|
Φ FILOSOFÍA NUEVA ________________________________________________________________________
UN POCO DE VIOLENCIA PARA SALIR
Es difícil salir de una “depresión” sin presión *. Cuando hay una fuerza que nos tira hacia abajo, hacia nuestro pantano, no es fácil salir sino con un poco de “violencia”. Parece que un primer momento de autointimidación es preciso para iniciar la salida a la superficie. Cuando no hay ganas de nada, cuando el ánimo está hundido, aplastado, no hay manera de salir del pantano sino tirando, y con fuerza...
Es preciso acometer una primera acción que brote de nuestro instinto de conservación (y voluntad) original. Es necesario, en un acto de conciencia y primigenia inteligencia, “obligarnos” a vivir y salir si nos queremos morir. Si estamos un poco dispuestos, en el fondo podremos intuir que, en verdad, nos queremos morir solo porque no “queremos” vivir, por miedo, tal vez, o por no querer sufrir (ya, más), o por querer que sea diferente (ya), o porque, sencillamente, no nos sentimos ni creemos capaces de sobrevivir (a...) ... y además, porque bien sabemos que nos falta ese punto de atracción, ese deseo, esa ilusión, ese motor que nos ponga en marcha.
Tener un “objeto de atracción”, que mueva nuestro deseo, parece una urgencia impostergable, pero no hemos de sucumbir a la tentación. Tenemos que volvernos el centro de nosotros mismos, no contribuyendo al circulo vicioso obsesivo de quien cree que ya está fuera de juego, como quien, desganado y abatido se queda con los bolsos mirando, con bronca y desesperación, el tren que partió, con otros arriba --otros que siempre son “otros”, “no uno”. Ser el centro de uno significa comenzar a verse de verdad y con verdad, con sinceridad y con serenidad. Significa tratar de buscar y encontrar, por uno, el rumbo o sentido, pero en uno, pues yace siempre en los recovecos de nuestra existencia, y está a la espera de ser descubierto.
Nadie ni nada puede conferir un genuino sentido a nuestras existencias. Todo lo que está fuera de nosotros puede hacerse trizas en un instante. Cualquier edificio puede implosionar, incluso hasta el que creíamos más seguro puede hacerse añicos y dejarnos en la más temeraria desnudez. No obstante, muchas veces, éste derrumbe es la dirección obligatoria para el (re)surgimiento de nuestro verdadero “yo mismo” --tal vez inconquistado, por desconocido, hasta el día de hoy.
Empezar a escudriñar en nuestras vidas a fin de encontrar lo que alguna vez nos dio alegría puede ser un camino. Otro camino puede ser el realizar aquello que nunca hicimos, por las mil y una excusas o razones ciertas, o tal vez no tanto. Y otro puede ser no hacer nada, precisamente, y tratar de percibir aquellas cosas pequeñas que son fuente presente de pequeños pero auténticos momentos de gratitud. --Además, siempre podemos comenzar a contarnos qué nos pasa, y, concretamente, empezar a reconocernos en un papel, escribiendo, y conocernos, expresarnos y comenzar a poblar nuestro vacío con nosotros mismos, a fin de dejar de buscar afuera lo que el afuera no puede darnos.
Afuera --casi-- nunca está el sentido. Afuera hay “cosas”, que, incluso, puedan no ser deseadas ni percibidas como fuentes de sentido. Pero “el sentido” viene de adentro, es la tendencia de la interioridad hacia algo, es un hacia. Es más, el sentido es más una tendencia continua e indeterminada, una actitud existencial, susceptible de tomar diversos rostros, según venga la vida concreta. Sabemos que muchas “cosas”, que fueron para nosotros “todo”, pueden perder, de repente, todo tipo de sentido. Pero si, en cambio, decidimos ir viviendo el sentido como “una actitud”, irá trascendiendo sin ninguna duda, y de modo espontáneo, todos los sentidos particulares, que pueden perderse y desaparecer, dejándonos desorientados, perdidos, vacíos, solos...
