Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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ELEMENTOS DE MI «OBRA LÓGICO-SEMIÓTICA» *

Por el Prof. Charles S. Peirce.

Resumen y síntesis literal del texto por el Prof. Pablo H. Bonafina.

 

 

En mi caso el más elevado grado de la realidad sólo se alcanza por medio de signos, es decir, mediante ideas tales como la Verdad, la Certeza y el resto. Suena paradójico… […] Usted sabe que yo apruebo inventar nuevas palabras para nuevas ideas. No se si el estudio que llamo Ideoscopía puede ser considerado como una nueva idea, pero la palabra Fenomenología se emplea en un sentido diferente. La Ideoscopía consiste en la descripción y la clasificación de las ideas que corresponden a la experiencia ordinaria o que surgen naturalmente en relación con la vida ordinaria, sin tener en cuenta su validez o invalidez o su psicología… Llegué a clasificar todas las ideas en tres clases: Primeridad, Segundidad y Terceridad… Éstas ideas son bastantes simples. Dando al ser el más amplio sentido posible, con el fin de incluir tanto las ideas como las cosas, e ideas que imaginamos tener, así como ideas que realmente tenemos, yo definiría la Primeridad, la Segundidad y la Terceridad de este modo: Primeridad es el modo de ser de aquello que es tal como es, positivamente y sin referencia a ninguna otra cosa [las cualidades típicas de la Primeridad son las cualidades del sentir, es decir, las meras apaciencias]. Segundidad es el modo de ser de aquello que es tal como es, con respecto a una segunda cosa, pero con exclusión de toda tercera cosa [el tipo de una idea de Segundidad es la experiencia del esfuerzo, prescindiendo de la idea de una intencionalidad –pues en un esfuerzo sostenido perdemos pronto de vista la intención… Obsérvese que hablo del de la experiencia y no del sentir, del esfuerzo. –Aquí es donde se tiene una conciencia bilateral de un yo y un no-yo. Esa conciencia de la acción de un nuevo sentir, que destruye el antiguo sentir, es lo que llamo una experiencia… experiencia es aquello que el curso de la vida me ha obligado a pensar. –La idea de una determinación unilateral es una idea pura de Segundidad]. Terceridad es el modo de ser aquello que es tal como es, al relacionar una segunda y una tercera entre sí [mientras la Segundidad es la acción bruta, en la Terceridad aparece la idea de cualquier razón o ley. La Segundidad es inadecuada para abarcar todo lo que está en nuestras mentes… Si usted considera cualquier relación triádica ordinaria, encontrará siempre en la misma un elemento mental. La acción bruta es Segundidad y cualquier aspecto mental implica Terceridad… Toda combinación de relativos para formar un nuevo relativo es una relación triádica irreductible… En su forma genuina, la Terceridad es la relación triádica existente entre un signo, su objeto y el pensamiento interpretante, que es en sí mismo un signo, considerada dicha relación triádica el modo de ser de un signo. Un signo media entre el signo interpretante y su objeto –desde luego que todo concepto es un signo… Pero podemos tomar un signo en un sentido tan amplio que su interpretante no sea un pensamiento, sino una acción o una experiencia, o podemos incluso ampliar de tal modo el significado de un signo que su interpretante sea una mera cualidad del sentir. Un Tercero es algo que pone a un Primero en relación con un Segundo. Un signo es una especie de Tercero… La función esencial de un signo consiste en volver eficientes las relaciones ineficientes: no ponerlas en acción, sino establecer un habito o una regla general según los cuales actuarán cuando llegue la ocasión… –un signo es algo mediante cuyo conocimiento conocemos algo más… Todo nuestro pensamiento y conocimiento se da por signos. Por consiguiente un signo es un objeto que, por una parte, está en relación con su objeto y, por otra, con un interpretante, de tal modo que pone el interpretante en una relación con el objeto que corresponde a su propia relación con dicho objeto… –Se pueden definir los signos conforme a su propia naturaleza material, a sus relaciones con sus objetos y a sus relaciones con sus interpretantes… –Tal como es en sí mismo, el signo tiene la naturaleza de una apariencia, en cuyo caso lo llamo un cualisigno; o bien es un objeto evento individual, y entonces lo denomino un sinsigno (semel, simul, singulare), o bien tiene una naturaleza de un tipo general, en cuyo caso lo designo como un lesisigno (“palabra” es un lesisigno), el cuál posee una identidad definida, si bien suele admitir una gran diversidad de apariencias (el cualisigno no tiene identidad alguna, es la mera cualidad de una apariencia, en vez de una identidad posee una gran similitud)]. Designo estas tres ideas como las categorías cenopitagóricas.

