Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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LA TERAPIA Y LOS PREJUICIOS

 

            No vamos a tratar aquí las razones por las cuales una persona se niega a asistir a un psicólogo así como tampoco las razones por las cuales algunos “intelectuales” subestiman las terapias y tratamientos psicológicos, porque esto sería ingresar en una discusión sin sentido, razones personales de “resistencia” las primeras, y razones de necedad las segundas. Lo que tienen en común tanto uno como otro caso es la poca información y formación, para tratar de nos ser duros con los primeros, quienes tal vez tengan mayor justificación que los segundos, pues el saber confiere cierta responsabilidad, a mi parecer. Nos referiremos a la “gente común”, que vive, siente, sufre, piensa y ve… experiencias propias o ajenas de ineficacia de tratamientos psicológicos y que, por lo mismo, se niegan a “ir al psicólogo”.

 

            Comenzaremos afirmando que “ir al psicólogo” es una actitud más que un acontecimiento. Quien decide ir al psicólogo ya conquistó el primer paso para solucionar aquello que percibe, él o sus íntimos sugeridores de terapia, que debe “ponerse en su lugar”. En efecto, no siempre todo está en su lugar en nuestro sistema psíquico, así como no siempre está todo en perfecto orden en nuestro sistema vascular, pulmonar o genito-urinario. Poseemos diversos sistemas, y el psíquico es, generalmente desatendido.

 

            La falla principal es la falsa creencia que se ha difundido de que el psicólogo es un profesional, en el mejor de los casos, encargado de brindar “recetas útiles y eficaces” para solucionar conflictos (pasados o presentes). Otro error es cree que en el acierto de las palabras del profesional uno encontrará la solución más óptima a algún conflicto. Desde ya que los psicólogos conocen un poco más precisamente el sistema psíquico y sus vericuetos, así como el neurólogo conoce más el sistema neurológico, pero la riqueza y virtud del psicólogo, en mi experiencia, radica más en su poder de sugerencia. En escuchar, examinar, mirar desde otra perspectiva y con otro “instrumental”, y poder sugerir… La sugerencia es el camino, no la receta. Y hasta el más pésimo psicólogo puede ser capaz de sugerir algo interesante. Pero vayamos un poco más allá de lo útil o inteligente. Un disparate analizado por quien es tratado puede llevarnos a un análisis personal al que no podríamos haber llegado por nosotros mismos. De éste modo, poder conquistar una sospecha acerca de algún aspecto de nuestra personalidad o alguna situación conflictiva es ya todo un logro, y personal!, pero al cuál no podríamos haber llegado, tal vez, por nosotros mismos, al estar envueltos por el problema.

 

            Desde ya que hay psicólogos más o menos “buenos”, “simpáticos”, “habladores” y terapias más o menos efectivas, pero el tratamiento psicológico, como todo lo demás que concierne a nuestra salud, tiene un importante e indispensable componente personal. Lo que quiero decir es que la mayoría de las terapias que he visto fracasar han sido por falta de responsabilidad del paciente y no, en primer lugar, por inexperiencia o impericia del psicoanalista… Por impaciencia, pretensiones de inmediato éxito, o por falta de reflexión crítica pos-terapia, puede fracasar un tratamiento, y nada de esto concierne al psicólogo.

 

            Toda recuperación, sea del ámbito que sea, requiere de nosotros cierta atención, ciertas pautas a seguir, es decir, una indispensable colaboración. Por ejemplo, si no tomamos los medicamentos que un médico nos prescribe para recomponernos de una enfermedad no podemos culpar al médico ni a la ciencia. Del mismo modo, quien no expresa con toda claridad sus síntomas psíquicos y sus manifestaciones cotidianas no está colaborando con el tratamiento propuesto, y es responsable de ello. Nunca me cansaré de recomendar una “libretita” donde anotar nuestros pensamientos, nuestros sueños nocturnos y diurnos, nuestros sentimientos en general ante las diferentes circunstancias, pues eso es un material preciso sobre el cuál el psicoanalista sabrá qué hacer, aunque para nosotros pueda resultar una tontería o algo relevante, pues todo lo que vivimos puede convertirse en síntoma, signo, ya sea de salud o de enfermedad psicológica.

 

            No quisiera formular la, al menos para mí, trillada frase de que el psicólogo es un ámbito “especular”, en donde podemos vernos desde otra perspectiva, pero no puedo dejar de recordar que “en terapia” podemos descubrirnos un poco más a nosotros mismos, más allá del arte del psicoanalista. Un mal médico aunque maldiagnostique puede llevarnos a una interconsulta, y del mismo modo, un psicólogo, aunque malpsicoanalice, puede llevarnos a encontrar la cura a alguna enfermedad en la que hayamos caído por la sencilla razón de que nosotros somos, en última instancia, quienes descubrimos lo que nos sucede, más allá de las palabras del profesional (quien, y esto desde ya que no vamos a negarlo, maneja algún conocimiento mayor que nosotros en algunos asuntos).

 

            Abandonemos entonces, si las tenemos las resistencias, y la creencia de que iremos a buscar tal o cuál cosa. Vamos, en efecto, al encuentro de nosotros en un ámbito propio y especial, la expectativa, volvámosla hacia nosotros, asumamos con responsabilidad la tarea, y no quedaremos defraudados, seguro de algo servirá.-

 

 

 

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