podemos ver más allá, por ejemplo: la palabra «yo», la palabra «hacer», la palabra «sufrir», éstas son quizás las líneas del horizonte de nuestro conocimiento, pero no «verdades». 5[3]

 

            Solución fundamental: creemos en la razón: pero esta es la filosofía de los conceptos grises, el lenguaje está construido sobre los prejuicios más ingenuos. Ahora leemos en las cosas disonancias y problemas que nosotros mismos les hemos introducido debido a que sólo pensamos en la forma del lenguaje -y a que por ello, creemos la “verdad eterna” de la “razón”, por ejemplo, sujeto, predicado, etc. Dejamos de pensar si no lo queremos hacer bajo la constricción del lenguaje, llegamos a la duda de  ver aquí un límite como límite.

 

            El pensamiento racional es un interpretar según un esquema del que no nos podemos desprender.  5[22]

 

            [...] nuestras condiciones de existencia prescriben las leyes generales en el interior de las cuales vemos, podemos ver formas, figuras, leyes.  6 [8]

 

            El conocimiento en sí es imposible en el devenir, ¿como es posible el conocimiento? Como error sobre sí mismo, como voluntad de poder, como voluntad de ilusión. Devenir en tanto que inventar, querer, negarse a sí mismo, superarse a sí mismo: ningún sujeto, sino un hacer, poner, creador, nada de “causas y efectos”. 7 [54]

 

            Contra el positivismo, que se detiene en los fenómenos: “sólo hay hechos” yo diría: no, precisamente no hay hechos, sino sólo interpretaciones. No podemos constatar ningún hecho “en sí”; tal vez sea un absurdo querer algo por el estilo. “Todo es subjetivo” decís; pero ésta ya es una interpretación, el “sujeto” no es nada dado, es sólo algo añadido por la imaginación, algo añadido después. ¿Es en fin, necesario poner todavía al intérprete detrás de la interpretación? Ya esto es invención, hipótesis. 7[60]

 

            (46) Inmenso acto de a u t o e x a m e n: volverse conciente de sí mismo no como individuo sino como humanidad. Recapacitemos, pensemos hacia atrás: recorramos los pequeños y los grandes caminos.

 

            El hombre busca “la verdad”: un mundo que no se contradiga, no engañe, no cambie, un mundo verdadero un mundo en el que no se sufra: contradicción, engaño, cambio ¡causas del sufrimiento!

 

            El hombre no duda de que hay un mundo como debe ser; quisiera buscar el camino que conduce a él (Crítica  hindú: incluso el “yo” como aparente, como no-real)

 

            ¿De dónde toma el hombre en este caso el concepto de realidad

 

            Por que deriva el sufrimiento precisamente del cambio, del engaño, de la contradicción? ¿Por qué no más bien su dicha?... El desprecio, el odio contra todo lo que pasa, cambia y se transforma: -¿De dónde proviene esta valoración de lo permanente?

 

            Evidentemente, aquí la voluntad de verdad es el simple deseo de encontrarse con un mundo de lo  permanente.

 

            Los sentidos engañan, la razón corrige los errores: en consecuencia, se concluye que la razón es el camino hacia lo permanente; las ideas que tienen menos de los sentidos deben estar más próximas al “mundo verdadero”. De los sentidos provienen los mayores golpes de desgracia ellos son embaucadores, seductores, aniquiladores.

 

            La dicha solo puede estar garantizada en lo que es: cambio y dicha se excluyen. El deseo supremo tiene en vista la identificación con lo que es. Este es el curioso camino a la más alta dicha.

 

            En suma: el mundo, tal y como debería ser, existe; este mundo en el que vivimos es solamente error este mundo nuestro no debería existir.

 

            La creencia en lo que es se manifiesta solamente [como] una simple consecuencia: el verdadero primum mobile es la falta de fe en lo que deviene, la desconfianza hacia lo deviniente, el menosprecio hacia todo devenir...

 

            ¿Qué especie de hombre reflexiona de esta manera? Una especie sufriente, improductiva, una especie cansada de la vida. Si nos figuráramos la especie contraria de hombre, a ésta no le seria necesaria la creencia en lo que es: más aún, lo despreciaría como muerto, aburrido, indiferente...

 

            La creencia en que el mundo tal y como debería ser, es, existe realmente, es una creencia de los improductivos que no quieren crear un mundo como debe ser. Ellos lo erigen como existente, buscan medios y caminos para acceder a él. “Voluntad de verdad” como impotencia de la voluntad de crear.

 

            Ficción de un mundo que corresponde a nuestros deseos, artificios e interpretaciones psicológicas, para vincular con ese mundo verdadero todo lo que veneramos y experimentamos como agradable.

