Φ   FILOSOFÍA NUEVA 

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LA MORAL COMO NECESIDAD ANTROPOLÓGICA

 

             A pesar de todas las críticas que se han levantado contra la moral nadie es capaz de aniquilarla por completo. Se podrá rechazar una ética determinada, pero todo ser humano, por el simple hecho de existir, está condenado a vincularse con una moral. Por ello se lo ha definido “como un animal que sigue reglas” (R. S. Peters). 

 

            Aunque la sociobiología haya descubierto en la conducta humana estructuras parecidas al comportamiento de los animales, existe una frontera cualitativa que separa con nitidez ambos mundos. Los seres irracionales siguen ciegamente las leyes de la naturaleza e instintos, que los conducen con una eficacia admirable a la consecución de sus objetivos. No tienen otra moral que el sometimiento a sus imperativos biológicos, teleológicamente ordenados al bien individual y de la especie. Su orientación resulta tan perfecta y adecuada que para actuar bien sólo tienen que dejarse llevar, sin necesidad de poner ningún reparo, por el dinamismo interno de sus propias tendencias. A primera vista, incluso, habría que decir que se encuentran mucho mejor programados y con una dotación mejor de la que el hombre y la mujer poseen. Venimos a la existencia con un cierto defecto de fábrica, como si nos hubiera faltado una revisión final.

 

             Dicho de otra manera, nacemos sin estar hechos ni programados por la propia naturaleza. Esta carencia radical con relación a los animales, que catalogaría al género humano como inferior y menos perfecta, se compensa radicalmente por la existencia de la libertad. Si en el animal los estímulos suscitan en cada momento una respuesta determinada y precisa, el ser humano, para vivir con dignidad, no se puede dejar conducir por los simples impulsos anárquicos y desordenados, sino que requiere un ajuste posterior para que su conducta sea integrada y razonable. El animal que sigue las leyes de sus instintos sería un animal perfecto, pero el hombre que respondiera de la misma forma a las exigencias instintivas de sus pulsiones se convertiría en una auténtica bestia. Esta necesidad humana e irrenunciable de modelar nuestro comportamiento brota, por tanto, de nuestras propias estructuras antropológicas. Estamos condenados –queramos o no queramos a ser éticos.

 

             Cuando S. Freud definía al niño como “un perverso polimorfo” expresaba de otra manera esa misma realidad. Necesitamos de una orientación para canalizar las fuerzas anárquicas e instintivas hacia una meta que no se consigue, dejándose conducir pasivamente por ellas. No es ningún desprecio al ser humano, sino la constatación de una tremenda realidad. La psicología humana, como un pedazo de arcilla en manos del alfarero, es tan flexible y maleable que cualquier perversión puede instalarse en ella. Se trata de modelar el principio de placer –anárquico, egoísta, desintegrado con el principio de la realidad que posibilite el acceso al comportamiento civilizado. Es el paso de la barbarie instintiva a la cultura para construir un mundo humano que nace sobre una naturaleza regida exclusivamente por las necesidades del impulso espontáneo.

 

 

Eduardo López Azpitarte, CÓMO ORIENTAR LA PROPIA VIDA.

Paulinas, Bs. As., 2000. Capítulos 9, págs. 27-29.

 

 

Se recomienda la lectura del capítulo siguiente,

EL SER HUMANO COMO ARTESANO DE SU PROPIA HISTORIA,

del libro del Prof. López Azpitarte de donde ambos están extraídos.

 

 

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