Encontrarle sentido a la vida es estar dispuesto a dejarse sorprender, como un niño, de la vida. Es bajar las defensas, sentir el vacío, dejar que caigan los viejos “ídolos”, las inservibles estructuras, y empezar a ver con otra mirada todo, comenzando por nosotros mismos. Es dejar de hacerse la víctima, y dejar de vivir como un muerto --hasta puede ser, para alguno, empezar a tener verdaderas agallas para partir, día a día, de la certeza intelectual y empírica, esencial, de que cada día es nuevo, pues cada latido ignora al pasado, y marcha hacia delante, sin detenerse, y de que recomenzar y crear, a cada instante, debe ser la tarea de todo hombre, a fin de no poner “sentidos fijos”. El sentido puede, y suele de hecho, cambiar, pero es preciso saber que lo que importa es la construcción de una existencia que esté conforme con nuestro querer más íntimo, que suele surgir recién cuando logramos apartar la escoria de la herencia, del dolor y/o del pasado.
Tal vez sea necesario que alguien “muera”. Tal vez sea preciso matar al “anciano arruinado prematuramente” en que nos hemos convertido -–y que nos hunde en la desesperanza y en la depresión, y que nos quiere tirar hacia abajo, y asfixiarnos, y mutilarnos. Quizás tengamos que empezar a “abrir los ojos”, de nuevo, pero en serio.
Lo queramos o no y lo creamos o no, estamos hechos para vivir. Y esto es algo evidente, sobretodo, porque no nos morimos aunque queramos. Tratemos entonces, de buscar salir de esta pregustación innecesaria e injustificada de la muerte (pues nada puede justificar el padecer lo porvenir, y lo que no existe aun), y miremos aquel destello de luz que hay en nosotros, superviviendo, y que nos dice que todavía puede surgir algo, y aferrémonos a él, a fin de poder comenzar a salir. De todos modos, debemos aprender, desde el comienzo, que estamos hechos para lo “pequeño” o simple (según lo que se percibe en la inmediatez de la cotidianeidad), por lo cuál no debemos lanzarnos en la búsqueda de “algo grande”, extraordinario, ni hacer pender nuestra vida de un hallazgo extraordinario, pues puede nunca llegar --no nos olvidemos que debemos ir convenciendo de lo contrario a ese “viejo-infante” que siente, tan dogmáticamente, que pocas cosas, o nada, puede “sorprenderle” ya.
Me olvidaba... Si es preciso y no lo hemos hecho aun, hagamos primero lo lícito y pendiente: lloremos, insultemos y sintámonos mal, desahoguémonos pero desangutiémonos, con la certeza de que, en el fondo, estamos hechos para las superficies, para la libertad, para el aire, para la luz, para estar de pie –-aunque los pantanos de las circunstancias quieran tragarnos con sus fauces mortíferamente engañosas.
Definitivamente no considero preciso justificar filosóficamente aquí que estamos hechos para la vida, y que toda naturaleza tiende hacia el despliegue y perfeccionamiento de sus potencialidades existenciales primigenias, y que no puede evitarse el avance, el movimiento hacia delante, salvo con una férrea obstinación de la voluntad viciada que tire para abajo-y-atrás.
CONSIDERACIÓN FINAL: Muchos psicólogos consideran nociva la “violencia psicológica” (sobre todo volitiva) a la hora de tratar de salir de algún conflicto. Pero la psicosofía, como una de las formas de Psicología Nueva, considera necesario un “momento de violencia” a la hora de buscar una salida de un proceso depresivo. De la misma manera, no se niega a aceptar (el servirse de) sustitutos provisorios a fin de poder salir de alguna situación de angustia, y utilizar el sustituto como medio al alcance real a fin de trasladar el conflicto. Una vez que la persona haya salido de su depresión, lo ayudará a reconocerlo y abandonarlo, a fin de que no se produzca la permanencia de un sostén artificial, inadecuado y ficto.-
Prof. Pablo H. Bonafina Texto corregido y aumentado © 2007
______________
* La depresión es la tendencia psicoafectiva hacia abajo, es el hundimiento, en cuanto ocultamiento, de las ganas de vivir ante la presencia, conocida o ignorada, de un conflicto. Es el debilitamiento de la tendencia positiva que mueve al hombre a ir hacia delante. Su origen puede ser diverso, pero su cura pasa por el acometimiento de movimiento opuesto. El iniciar la búsqueda del sentido de la vida suele ser el camino más eficaz, al tiempo que más complejo, para salir de modo definitivo. Quien tiene un sentido lo puede usar como polo de atracción de las acciones que muevan a salir de el estado que presiona la psicología hacia abajo.
|