Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

________________________________________________________________________ 

 

PRINCIPIOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO

Por George Berkeley

 

 

            Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles tengan existencia real o natural, distinta de la de ser percibidos por el entendimiento. Mas, por mucha que sea la seguridad con que esto se afirme y por muy general que sea la aquiescencia con que se admita, cualquiera que en su interior examine tal aserto, hallará, si no me engaño, que envuelve una contradicción manifiesta. Pues ¿qué son los objetos mencionados sino las cosas que nosotros percibimos por nuestros sentidos, y qué otra cosa percibimos aparte de nuestras propias ideas o sensaciones? Y ¿no es una clara contradicción que cualquiera de éstas o cualquier combinación de ellos, puedan existir sin ser percibidas? (IV).

 

            Hay verdades tan obvias y tan al alcance de la mente humana que para verlas el hombre sólo necesita abrir los ojos. Tal me parece que es ésta que voy a anunciar y que considero de importancia suma, a saber: que todo el conjunto de los cielos y la innumerable muchedumbre de seres que pueblan la tierra, en una palabra, todos los cuerpos que componen la maravillosa estructura del universo, sólo tienen sustancia en una mente; su ser (esse) consiste en que sean percibidos o conocidos. Y por consiguiente, en tanto que nos los percibamos actualmente, es decir, mientras no existan en mi mente o en la de otro espíritu creado, una de dos: o no existen en absoluto, o bien subsisten sólo en la mente de un espíritu eterno; siendo cosa del todo ininteligible y que implica el absurdo de la abstracción al atribuir a uno cualquiera de los seres o una parte de ellos una existencia independiente de todo espíritu. Para convencerse de ello basta que el lector reflexione y trate de distinguir en su propio pensamiento el ser de una cosa sensible de la percepción de ella. (VI)

 

            Pero los filósofos se dieron clara cuenta de que el objeto inmediato de nuestras percepciones no existe sin la mente; y así en alguna manera, corrieron el error vulgar, cayendo al mismo tiempo en otro absurdo no menor al afirmar que hay objetos que realmente existen sin la mente y cuya subsistencia no radica en el hecho de ser percibidos, de los cuales nuestras ideas son imágenes o semblanzas impresas en la mente por esos mismos objetos. Y esa errónea doctrina filosófica reconoce el mismo origen que el error vulgar, esto es, el que también los filósofos reconocieran no ser ellos los creadores de sus propias sensaciones, las cuales, por venir de fuera, habrían de tener una causa distinta de la mente que impresionaban. (LVI)

 

            Pero así como estoy dispuesto a reconocer lo limitado de mi comprensión con respecto a la variedad de espíritus e ideas que puedan existir, no obstante entiendo que es una evidente contradicción, o si no, un mero juego de palabras, el decir que se posee la noción de entidad o existencia con abstracción de espíritu e idea e independientemente del percibir y ser percibido. (LXXXI)

 

 

Título original: A treatise concerning the principles of human knowledge,

wherein the chief causes of error and difficulty in the sciences,

with the grounds of scepticism, atheism, and irreligión are inquired into (1710).

 

 

VOLVER