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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
EL “ÁNIMO” FRENTE AL “DESTINO”
Existió en la historia (desde el año 300 a.C., aproximadamente) una corriente filosófica, con un fuerte componente religioso místico, llamada estoicismo. Pasó a la historia por su propuesta ascética, su rigorismo en el ejercicio y práctica de las virtudes -a tal punto que “ser estoico” pasó a ser sinónimo de soportar el sufrimiento pacientemente y con una fortaleza férrea. Pero filósofos de ésta corriente de pensamiento, además de virtudes, se detuvieron a reflexionar acerca de la Naturaleza, sinónimo de la Divinidad, forjando de modo definitivo la noción de Fatum o Destino trazado de modo inexorable. De allí que sea considerada como una corriente fatalista, no tanto por pesimista sino por proponer la aceptación del fatum, y no tratar de ir contraNatura, contraDiosNaturaleza.
Pero hay una dimensión estoica que suele desconocerse. En efecto, es cierto que para el estoicismo la resignación sirve como actitud válida ante las situaciones en las que no podemos hacer nada, y que es una virtud, pero no hay que confundir la virtud con un dejarse vencer pasivo sino como un aceptar activo, aunque resulte extraño o contradictorio. Pues hay situaciones en la vida que sí dependen de nosotros y que también exigen de nosotros la virtud: las situaciones que dependen de nosotros. De éstas nadie se ha ocupado, por quietismo, comodidad, o tendencia natural a la caída...
Parece que para los filósofos estoicos es tan cierto el Destino fijado por esta NaturalezaDios como cierto margen de desconocimiento del mismo que tenemos los mortales. De ahí que debamos esforzarnos por tratar de enfrentar la adversidad con fortaleza y paciencia, pero sin excluir de éste mismo acto el poder transitar el sufrimiento con cierta alegría o buen ánimo o humor (actitud solo accesible a quien experimenta el sufrimiento desde cierta serenidad, que es una forma de virtud también). En efecto, la “alegría” o el buen ánimo, nada tienen que ver con la fatalidad, ninguna excluye a la otra, tal como surge en la mayoría de las personas de modo espontáneo. Debemos saber que las cosas no dejarán de suceder si tenemos un ánimo optimista, ni sucederán a causa de nuestro pesimismo. Por eso, mejor, aprender el arte de vivir la realidad, con todo lo que esto implica (con el miedo, sufrimiento y la muerte misma), pero del modo más humano, esto es, a la manera más racional: sabiendo que la vida es esto y aquello; lo que vivimos y lo porvivir, y la finitud y el enigma de la sugerencia innegable (según los estoicos) de un más allá, que no podemos expresar pero sí concebir, de nuestro Destino Final.
Mientras tanto, lo único importante, lo que está a nuestro alcance, es no dejar a nuestra anima caerse por la perturbación de su animus. Pues el alma no puede depender del ánimo, pues éste vaivenea según las contingencias de la existencia y nos hace quitar la mirada de la realidades profundas. El animo no puede ni debemos permitir que dependa de nada, salvo de nuestra voluntad. Podrá verse alterado o no -para los estoicos no es importante- lo importante es no dejar caer en la desesperación y en el sinsentido aquello que de divino-y-humano hay en nosotros: el alma, el núcleo divino de nuestra existencia -imperceptible para muchos superficiales pesimistas y optimistas.-
Prof. Pablo H. Bonafina Ciudad de Buenos Aires © 2007
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