Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

________________________________________________________________________ 

 

LAS FRUSTRACIONES

 

            Habitualmente llamamos “frustraciones” a los sentimientos provocados por algún deseo o proyecto fallido, trunco o irrealizado. Generalmente una frustración se manifiesta como un sentimiento persistente que cala hondo en la existencia histórica concreta y que viene con una serie de “sensaciones” (y conclusiones) que inundan por completo la mente e infectan muy rápidamente nuestra psiquis. La medida o tamaño, si caben estas expresiones al hablar de este fenómeno psicológico, de la frustración está en proporción con la autoestima y con los proyectos mismos que nos hemos propuesto. De modo que uno, si se siente frustrado, debe considerar como una prioridad reverse en su autoestima y proyectos. Ya hemos hablado de la autoestima, nos queda ahora hablar un poco acerca de los “proyectos”.

 

            Hemos de saber que una frustración puede ser encontrada o buscada –tanto inconsciente como concientemente. En el caso de que “nos la encontremos”, debemos hacer con ella lo que con tantos hallazgos desagradables que se nos presentan en esta vida: tratar de dejarlos a un costado a fin de poder seguir el camino en paz, reorientándolo, si fuese preciso, a fin de no estancarnos o tropezarnos. En el caso de que la busquemos inconscientemente la cosa se complica, pues debemos rever nuestra manera de “autocastigarnos” y ver a qué mecanismos está respondiendo. Pero también puede suceder que estemos “buscando” la frustración concientemente. Esto suele suceder cuando tratamos de perseguir un proyecto que está por encima de nuestras reales capacidades o posibilidades actuales, ya que todo proyecto debe estar edificado sobre el realismo más radical. Por ejemplo, supongamos que yo quiera ser un eximio pintor, pero que nunca he pintado y que, tal como lo presiento  en el fondo, no soy lo suficientemente habilidoso para este tipo de artes pláticas. Si entre mis “proyectos existenciales” (y fuentes de realización personal e integral) está el componer maravillosas obras de arte, aunque sea ése un deseo profundo irrealizado desde hace años, es posible que me encamine hacia una frustración. En efecto, si incluyo en mi proyecto lo im-posible (para mí, en estas circunstancias reales), por mis conocidas (faltas de) aptitudes técnicas (tal vez no del todo asumidas), estoy incluyendo, desde el principio, en un proyecto o deseo una futura e inevitable fuente de frustración. Tengo que aceptar, en un acto de absoluta sinceridad, que hay muchísimas cosas que puedo hacer, pero no precisamente ésta. No puedo “engañarme” haciéndome creer que puedo lo que no puedo. Es curioso que del verbo latino “frustro” procede “frustratio” que significa, además de “decepcionar” en su segunda acepción, en su primera acepción “engañar”.

 

            Llamamos “frustración” a la sensación de “des-engaño” que se sigue de un proyecto o deseo no realizado o de una desilusión, pero, más que esto, la “frustración” es un “engaño”, una mentira, un sentimiento falso, precisamente, por todos las conclusiones (falsas) a las que se suelen abordar a partir de ella. Por otro lado, la tremenda sensación que acompaña toda frustración de haber hecho algo en vano, con todo lo que esto implica, responde también al sentido del adverbio latino “frustra” que quiere decir “en vano” o “inútilmente”. Ahora bien, sentirnos inútiles o vanos porque algo no pudo suceder no es algo conveniente, así como tampoco sensato.

  

Me han preguntado hace unos días cómo puede uno sobreponerse a las frustraciones. Lo que, antes que nada, se me ocurre es sugerir no tratar de no dejarse engañar por las sugerencias de una psiquis herida y sus conclusiones negativas y engañosas (entre las que se encuentran el sentirse un fracasado e inútil, y condenado a serlo para siempre), en primer lugar. Y, en segundo lugar, crecer en el conocimiento cabal de uno mismo. En efecto, a medida que uno se va conociendo tiene que ir haciendo proyectos cada vez más acorde a la propia realidad. Esto, entiéndase bien, para nada implica un dejar de aspirar cada vez a más, sino un ubicarse existencialmente y hacer un “presupuesto existencial” que no me coloque, en el provenir, en una situación de vulnerabilidad innecesaria (las aspiraciones deben pararse sobre nuestra naturaleza y no sobre nuestros sueños; los sueños sobre la realidad y no al revés).

 

Es obvio que no podemos todo y que muchos proyectos y deseos podrán no llegar, fallar o romperse, pero siempre deberemos hacerle frente a las situaciones con la mayor entereza de ánimo, la cuál se logra con una equilibrada autoestima y una real aceptación de nuestro, casi nulo, dominio de las circunstancias exteriores. Incluso aun cuando la expectativa o el proyecto esté puesto en uno, habrá que saber y tener el claro que no se pueden violentar los sucesos ni procesos interiores y entre nuestra voluntad y realidad hay un puente, algunas veces, insalvable. Y, sobretodo, aprender el arte de la prudencia, a la hora de hacer proyectos, y de la paciencia y de la aceptación, a la hora de enfrentarse con sus resultados, ya sean parciales o finales, a sabiendas de que la vida puede darnos en cualquier momento una revancha, y que, si esta llegase a advenir, debe encontrarnos enteros, armados, dispuestos, para poder enfrentarnos, nuevamente, si en verdad eso lo deseamos ardientemente.-

 

 

Prof. Pablo H. Bonafina

Ciudad de Buenos Aires © 2007

 

 

VOLVER