 

            En cuanto a sus relaciones con sus objetos dinámicos, divido los signos en Iconos [un Ícono es un signo determinado por su objeto dinámico en virtud de su propia naturaleza interna –de esta naturaleza son los cualisignos… como una visión o un sentimiento], Índices [un signo determinado por su objeto dinámico en virtud de estar en una relación real con éste –tales son los lesisignos… –como un Nombre Propio, un síntoma de una enfermedad determinada] y Símbolos [un signo determinado por su objeto dinámico sólo en el sentido de que así se lo interpretará. De este modo, depende de la convención, un hábito o una disposición natural de su interpretante o una disposición natural de su interpretante, o del campo de su interpretante –Todo símbolo es necesariamente un lesisigno, pues resulta inexacto denominar símbolo una réplica (o: señal) de un lesisigno] (división propuesta por Peirce, según él mismo reconoce, en el año 1867).

 

En cuanto a su objeto inmediato, un signo puede ser un signo de una cualidad, de un existente o de una ley. / En cuanto a su relación con su interpretante significado, un signo es una Rema [es todo signo que no es ni verdadero ni falso, como casi toda palabra considerada por separado, salvo ‘sí’ y ‘no’, que son casi privativas en las lenguas modernas], un Dicente [que no es una aseveración sino un signo capaz de ser aseveración –en efecto, el acto de la aseveración no es un acto puro de significación… –Y admitiendo que un Dicente no asevera, sostengo en forma natural que no es necesario presentar o requerir realmente un Argumento] o un Argumento, lo cuál corresponde a la antigua división entre Término [que es simplemente un nombre correpondiente a una clase o nombre propio], Proposición [que es un símbolo Dicente] y Argumento [al que defino como un signo que es representado su interpretante significado no como un Signo del interpretante (la conclusión), sino como si fuera un Signo del interpretante o tal vez como si fuera un Signo del estado del universo al cual se refiere, en el cual se dan por supuestas las premisas… –(en este sentido) Defino a un Dicente como a un signo representado en su interpretante significado como si tuviera una Relación Real con su Objeto… –(en este sentido) se define una rema como un signo que es representado en su interpretante significado como si fuera un carácter o una marca].

 

Por último, su relación con su interpretante inmediato, divido los signos en tres clases, de la manera siguiente: Primero, aquellos que son interpretables en pensamientos u otros signos del mismo tipo en series infinitas. Segundo, aquellos que son interpretables en experiencias reales. Tercero, aquellos que son interpretables en cualidades de sensaciones o apariencias.  // Post Data: En conjunto, diría que hay diez clases principales de signos: 1) Cualisignos, 2) Sinsignos icónicos, 3) Legisignos icónicos, 4) Vestigios o Sinsignos Indexicales Remáticos, 5) Nombres propios o Lesisignos Indexicales Remáticos, 6) Símbolos Remáticos. 7) Sinsignos dicentes (como un retrato con un epígrafe), 8) Lesisignos Indexicales Dicente, 9) Proposiciones o Símbolos dicentes, 10) Argumentos.

 

[Nota 35 del Editor] … Peirce sólo enumera aquí las diez clases de signos que derivan de tres de sus divisiones tricotómicas: 1) un signo considerado en sí mismo; 2) la conexión entre un signo y su objeto dinamoide, y 3) un signo como una representación de un interpretante final o significante.-

 

 

* Extractos de la Carta de Ch. PEIRCE a Lady Welby, 12 de octubre de 1904.

OBRA LÓGICO-SEMIÓTICA, Editorial Taurus, Págs. 109-120.

 

  

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