Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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ZARATUSTRA, EL CRUCIFICADO Y NIETZSCHE

Por el Prof. Pablo H. Bonafina ©

 

 

ZARATUSTRA (el mítico profeta persa fundador del mazdeísmo), según algunos investigadores, fue el primer presentador de la moral dialéctica de los opuestos del bien y del mal, y Jesús de Nazareth (el profeta judío fundador del cristianismo), reconocido como EL CRUCIFICADO –al punto de ser simbolizado en y por la Cruz–, fue considerado como el presentador de la superación del mal en y con el hacer el bien, bajo el ejercicio de la compasión. Ambos profetas podrían ser considerados como la tesis y la contraTesis en la síntesis del pensamiento de Friedrich W. NIETZSCHE. En efecto, las imponentes y trascendentes figuras de Zaratustra y del Crucificado; el profeta de la misericordia y el despreciador de la compasión respectivamente, se presentan como los cimientos hacia la trascendencia de los conceptos morales dominantes en la historia de la humanidad (habida cuenta de que: bondad, culpa y pecado, entre muchos, tienen un lugar de privilegio en el elenco de los conceptos auxiliares de la moral cristiana). La posibilidad de la superación de la moral (de toda moral) no se da sino a partir del descubrimiento trasgresor de suyo, flagrante y riguroso, de este choque de fuerzas positivas y negativas (que encierran, simbólicamente, toda la moral, ya sea la primitiva o la cristiana), y del descubrimiento de sus mecanismos de imposición, engaño y ficción, descubiertos y evidentes sólo a la vista de unos pocos (pues la seguridad de la mentira devenida en realidad ha sido la base de la cultura occidental) criticada en sus fundamentos, y de manera contundente, por el Dr. Nietzsche. Ahora bien, más allá del descubrimiento y difusión del mismo, la superación de lo moral no puede consumarse con el solo quite de la máscara que cubre a la Mentira, puesto que esto se espera luego del recorrido arduo y atento por el oscuro camino en el que irán saliendo al encuentro del investigador y contemplativo los diferentes pseudos filósofos, psicólogos, teólogos y pensadores venidos de todas las disciplinas habidas e inventadas; apologistas de las mil y una Fantasías (devenidas Doctrinas), que han sido incrustadas en las conciencias humanas por la culturas de los hombres a lo largo de siglos de creencias: el suelo (presentado como) realista del que debe partir el pensamiento para desenvolverse de modo seguro y certero en el mundo. En efecto, este camino de la Mentira (hacia lo que es) está lleno de lumbres artificiales (tal como son las verdades de toda moral, para Nietzsche: sistemas de valores creados con la intención de manipular a los hombres vulgares, al hombre décadent, que se propone superar, a fin de hacerlo cobrar su verdadera naturaleza “a-moral”). Esta ausencia de oscuridad deslumbra y asombra, y atrae, encanta, obnubila, y aunque estas luces carecen de sol propio, convence a los necesitados, a las masas, a los distraídos, inclusive a los pseudos intelectuales e idiotas transeúntes que buscan tierra firme para asentarse en el mundo que se diseñó con la métrica (y que se construyó) con la contra-Voluntad de vida, y que constituye un auténtico crimen de cuanto instinto positivo y de vida sea inherente a la naturaleza original del hombre. Pero basta con detenerse, observar y pensar para poder, no sin un largo esfuerzo (sobre-Humano, en ocasiones, y estarse bajo el poder de las Tinieblas) para ver más allá de aquellas falsas estrellas, y entonces sí, ¡advendrá la esperanza!, pues se producirá el encuentro con la Luz… Pero la Luz será, curiosamente, no un dar a luz, en sentido socrático, no un parir o hallar la Verdad, sino el desenmascaramiento definitivo de la Mentira y la instalación implacable y definitiva de la sospecha y del reconocimiento de la tergiversación de lo efectivamente positivo: el decir Sí a la Vida (y su Voluntad), a pesar de los intentos de asfixia, de nuestra naturaleza tendiente a ser más, y a elevarse por encima de lo que se decretó y consagró como válido y admisible, como “lo verdadero”. Será una toma de conciencia de lo que ha sido, y de lo que es, una suerte de profunda nausea seguida, en algún caso quizás, por un sufrimiento indecible, tras el cual el intelecto podrá nublarse por un momento y fracturarse en su materia y forma, junto con el universo, y cada uno de sus dogmas, admitidos como verdaderos, y convertido, dentro de uno, en ruinas y ruindades, irrenunciables para la Razón delicada, es decir, aquella que renunció a la logización, como manera de “dar sentido” a aquello que de suyo no poseía más que un ser indefinido. De aquí en más, sólo será posible la trascendencia terrenal: el salto y la instalación en el universo de la No-Verdad, la No-Moralidad, la No-Cosificación, sino la admisión de las perspectivas, los imperativos subjetivos y el devenir dinámico, que es el acontecer mismo. Entonces, se podrá ver y comprender a Zaratustra, como tesis, al Crucificado, como contraTesis, y al mismo Nietzsche como síntesis que se autoinmoló en sus discursos para hundirse en el seno de la tierra y convertirse en suelo firme para una filosofía del porvenir, si cabe. Y este será el (re)comienzo de la historia, pero no el comienzo de una historia de la verdad, sino en el comienzo del nihilismo, del ocaso de los ídolos (de los Dogmas), del absurdo, del sinsentido, esto es: en el comienzo de la creación, de una nueva creación, que no desciende del cielo sino que se eleva desde la tierra, llevada a cabo por cada espíritu libre, por la Gran Razón, siendo Ella misma el punto de partida y de llegada, aquello a donde tiende: la realización de sus posibilidades vitales, y la entrega a la tarea de introyección de sentidos a su propia y toda existencia.-

 

Pablo Hernán Bonafina

© Ciudad de Bs. As., 2.011.-

 

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