Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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de “ESCRITOS PÓSTUMOS”

de Friedrich W. Nietzsche

 

 

ENTORNO A LA LUCHA CONTRA EL DETERMINISMO

 

El que algo suceda regularmente y suceda previsiblemente no implica que suceda necesariamente El que un quantum de fuerza se determine y se comporte en cada caso determinado de una sola forma no 1o convierte en “voluntad no libre”. La “necesidad mecánica” no es un hecho: nosotros somos los que la hemos introducido primeramente en el acontecer en el acto mismo de interpretarlo. Hemos interpretado la formulabilidad del acontecer como consecuencia de una necesidad que gobierna por encima del acontecer. Pero el que yo haga algo determinado no implica, en ningún caso, que lo haga compelido. La compulsión no es en absoluto demostrable en las cosas: la regla demuestra solamente que uno y el mismo acontecer no es a la vez un acontecer distinto. Sólo porque hemos introducido sujetos, “actores”  en las cosas al interpretarlas, surge la apariencia de que todo acontecer es la consecuencia de una compulsión ejercida sobre sujetos ¿ejercida por quién? nuevamente por un “actor”. Causa y efecto un concepto peligroso mientras se piense en un algo que causa  y en un algo sobre e1 que se obra efecto.

 

            A) La necesidad no es un hecho sino una interpretación.

 

            B) Una vez que se ha comprendido que el “sujeto” no es nada que obre sino una ficción entonces se sigue de aquí una diversidad de cosas.

 

            Nos hemos inventado la cosidad según la imagen del sujeto y la hemos introducido interpretativamente en e1 fárrago de las sensaciones. Tan pronto como dejamos de creer en un sujeto efectivo caduca entonces también la creencia en cosas efectivas, en el efecto recíproco, en causa y efecto entre aquellos fenómenos que llamamos cosas.

 

            Caduca obviamente, por esta razón, también el mundo de los ÁTOMOS EFECTIVOS: cuya conjetura se ha hecho siempre bajo el supuesto de que se necesitan sujetos.

 

            Caduca, por último, también la “COSA EN SÍ”: porque esta es, en e1 fondo, la concepción de un “sujeto en sí”. Pero hemos comprendido que el sujeto es fingido. La oposición “cosa en sí” y “fenómeno” es insostenible; con ello caduca el concepto de “fenómeno”.

 

            C) Abandonemos el sujeto efectivo, asimismo el objeto sobre el que se obra  efecto. La perduración, la igualdad consigo mismo, el ser, no es algo inherente al sujeto ni tampoco a aquello que se llama objeto: se trata de complejos del acontecer aparentemente perdurables con respecto a otros complejos -así por ejemplo, en virtud de una diferencia en el ritmo de1 acontecer. (Reposo-movimiento, fijo-suelto: opuestos, todos estos, que no existen en sí y con los que se expresan solamente diferencias de grado que para cierto alcance de la capacidad óptica tienen el aspecto de opuestos). 

 

            No hay opuestos: sólo en virtud de los opuestos de la lógica tenemos el concepto de opuesto -y transferidos falsamente a las cosas a partir de ellos.

 

            D) Abandonemos el concepto de “sujeto” y “objeto” y luego también el concepto de “substancia” y, por consiguiente, también sus distintas modificaciones, por ejemplo, “materia”, “espíritu” y otras entidades hipotéticas: “eternidad e inmutabilidad de la materia”, etc. Nos hemos librado de la materialidad.

 

            Dicho moralmente: el mundo es falso. Pero, la moral es falsa en la medida en que ella misma es parte de este mundo. 

 

            La voluntad de verdad es un hacer-fijo, un hacer-verdadero- perdurable, un perder-de-vista aquel carácter falso, una reinterpretación de este carácter que conduce al ente.

 

            La verdad no es, pues, algo que estuviese ahí y hubiese de ser encontrado, descubierto, sino algo que hay que crear y que da el nombre para un proceso, más aún, para una voluntad de sometimiento que no tiene en sí final alguno: introyectar verdad, en cuanto un processus in infinitum, un  disponer activamente, no un hacerse conciente de algo [que] fuera “en sí” algo fijo y determinado. Es una palabra para la “voluntad de poder”.

 

            La vida está fundada sobre la condición de una creencia en lo constante y regularmente-recurrente, entre más poderosa la vida, tanto más ancho es el mundo conjeturable, el mundo que, por así decirlo ha sido hecho ente. Logización, racionalización sistematización, como recursos de la vida.   

 

            El hombre proyecta fuera de sí, en un cierto sentido, su “meta”, como mundo del ente, como mundo metafísico, como “cosa en sí”, como mundo ya existente.

 

            Su necesidad en cuanto creador inventa el mundo en el que él trabaja, lo anticipa: esta anticipación (“esta creencia” en la verdad) es su sostén.

 

            Todo acontecer, todo movimiento, todo devenir como un fijar relaciones de grado y de fuerza, como una lucha... 

 

            El “bienestar del individuo” es tan imaginario como “el bienestar del género”: el primero no es sacrificado en aras del último, el género es, visto desde lejos, algo tan fluido como el individuo. La “conservación del género”  es sólo una consecuencia del crecimiento del género, esto es, de la superación del género en el camino hacia una especie más fuerte. 

