Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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¿“PALABRAS” ANTE QUIEN SUFRE? (Una anécdota)

 

            Me preocupó el otro día presenciar un monólogo entre dos personas que me pareció digno de reflexión; de esas reflexiones que se piensan y no se escriben, pero tal vez pueda suceder lo mismo con estas precarias palabras.

 

            Los protagonistas fueron una persona enferma, un “adulto joven”, que padece “dolores crónicos” a raíz de una enfermedad que tiene desde los 18 años, y que lleva varias operaciones y tratamientos sin resultado respecto al dolor, y una persona en la misma “Sala de espera” de ese Hospital tratando de animar al enfermo con cualquier tipo de palabras de las más desafortunadas; bienintencionadas, pero desafortunadas.

 

            “¿Hay alguna “palabra” que no esté de más para decirle al que sufre?” –me preguntaba mientras estaba a punto de estallar de impotencia para no defender el “derecho a la incomprensión” que crea el dolor, como experiencia humana única de las peores de las que se puede tener conciencia, y todos esos “consejos inaplicables” pronunciados por esta persona con poca imaginación y sensatez.

 

            Y me quedé con ganas de pedirle disculpas al muchacho, porque lo que sentí fue… una suerte de extraña “vergüenza ajena”. Tuve ganas de animarlo a “decirle ‘sí’ al sufrimiento” como una vez leí que Friedrich Nietzsche se animó en toda su vida, plagada de todo tipo de sufrimientos, y con lo único que me había consolado en mis propios momentos de dolor… Pero no me dio la cara. Ese hombre había tenido suficiente, y merecía no escuchar a nadie más hablar de “su propio”, su exclusivo, SU DOLOR. No tenía nada para decir que realmente no sobrara, dado todo el episodio presenciado, y me limité a deambular en mi conciencia.

 

            Decía más arriba “monólogo” y no diálogo, porque “el dolor” no puede “dialogar” con alguien que no lo esté padeciendo, y ni siquiera con alguien que esté sufriendo exactamente de lo mismo pues es una única experiencia, como otras, pero de las más desagradables. La muerte no se le iguala al panorama del “dolor crónico”; mucho menos la no consideración del suicidio y el porvenir incierto y lleno de… más dolor!

 

A lo menos, como profesor de filosofía y antropología, y ser humano, me sentí profundamente cuestionado por más de un interrogante capital pronunciado en la existencia misma de ese joven sufriente, y de esa otra persona queriendo “decir” en el lugar, momento y a la persona equivocada un conjunto de palabras inservibles.

 

Ojala, ante esta escena, vulgar y no tan original, solamente podamos reflexionar esta lección provisoria, que se me vino al pensamiento, a manera de conclusión, escrita por Ludwig Wittgenstein, un extraordinario y modestísimo intelectual del siglo XX, al final de su Tractatus Logico-Philosophicus: “De lo que no se puede hablar hay que callar” (§ 7).-

 

 

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