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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
UNA HORA NOMÁS
hoy me levanté, y otra vez, con el cuerpo con todo el cuerpo escindido –extrañado, dolorido quejándose ante mí desde antes de que pudiera poder algo desde antes de que llegase a pensar algo
me dirigí hacia el baño lentamente –luego de separar con fuerza y débilmente mi mano de la pared que me sostuvo cuando, recién levantado, mi estabilidad o mis no ganas de sostenerme me arrojaron a sus brazos
al llegar, ahora lo sé, había caminado ya casi tres metros –curva incluida–, encendí la llave de luz y me dispuse a estirarme a abrir la llave del agua
esperé a que corriera el primer chorro parejo y, entonces… confirmar con pesar que el calefón estaba apagado
me di vuelta, me sostuve del marco de la puerta, y me dirigí hacia la cocina, hacia donde está el calefón –pensando ya en los fósforos, a fin de tenerlos a vista, por si acaso tuviese que retroceder dos metros
Al divisar el calefón descubrí una muralla infranqueable: un tender repleto de ropa secándose… y yo ahí, sostenido ahora a la mesa que se halla en la cocina y que parece no tener ninguna utilidad
tomé coraje, lo corrí despaciosamente con mi mano derecha –mientras con la izquierda me tomaba ahora de la mesada– para introducir mi cuerpo en el poco espacio que había creado, entre la medianera del tender y la pileta de lavar la ropa, por encima de la cuál se halla el calefón
Una vez enfrentado al calefón, el ritual que él nos exige… presionar la llave durante quince segundos hasta que salga gas suficiente que pueda alcanzar a encender, y luego presionar una efectiva vez, permanecer quince segundos más presionando… y, luego… ya está
de nuevo todo el trayecto hasta el baño: darme vuelta, traspasar de nuevo el tender –sin hacer mucho ruido para que ella no despierte era temprano y es domingo– ir hasta la puerta de la cocina, girar hacia el living, tomar por esa ruta hasta la puerta del baño, volver a girar, y entrar, nuevamente; encender el grifo de la bañera, esperar de nuevo el agua y la noticia de no tan caliente (que no es azar o suerte sino resultado de la memoria, el estudio y la reflexión de las llamas precisas de calefones a temperatura moderada, a fin de que no suceda lo que algunas veces… si el cálculo falla y se pone fría, es demasiado para mis fuerzas matinales retornar)
introducir mi pie izquierdo en la bañera, al tiempo que me apoyo en los azulejos azules, luego el derecho, y avanzar ahora decididamente hacia el agua –últimamente la sensación del agua caliente en mi rostro se volvió una necesidad, preciso sacarme el sueño y el cansancio que se me abandona y dejar que corran por la rejilla
luego estirarme a tomar el shampoo, poner un poco sobre la palma de mi mano, volver a estirarme para dejarlo en el borde de la bañadera, afirmar bien mis pies, dejar de sostenerme, para esparcirlo sobre mi cabeza, y quitarlo a los segundos bien de mí
volverme a estirar, tomar el jabón… y lo mismo no ya sobre mi cabeza…
(encima hoy, otra vez, el agua salió de la bañera y mojó el piso… casi un no tan fino metro de agua se extendía hacia la pileta pero es demasiado pensar en esto cuando aun no se ha secado uno…)
uno creería que el baño se termina cuando se cierra la llave del agua, pero entre esto y el fin hay un abismo para mí… quitarme un poco el agua sobreabundante del cuerpo, como me es costumbre, estirarme a tomar el toallón, y comenzar a secarme de arriba abajo poner la pierna sobre el borde de la bañadera, que hace una paredcita, secarme una pierna, de ambos lados; y luego tratar de llegar al pie… y, al finalizar, lo mismo con la otra pierna; al tiempo que introducirlos en mi pantufla de una tela símil de toalla, para que no se vuelva a mojar y no resbalarme…
salí cuidadosamente de la bañera, esquivando el chorro de agua sobre el piso de azulejo azul también, fui hasta la cocina de nuevo en busca de un trapo de piso… y al regresar (he salteado el viaje de ida y vuelta, por condescendencia a quien lee y porque el agua caliente y el tiempo han favorecido algunos movimientos) arrojarlo al suelo y, con mi pie, moverlo hacia donde está el charquito largo, y luego de unos instantes en dirección al lugar de su procedencia
terminar de secarme, ponerme la ropa interior, colgar la toalla, mirarme al espejo y notar que… mi barba oscurecía ya mi rostro… y pensar en el tiempo que tal vez no tenga mañana… (pues los Lunes madrugo al entrar muy temprano a mi empleo)
aproveché y me puse a agitar el envase de la crema de afeite, mientras me agachaba hasta el abismo para abrir el cajoncito del vanitory y encontrar la maquinita de afeitar y evaluar su filo para no cortarme…
apoyé nuevamente mi cuerpo sobre mi brazo izquierdo, mi izquierda mano sobre la pared lateral al espejo, y comencé el ritual de la afeitada que incluye el esperar, sostenido, mientras el agua quita los pelos de las hojas de afeitar, y yo me voy viendo cuánto me he cortado…
todo termina con una palma en forma de pocito, con agua fría, y ésta sobre mi rostro, quitando la espuma y los pelos cortados, y una nueva lavada de ojos que se resisten a abrirse del todo –pues anoche tampoco he podido dormir entre dolores y giros en bloque…
luego cierro la puerta del baño –dejándola entreabierta con la luz prendida para ver algo– me dirijo hacia la pieza, que está contigua al baño, deposito mi cuerpo y trasero en el ángulo de la cama, y comienzo a estirarme en busca de mi ropa (voy a omitir la puesta del pantalón, media y calzado)
tomo el coraje final, me levanto y dirijo hacia la cocina para desayunar; escucho el extraño ruido del reloj que está puesto sobre la mesada, lo veo, y constato, que ya ha pasado una hora…
(créanme si les digo que no he tenido ninguna latencia neurológica, ni entrado en trance o tenido un accidente, ni que me he demorado en el baño, ni en la afeitada, pues he demorado diez, quince minutos, aproximada y simplemente, en cada cosa, y una hora ha pasado entre que me he levantado, y he puesto el agua para estos mates que tomo mientras escribo, cómo ha sido el final del comienzo de este día, un día nada especial sino uno igual a tantos otros, a la mayoría, hasta con un poco de suerte, que no fue suficiente para que no se mojara mi camisa, y levantarme a tomar un trozo de papel, quitarme los lentes, secar mi lagrimal
y esperar que se haga la hora para tomar mi medicina, para tener una ayuda para volverlo todo a ocultar, disponiendo mi rostro, como tantos que se levantan sin más sólo disgustados por el hecho de tenerse que despertar…
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