 

            La “voluntad de verdad” es, en este nivel, esencialmente, el arte de la interpretación, para lo cual es precisa todavía la fuerza interpretativa. La misma especie de hombre, al tornarse todavía un nivel más pobre y no estar ya mas en posesión de la fuerza para interpretar; la fuerza de crear ficciones, produce al nihilista. Un nihilista es un hombre que juzga que el mundo tal y como es no debería ser, y que el mundo tal y como debería ser, no existe. Por consiguiente, existir (obrar, sufrir, querer, sentir) no tiene ningún sentido: el p a t h o s del “en vano” es el p a t h o s del nihilista a la vez en tanto p a t h o s, una inconsecuencia del nihilista.

 

            El que no puede poner su voluntad en las cosas, el carente de voluntad y fuerza, pone al menos un sentido en ellas: esto es, la creencia de que existe una voluntad, que quiere o debe querer en las cosas.

 

            Es un barómetro de la fuerza de voluntad ver hasta donde se puede prescindir del sentido de las cosas, hasta donde se soporta vivir en un mundo desprovisto de sentido: porque uno mismo organiza un pequeño fragmento de aquél.

 

            La mirada objetiva de la filosofía puede ser, por lo tanto, un signo de la pobreza de voluntad y de fuerza. Pues, la fuerza organiza lo próximo y lo sumamente próximo; los “hombres del conocimiento”, que quieren solamente sujetar lo que es, son lo que no pueden determinar como debe ser nada.

 

            Los artistas, una especie intermedia: fijan por lo menos un símil de lo que debe ser son productivos, en tanto realmente modifican y transforman; no así los hombres de conocimiento, que dejan todo como está.

 

            Vinculo de los filósofos con las religiones pesimistas: la misma especie de hombre (le adjudican el más alto grado de realidad a las cosas altamente valoradas)

 

            Conexión de los filósofos con los hombres morales y sus evaluaciones. (La interpretación moral del mundo como s e n t i d o, después de la decadencia del sentido religioso).  

 

            Superación de los filósofos, mediante la destrucción del mundo del ser: periodo intermedio del nihilismo: antes de que este aquí la fuerza para volver los valores, para divinizar y bendecir el mundo deviniente, aparente, como el único mundo.

 

            B. El nihilismo como fenómeno normal puede ser un síntoma de creciente fortaleza o de creciente debilidad, puede ser, en parte, que la fuerza para crear, para querer, ha crecido hasta el punto de no requerir más de estas interpretaciones totalizantes e introyecciones de sentido (“tareas más inmediatas”, Estado, etc.

 

            En parte, que incluso la fuerza creativa que genera sentido ceja y la desilusión se vuelve el estado imperante. La incapacidad de creer en un “sentido”, la “falta de fe”.

 

            ¿Qué significa la ciencia en relación con ambas posibilidades?           

            1) como signo de fuerza y autodominio,

como poder-prescindir de mundos ilusorios dispensadores de consuelo y salvación

            2) como socavante, diseccionante, desilusionante, debilitante.

 

            C. La fe en la verdad, la necesidad de tener un apoyo en algo que se crea verdadero: reducción psicológica al margen de todos los sentimientos valorativos que han existido hasta ahora. El temor la pereza. también la falta de fe.: reducción. ¿En que medida la falta de fe adquiere nuevo valor; si no existe en absoluto un mundo verdadero (a causa de ello quedan liberados nuevamente los sentimientos valorativos que han sido derrochados hasta ahora en el mundo del ente).  9[60]

 

         Es necesaria la aceptación del ente para poder pensar e inferir: la lógica tan sólo maneja fórmulas para cosas estables.

 

         Por ello esa aceptación carecería de fuerza probatoria para la realidad: «el ente» forma parte de nuestra óptica.

 

         El «yo» como ente (intacto ante el devenir y la evolución).

 

         El mundo ficticio del sujeto, de la substancia, de la «razón», etc. es necesario: hay en nosotros un poder que ordena, simplifica, falsifica, separa artificialmente. «Verdad»: voluntad de hacerse dueño de la multiplicidad de las sensaciones, ensartar los fenómenos bajo categorías determinadas. En ello partimos de la creencia en el «en sí» de las cosas (tomamos los fenómenos como reales).

 

            El carácter del mundo en devenir como informulable, como «falso», como «contradiciéndose».

 

            Conocimiento y devenir se excluyen. Por consiguiente el «conocimiento» tiene que ser otra cosa: tiene que precederle una voluntad de hacer-cognoscible, una especie de devenir mismo tiene que crear la ilusión del ente. 9[89]

 

 

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