 

            Tan pronto como imaginamos a alguien que es responsable de que seamos de esta y de tal manera etc., (Dios, naturaleza), tan pronto, pues, como le atribuimos nuestra existencia, nuestra dicha y miseria como intención, nos arruinamos, la inocencia de1 devenir. Tenemos, entonces, alguien que quiere conseguir algo a través de nosotros y con nosotros. 

 

            Que la supuesta “adecuación teleológica” (“la ADECUACIÓN TELEOLÓGICA infinitamente superior a todo arte humano”) es tan sólo la consecuencia de aquella voluntad de poder que tiene lugar en todo acontecer que e1 llegar a ser más fuerte conlleva ordenamientos que semejan un proyecto de adecuación teleológica que los supuestos fines no son intencionados, sino que tan pronto como se ha alcanzado e1 predominio sobre un poder inferior y este último entra a trabajar como función de1 mayor, un orden de rango, de organización, tiene que crear la impresión de un orden de medio y fin.

 

Contra la aparente “necesidad

-ésta es sólo una expresión de que una fuerza no es también otra cosa distinta.

 

Contra la supuesta “adecuación teleológica

-esta última sólo una expresión de un orden de esferas de poder y su juego concertado

 

            La distinción y transferencia lógicas como criterio de la verdad (“omne illud verum est, quod clare et distincte percipitur”, Descartes): con ello se hace deseable y verosi.mil la hipótesis mecanicista del mundo.

 

            Pero esto es una burda confusión: como simplex sigillum veri. ¿De dónde se sabe que la verdadera conformación de las cosas está en esta relación con nuestro intelecto -¿No será distinto? ¿Que la hipótesis que le da mayormente la sensación de poder y seguridad es preferida, apreciada y consecuentemente designada como verdadera por é1? -El intelecto coloca su poder y capacidad más libre y más fuerte como criterio de lo más valioso, por tanto, de lo verdadero...  “verdadero”: en lo que respecta al sentir-: lo que estimula al sentir de la manera más fuerte (“Yo”) en 1o que respecta al pensar -lo que da al pensamiento la más grande sensación de fuerza; en lo que respecta al palpar, ver, oír aquello frente a lo cual hay que ofrecer la mayor resistencia. 

 

            Así pues, los grados máximos en e1 desempeño despiertan, con referencia al objeto la creencia en su “verdad”, esto es, en su realidad. La sensación de fuerza, de lucha, de resistencia, persuade de que existe algo a lo que aquí se ofrece resistencia. 9[91] 

 

            Fracasamos al afirmar y negar una y la misma cosa: éste es un principio empírico subjetivo en el que no se expresa ninguna «necesidad», sino solamente una impotencia.

 

            Si, según Aristóteles, el principio de contradicción es el más cierto de todos los principios, si es el último y el más básico, al que se remite toda demostración; si en él reside el principio de todos los demás axiomas, entonces se debería sopesar con el mayor rigor qué aseveraciones presupone ya en el fondo. ¿O bien, con él se asevera algo concerniente a la realidad, a lo existente, como si ya lo conociéramos por otros medios: es decir que los predicados contradictorios no pueden serle aplicados. O bien, el principio significa que los predicados contradictorios no deben serle aplicados? En este caso, la lógica sería un imperativo, no para el conocimiento de lo verdadero, sino para sentar y disponer un mundo que nosotros debemos llamar verdadero.

 

            En resumen, la cuestión permanece abierta: ¿Los axiomas lógicos son adecuados a lo real, o bien son norma y medio propios para crear lo real, el concepto de «realidad»?... Pero, para poder afirmar lo primero se tendría como se ha dicho que conocer ya lo existente; cosa que en absoluto es el caso. Así pues, el principio no comporta ningún criterio de verdad, sino un imperativo sobre lo que DEBE valer como verdadero.

 

            Admitiendo que no existe en absoluto esa A idéntica a sí misma tal como presupone toda proposición de la lógica (también de la matemática), esa A sería ya una apariencia; entonces la lógica tendría como presuposición un mundo meramente aparente. De hecho, creemos en aquella proposición bajo la impresión de la infinita empiria que, constantemente, parece confirmarla. La «cosa», ése es el auténtico sustrato de aquella A: nuestra creencia en «cosas», es la presuposición de nuestra creencia en la lógica. La A de la lógica es, como el átomo, una reconstrucción a partir de la «cosa»... En la medida que no comprendemos eso y que hacemos de la lógica un criterio del verdadero ser, estamos ya en trance de sentar como realidades todas estas hipóstasis: substancia, predicado, objeto, sujeto, acción, etc.; es decir: concebir un mundo metafísico, esto es: un «mundo verdadero» (el, cual no obstante es otra vez el mundo aparente). [...]

 

            La prohibición conceptual a contradecirse procede de la creencia en que podemos formar conceptos y en que un concepto no sólo denomina lo verdadero de una cosa, sino que lo atrapa... De hecho, la lógica (como la geometría y la aritmética) sólo trata de verdades ficticias QUE NOSOTROS HEMOS CREADO. La lógica es el intento de comprender el mundo real según un esquema del ser puesto por nosotros mismos, de hacerlo más exacto, formulable para nosotros, calculable ... 9[97]

 

 

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