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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
(IN)COMPRENSIÓN Y CONSUELO
Siempre es más fácil cuando no es uno… Es preciso saber que la mirada con la que observemos a quien sufre, por más conmiserada que sea, es “otra”, “de otro” que, desde afuera, nos mira como un espectáculo o a un fenómeno –a veces como a “espejo”, más o menos distorsionado, más o menos reflejador de una situación análoga, pero siempre otra y diferente mirada es “la del otro”. “No entendés” se escucha con hartísima frecuencia, y debemos aceptar la veracidad y densidad de esta expresión sin más, tomando conciencia de una vez por todas de que nunca dispondremos de palabras lo suficientemente precisas para “consolar” –de allí que el mejor consuelo sea el escuchar, sin juzgar… mirar o abrazar, expresando signos de ternura; mostrando con ello una Presencia, y estarse callado.
No tenemos la más remota idea de qué sufre el que sufre cuando sufre. Comparamos, imaginamos, evocamos sufrimientos nuestros, pero las circunstancias son tan únicas como las personas y sus modos de habérselas con el sufrimiento. No depende de la “capacidad para sufrir” sino de la sensibilidad única del que padece, que es poseedora de una originalidad similar a la del pensamiento del que proceden las opiniones, y así también de mudable... Pensamos y vemos y sentimos de un modo único. Por lo tanto, es en vano perseguir el “con(des)graciarse” con el que sufre –y mucho más vano es pretender algo más que no sea hacerle sentir nuestra presencia firme y silenciosa, del modo más creativo y adecuado, pues la creatividad es necesario usarla para significar una elección de un “medio” especial, pensado y ejecutado con la sola intención de “estar”.
En efecto, “estar” es lo que cabe. “Hacerse una idea” o “hablar” de lo que está padeciendo quien está algo padeciendo es una pretensión excesiva y, muchas veces, por demás torpe. No sabemos nada, no podemos “ser el otro”, a lo más podemos “tratar de ponernos frente al otro” y estarnos cerca, por si acaso aquel quisiera compartir… El resto está de más. El resto no tiene sentido, y suele ser molesto y poner al que sufre en situación de tener que esforzarse para dar gracias por lo que no pidió, y le molesta! –por condescendencia!
Ya sabemos de sobra que conocer la herida no hace que cicatrice más rápido y que, por lo tanto, no tenemos dominio sobre la mayoría de nuestras “heridas”. También sabemos que todo tratamiento requiere de paciencia, porque lleva tiempo (que ceda el “padecer”). No es lo mismo el “tiempo” que la “duración” –el primero es “objetivo”, es el cronológico, el que indican los relojes y calendarios, y la segunda es “subjetiva”, una realidad diversa, que el sujeto vive muy interior y personalmente –de allí que un mismo “tiempo” pueda variar de persona a persona que lo considera, y pueda presentar diferente “duración”. Ahora bien, aunque pueda la cura “durar una eternidad”, debemos saber que los tratamientos no son “de un tiempo infinito”, por eso, aquí, como en todo, debemos “ajustarnos al afuera” a fin de no desesperar. (Realismo, sufrientes; una vez más la propuesta es el realismo, el materialismo, el existencialismo, lo que sea que nos ayude a “ver y tocar” suelo firme y dejar de conducirnos por el pensamiento). Vendrá la cura, independientemente del deseo, y alcanzar esta certeza, que debe ser una conquista personal, para quien sufre, es la cosa más digna de ser hallada y creída, pero, lamentablemente, debe verla quien está distraído, naturalmente, en su dolor… Por eso habrá que tener paciencia, quien quiera “acompañar” habrá de “padecer con” el otro, más que querer hacerlo salir de su sufrimiento y llevarlo, a la rastra, a su “tierra de gozo”.
En efecto, “quienes consuelan” deben saber que más allá de sus pretensiones de empatía y su “buena intención” parece preciso aprender a distinguir entre la “necesidad (que tiene quien padece algún mal) de ser entendido” (que nunca se verá satisfecha, excepto que quien sufre se identifique él mismo) y la “necesidad de expresar la imposibilidad de ser entendido” (que debe respetarse como un santuario) a causa del “sufrimiento inédito” que cada humano experimenta en su propia carne y conciencia.-
Prof. Pablo H. Bonafina © 2009 Villa Santa Rita, Ciudad de Buenos Aires
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