Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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LA SUPERVIVENCIA INDIVIDUAL

 

... En éste mundo sólo tiene posibilidades de supervivencia el que se (pre)ocupa por sí mismo. Y entiéndase que me refiero tanto a la supervivencia física como a la psicológica, y sobre todo a ésta última, que es la más difícil de conquistar… Por eso, una y otra vez deberemos entrenarnos en el arte del desarraigo. Una vez dije que la vida es un continuo desarraigo, mas hoy agrego que, para llevar una vida individual y firme a la par, también debemos desenraizar de nuestra mente los pensamientos que nos perturban y debilitan siendo nocivos y perjudiciales de nuestro ser integral.

 

La vulnerabilidad (que puede confundirse con la estima propia quebrada o disminuida) es el comienzo de la pérdida del sentido de supervivencia y el camino hacia el exponerse ante los demás, y circunstancias, para ser aplastado como un insecto en el momento menos pensado… En efecto, a decir verdad, a nadie le importa nada que no sea él mismo, aunque éste instinto poco se vea al tenerlo los humanos más o menos civilizado, socializado o sublimado en un ficto (y subconsciente) altruismo religioso, moral o pretendidamente afectivo.

 

Por eso, debemos recuperar la conciencia de nuestra verdadera naturaleza (y vocación) que no es de gusano o insecto sino la que poseemos como animales superiores en que hemos devenido en la milenaria cadena evolutiva… Debemos liberar el instinto de vida, que es también de fuerza y de poder, más genuino, y comenzar a hablar el lenguaje de los demás: salir, enfrentar, prepotear el porvenir, y, si es preciso, matar… – ‘Matar’ significa tomar el poder que nos corresponde, con todas sus implicancias, y adueñarnos de nosotros mismos de una vez por todas… Y aunque no se trate de una fácil tarea (debemos prepararnos para luchar tanto con enemigos de afuera como de adentro de uno mismo), debemos saber que es ésta la única meta digna de ser considerada; pues sólo el que es dueño de sí (y gira en torno a su propia existencia y contingencias o, mejor, a aquello que aun puede remediarse en ‘su vida’) puede marchar hacia adelante en esta jungla disfrazada de civilización y pretender construir ‘un mundo’, donde sentirse, finalmente, un poco como ‘en casa’; donde se preserve y deje a salvo de los otros y del culposo e idiota ‘sí mismo’ infectado por criterios y valores contranatura…

 

... Lo que sucede es que, lamentablemente, la mayoría de las veces, nuestro ‘sí mismo’ tiene más de (ser) social que de individual, y vive (o prefiere vivir, frustrándose de éste modo) más la vida de los demás que la de él mismo. Para esto es preciso descubrir que ‘sí mismo’ quiere significar, e implica su sólo reconocimiento, un dejarse ya de preguntar por los demás (ya sea verdadera o hipócritamente), pues para ellos, digámoslo una vez más, nuestra vida no significa mucho más que una palabra, un pensamiento fugaz y, las más de las veces, ni siquiera eso, sino simplemente el momento cuando frente a cuando nosotros están (y porque no pueden decidir no inteligir el objeto que tienen frente a los sentidos).

 

La experiencia cotidiana muestra, sobradamente, a un solo golpe de buena vista, que a nadie le importa el otro en cuanto tal, en sí mismo, y que siempre detrás de un gesto moral o (hasta inclusive, en apariencia) amoroso se encuentra una intención que puede ser letal… es decir: o religiosa-moral (donde el castigo, la culpa y el deber son los motores del gesto) o psicopática (cuando la acción es dominada por el interés o la simple necesidad, con algún disfraz, tal vez, en apariencia, original). Por eso, advertidos de éstos movimientos, no debemos frustrarnos, ni preguntarnos y mucho menos debe importarnos su fuente de inspiración, su génesis real, ya que poco importa al final la naturaleza causal del propósito si no está centrado en nuestro exclusivo bienestar...

 

 

Por el Dr. Joachim Böffmann

 

 

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