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Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
... Durante años creí que quien no evolucionaba “involucionaba”, retrocedía, por la misma ley de la “inercia descendente” o reversa (hasta tengo un ensayo donde defiendo física y filosófica esta postura), hasta mis sentidos y entendimiento dio nuevamente en un renglón de Friedrich Nietzsche. Y fue suficiente para reexaminarlo todo y someterlo todo a un nuevo análisis. Nietzsche sostiene que estaba equivocado, puesto que no “involucionamos” -pues no se puede “ir hacia atrás”, sino hacia adelante y cíclicamente- sino que “entramos en [una] decadencia”, ya sea perdiendo el vigor de nuestro impulso de vida, o no ratificando el “SÍ” personal a cuanto se nos presenta en lo cotidiano, o resistiendo a todo cuanto nos quiera esclavizarnos. Y propone un método: rever los orígenes de las mentiras, de las fábulas, de los inventos, de la intención de la conocida intención de las acciones que nos trajeron hacia donde estamos hoy, y que nos “determinan” el rostro, en algún sentido. La manera para salir de la decadencia, para Nietzsche, es “recuperando” el instinto de vida (y diciéndole SÍ a los medios para alcanzar el fin, con tenacidad), y dejando que fluya del manantial profundo de nuestra existencia la voluntad de poder -ese deseo irrefrenable de vida que nos quieren apagar algunas circunstancias y algunos “otros”... Entonces, me pregunté: ¿se trata de empezar, otra vez? Y todos los fines de año lo mismo. Sí, dice Nietzsche, pues “todo vuelve y retorna y es uno y lo mismo” parafraseando al viejo Heráclito. Pero esta vez no se trata de “comenzar otra vez” sino de “REINVENTAR”... Nietzsche me llevó a Sartre, y éste a escribir... Y así surgió esta breve reflexión.
¿INVENTARNOS? ¿OTRA VEZ?
Si apartamos las eventuales discusiones, aparentemente repetidas, de todos los años, sobre las reuniones familiares y otras cuestiones de menor valor (regalos, comilonas y otros gastos) y nuestros planes de vacaciones truncos, inminentes o consumados, y nos detenemos un momento a “pensarnos”, en estos días privilegiados, una opción por demás válida, y hasta necesaria, dada nuestra condición natural, podría ser mirarnos en “nuestro obrar” para saber quién hemos elegido “ser” en este año que se está consumando… En efecto, si –como afirma Jean Paul Sartre en El existencialismo es un humanismo y toda su obra– la existencia precede a la esencia del hombre, y el hombre es visto como una especie animal poseyendo un “peso” específico singularísimo –al que se denomina libertad o responsabilidad, según venga el caso; deberemos comenzar diciendo que es este “animal libre” la especie única capaz de diseñar y trazar su esencia en su conciencia y hacerla eficaz en cada acto deliberado u omitido, de los que también habremos de hacernos cargo –siguiendo las sugerencias del existencialismo. De modo que, junto con este –aunque con un poco menos de radicalidad y crudeza, a fin de no sucumbir ante el peso de tamaño “don” o “diferencia específica”– podría ser buena opción la de imaginar que estamos frente a “un fin” y preguntarnos por “la esencia” que hemos esculpido de nosotros mismos, para poder mirarnos al espejo con seriedad y verdad.
¿Es esta, la que adquirimos, “la esencia” que queríamos? ¿Estamos con-formes con nuestra “forma”? ¿estamos en paz? ¿o nos habremos, en la marcha, conformado con lo que nos fue saliendo al paso, desistiendo del plan inicial? ¿o hemos sido lo suficientemente valientes, perseverantes y fuertes? ¿perdonamos más y hemos perdido un poco de orgullo? ¿admitimos y dejamos que nuestra idiotez nos humille en la cara sin enrojecernos? ¿No nos habremos confiado, acaso, en alguna especie de “destino” o nos habremos inventado algún “dios” o dependido, una vez más, de alguna “providencia” o “fetiche”? ¿Habremos sido lo suficientemente espontáneos, y habremos vivido como si hubiésemos de morir hoy (como sugirió el sabio Séneca), o como si estuviésemos viviendo nuestro último día (como propuso Epicuro, y Horacio, y tantos hombres de inteligencia refinada)? ¿Nos hemos atrevido a vivir como si estuviésemos solos en el mundo, sin dañar o molestar a nadie y, al mismo tiempo, sin depender de ninguno -sin usar a ninguno? ¿Hemos aprendido a creer menos en el “bien y el mal”, y abandonado un poco el lastre de la “culpa” que enferma y carcome la pureza del corazón (como nos enseñó y previno Nietzsche)? ¿Dejamos de buscar imposibles e inexistencias, y nos entregamos a alcanzar cada una de las pequeñas metas o realidades que se nos pusieron a la vista y deseamos? ¿o perseguimos fantasmas y fuimos tras el viento –ya sean miedos o imposibles? ¿Fuimos íntegros, “a pesar de”; tuvimos la intención de anclarnos en nuestro propósito de “ser hijo de la verdad” –si cabe? ¿Hicimos la paz y el amor más que la guerra –o fuimos unos mal...co hacedores de la fraternidad, que no es sino el destino de la Humanidad, el desafío del animal racional: hacer de su especie algo más de lo que le fue dado, con su libertad y creatividad?
La respuesta existencialista, si se la mira rigor, es optimista, pues nos muestra que ya no somos ni siquiera quien creemos que llegamos a “ser”, y se nos está imponiendo en este mismo instante que lees, la tarea de recomenzar a inventarte “tu historia” (los valores y el personaje que te animen y ayuden a seguir), y construir tu esencia. Cada acción u omisión tienen más poder y efectividad que todo el pasado, que todos los siglos que ya “no son”; el pasado ya no existe y ha quedado, cosificado, atrás, a lo sumo, en el elenco de los eventuales condicionamientos nomás. Ahora, de nuevo: las posibilidades y tu libertad están nuevamente enfrentadas, puestas frente a tu voluntad. Y puesto que se hacen nuevas todas las cosas a cada latido, “nuestra actual esencia” ni se acerca al hecho de su bosquejo… Tomemos el pico, el pincel, la gubia, el cincel y el formón –que son cada una de nuestras diferentes tipos de acciones y omisiones– y volvamos a empezar a “hacernos”, desde nuestra singularidad, pero con la convicción y el optimismo del que puede renacer –porque se sabe muriendo al segundo que ya se fue- y sabe que no “será” cosa diferente a la que elija ahora “ser”.
Prof. Pablo H. Bonafina Ciudad de Buenos Aires © 2009.
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